Paulina Urrutia recuerda la fragilidad de Úrsula Achterberg en “Fuera de Control”: “Eso hacía muy tensas las grabaciones”

La actriz realizó un recorrido en el podcast “Impacto en el Rostro” en donde repasó sus principales roles en televisión, desde la angelical Juanita Fernández del Solar hasta la cruel Sarita Mellafe.  

Tu debut en televisión fue con la miniserie “Sor Teresa de los Andes” en el año ‘89. Llegaste a este rol gracias a Sonia Fuchs, quien te llevó al casting. ¿Qué características tenía ella para haber sido la mujer fuerte de la ficción en TVN?
Ella era una mujer que tenía mucha visión, muy interesada en el teatro. La gente cuando la veía entrar a los estudios tiritaba, todos corrían atemorizados, porque ella entraba a un lugar y sabía todo; la continuidad, el maquillaje, etc. Era una mujer que se disfrazaba de hombre en el fondo, obviamente era más fuerte y tenía como una prestancia y una injerencia mucho mayor que los hombres.  Piensa que, en esos años, cuando yo hice “Sor Teresita de los Andes”, el director de TVN era un milico, para que te des cuenta a lo que ella se tuvo que enfrentar. Ésta fue la gran miniserie luego de “La Quintrala”, que tenía un gran nivel de producción y no solamente lo digo en términos de costos, sino que de arte. Además, ella hizo después los unitarios de “Corin Tellado”. O sea, ella estaba explorando formatos dramáticos en la televisión, era una visionaria en ese momento. Se la jugó por mi porque no me conocía nadie, ella todo el rato estaba jugando, apostando, arriesgándose.

¿Recuerdas cómo te contactó?
Ella a mí me llamó tres o cuatro teleseries antes de “La Teresita”, pero yo siempre salía arrancando de las pruebas de cámara por temor. Pero recuerdo que, para la miniserie, me fue a buscar a la universidad en su auto y me llevó a la casa de mi mamá, porque necesitaba que yo me pusiera ropa para que me vea más grande. Entonces fui a un casting vestida de mi mamá. Y cuando me llevó al canal, me dijo “tú aquí no me conoces”, y me dejó sola. Entonces yo entré al canal, vi a Vicente Sabatini y tuve que inventarle que había venido por mi propia cuenta. Era una ridiculez, porque todo el mundo sabía la verdad, pero yo le tenía terror a Sonia. Para ese momento, ella me había advertido que, si quedaba en la entrevista y no hacía la prueba de cámara, no me iba a llamar nunca más. Obviamente quedé seleccionada y luego vino el gran momento de la vida, el protagónico en la miniserie. Y si no hubiera sido por sus palabras, no hubiera hecho el casting y me hubiera ido, muerta de susto.

¿Qué era lo que más te atormentaba?
Lo que me pasaba en ese momento es que yo quería hacer teatro. Yo veía las teleseries, las vi toda mi vida, aunque en mi casa estaban prohibidas. Pero las veía igual porque mi mamá y mi papá trabajaban. Entonces como yo me crié con mi nana, ahí veíamos todas las teleseries, nos encantaban y no teníamos ningún drama con verlas. A mi mamá no le gustaba porque pensaba que no haríamos las tareas, pero las hacíamos igual. Entonces, cuando estaba lista para el casting, pintada como puerta egipcia, con hombreras… yo decía… “¡pero si yo quiero hacer teatro! ¿Qué estoy haciendo aquí? Y salía corriendo.

“El Milagro De Vivir” fue tu primera teleserie, en donde interpretaste a Elcira Troncoso…
Eso fue consecuencia de “La Teresita”, cuando terminamos de grabarla, Vicente Sabatini me llamó para integrarme a esta teleserie. Me acuerdo que mi personaje tenía una especie de quemadura en su rostro. Entonces, en esa época se estaba comenzando a experimentar con el maquillaje y Anita Droguett, la encargada del maquillaje, me aplicó un producto sin saberlo utilizar. Y como yo siempre he sido muy peluda, después fue un calvario poder sacarlo, fue como una depilación forzosa. Lloré, fue lo más terrible.

