La medida busca un ahorro fiscal superior a los 5.600 millones de pesos, pero pone en jaque la supervivencia de la ficción nacional y el empleo de cientos de productoras independientes.
La televisión chilena se encuentra en un punto de inflexión ya que el Gobierno ha puesto sobre la mesa una propuesta que busca eliminar el Fondo de Fomento a la Calidad del Consejo Nacional de Televisión (CNTV), una herramienta pública que por más de tres décadas ha financiado las producciones más emblemáticas del país.
Bajo una política de austeridad fiscal y una visión que aboga por la autosuficiencia de la industria privada, el Ejecutivo plantea descontinuar estos recursos, sugiriendo que los canales y productoras deben ser capaces de sostener sus contenidos sin depender del subsidio gubernamental.
Presupuesto actual del fondo de CNTV
Para dimensionar el alcance de esta medida, basta mirar las cifras del presupuesto actual. El fondo del CNTV asigna anualmente una suma que ronda los 5.650 millones de pesos, recursos que el Ministerio de Hacienda propone ahora “descontinuar” para el presupuesto de los próximos años.
En el último concurso, estos montos permitieron financiar apenas 17 proyectos de entre 230 postulantes, demostrando la altísima competencia y el rigor técnico que exige el Estado. Proyectos de gran envergadura han requerido inyecciones individuales de hasta 600 millones de pesos, montos que difícilmente la televisión abierta podría costear hoy por sí sola debido a la crisis publicitaria que atraviesa el sector.
Un golpe al patrimonio audiovisual y la identidad nacional
Sin embargo, esta propuesta de ahorro ha encendido las alarmas en el mundo de la cultura, donde se advierte que el fin de este fondo no representa un simple ajuste contable, sino un riesgo directo para la identidad nacional.
Históricamente, el mercado por sí solo no ha sido capaz de financiar proyectos de alta profundidad social. Sin el respaldo del CNTV, hitos que forman parte de la memoria colectiva del país, como la serie “Los 80” o el fenómeno internacional “31 Minutos“, difícilmente habrían visto la luz. Estas producciones no nacieron de la rentabilidad inmediata, sino de una apuesta por la calidad que elevó el estándar de lo que Chile exporta al mundo.
Las implicancias de esta decisión amenazan con transformar la oferta televisiva en un ecosistema mucho más uniforme y centralizado. Al desaparecer el incentivo para la creación de programas educativos y de ficción de alta gama, la industria teme una proliferación de formatos de bajo costo, dejando fuera de pantalla las historias regionales y el contenido infantil de calidad que hoy se agrupa en señales como NTV.
Además, la desaparición de estos 5.600 millones de pesos golpearía directamente a una red de más de 150 proyectos que han sido financiados en los últimos 5 años, debilitando a las productoras independientes que hoy generan empleo especializado y mantienen a Chile en el mapa de los premios internacionales. El debate, por tanto, no es solo sobre cifras, sino sobre quién contará las próximas grandes historias de nuestro país.















