Bad Bunny, su éxito mediático, su histórico logro en los Grammys y su memorable show de medio tiempo del Super Bowl: El Conejo Malo ya es un ícono más allá de lo musical.
“El calentador de públicos más caro de la historia del evento”.
Así me referí a Bad Bunny tras su show en el Festival de Viña 2019. Desde Yoko Ono y Enrique Iglesias que no existía un artista musical tan discutido y subestimado. Para muchos es como una vaca en la azotea de un rascacielos: nadie se explica cómo pudo llegar tan arriba. Su manera de cantar completamente ajena a los estándares habituales y con menos dicción que ME-O es la pesadilla de los «vocal coach» de YouTube.
¡Pero mira el tamaño de esos huevos!
Bad Bunny es un furioso partidario de la independencia de Puerto Rico, y no tiene dudas en manifestarlo. En el notable videoclip de su canción “NUEVA YOL”, publicado un 4 de julio, aparece la bandera boricua cubriendo la frente de la Estatua de la Libertad, y un audio retocado donde Trump se disculpa con los inmigrantes. Un acto de audacia casi suicida en la peor época posible para ser hispano en Estados Unidos. Ni John Lennon se atrevió a tanto. En su discurso de aceptación de su Grammy al mejor álbum urbano reafirmó esa valentía: «Antes de decir ‘gracias a Dios’, voy a decir ‘fuera ICE’. No somos salvajes, no somos animales, no somos alienígenas; somos personas y somos americanos».
“Bad Bunny, el hombre que asusta a Trump»
Este titular del emblemático periódico francés Liberation lo dice todo. Desde el anuncio como estelar del show del Medio Tiempo del Super Bowl, Trump y su barra brava se han mostrado abiertamente hostiles con Bad Bunny. Y es que no es menor que un artista que canta en español y reivindica las raíces hispanas sea el protagonista del evento estadounidense por antonomasia, lo que claramente es un supositorio de merkén para los nacionalistas fanáticos que habitan la Casa Blanca. Se juntaron firmas para pedir su reemplazo, e incluso armaron un evento paralelo con artistas «100% americanos». Trump va a lograr lo impensable: que un cantante despreciado y discutido se transforme en un ícono contestatario al nivel de John Lennon, Víctor Jara y Joan Báez.
En el Olimpo de la Industria Musical.
El Conejo Malo marcó un hito histórico al transformarse en el primer artista de habla hispana en ganar un Grammy estadounidense a grabación del año con «Debí Tirar Más Fotos», un álbum completamente cantado en español.
Bad Bunny y un Super Bowl de Antología.
Su segunda presentación en el evento (fue parte del memorable show de Shakira y JLo del 2020) fue simplemente soberbia. Una gloriosa celebración de la cultura hispana, llena de detalles memorables. Invitados de lujo como Ricky Martin y Lady Gaga salseando como toda una diosa caribeña en inglés, y un ramillete de famosos que lo fueron a bancar a su «Casita»: Pedro Pascal, Young Milko, Karol G, Cardi B, Jessica Alba, entre otros. Muchos símbolos, como que el matrimonio mostrado en el show era real, y la entrega del Grammy al niño vestido como él en su niñez, y que muchos especularon que era Liam Ramos, el chico de 5 años secuestrado junto a su padre por el ICE. Como era de esperarse, un Donald Trump con el ají metido hasta el fondo salió a basurear el show por redes sociales.