En “Volver A Empezar” interpretaste a Nancy Jara, en una historia donde se insinuaba el exilio, pero, sin embargo, estaban prohibidas algunas palabras y situaciones. ¿Sentiste que la censura perjudicó a esta teleserie?
Yo sé que ése fue el gran tema, pero como elenco lo vivimos bien, era una historia que se la estaba jugando. Era un tema tabú, en ese momento nadie ponía este tema, entonces todo el mundo estaba como orgulloso que se estuvieran tocando esos temas, de la manera en que se podía tocar, sin herir susceptibilidad, sin que nadie se espante. No lo vi como censura, sino al contrario, lo vivimos como… ¡wow, estamos haciendo esto y pucha que es importante! Eran nuevos temas, ahí también comenzaron los programas culturales, TVN ocupando el liderazgo en democracia. Fue súper arriesgado, osado y súper valorado por todos nosotros. Las teleseries siempre tocaron cualquier tema menos la contingencia, todo lo contrario a lo que hace la red O Globo, que habla de los grandes temas. Yo me acuerdo que esa teleserie fue muy importante para mí porque yo hacía de una escolar, y fue súper choro porque era la Nancy, era muy realista, era pobre, era discriminada. Y esta cabra era súper chora, súper valiente, no sentía vergüenza por nada, era muy ochentera. Muy digna, era como yo era antes de entrar a la TV. Era muy bonito ese personaje, porque no sentía vergüenza.

En “Trampas y Caretas”, fuiste Doris Machuca, una nana fanática de la salsa. ¿Qué recuerdos tienes de este personaje?
El personaje original duraba seis capítulos. Era una nana negra y Jorge Marchant la modificó e hizo esta cosa que le gustaba la salsa. Estas cosas yo después las supe, yo nunca tuve relación con nadie, como ahora las actrices que son amigas de los escritores. Yo nada. Yo tengo ese pensamiento, nunca una actriz puede ser amiga de un productor o guionista, eso es mentira. Es una relación que sólo es por interés. Yo con los productores y guionista tuve distancia, siempre fui muy respetuosa. Me parecía muy feo eso de estar preocupándose por el futuro del personaje. Yo siempre acepté lo que me tocó. Además, siempre me pagaron tan mal (ríe). La gente siempre negociaba para aparecer más en pantalla, pero yo lo único que quería era que me mataran lo antes posible porque ganaba menos que todo el mundo. Con Doris se demostró el talento e ingenio de Jorge Marchant. En ese tiempo, había un boom con las salsotecas. A mí me llamaron para hacer un especial con la Doris Machuca, esto culminó con la visita de Juan Luis Guerra, en un mega evento en la discotheque “Oz”. Y yo hacía ese especial de espectáculo. Me acuerdo que yo tuve clases de salsa, pero bailaba como las pelotas. Aun así fui la reina de la salsa (ríe).

Y luego de este rol secundario, en el ’93 saltas a los protagónicos con Paula Quesney en “Jaque Mate”…
La verdad es que nadie vio esa teleserie y fue muy traumático. Lo pasé mal, tanto que, después de esa teleserie, mi condición para actuar era hacer cualquier papel, pero que no fuera protagónico. Se grababa mucho, tenía una cantidad de escenas impactante. Me acuerdo que llegaba a mi casa tan cansada, que me daba pena, me daban ganas de llorar, pero sentía que el llanto lo actuaba, ya no tenía llanto ni risa que fuera mía, me volví loca (ríe). Fue muy triste. Me pelaron mucho, no recuerdo quien dijo que yo era una picante y que no calzaba para hacer a Paula Quesney. Yo sufrí mucho. A mí me gustaba hacer teleseries, pero nunca más hice un protagónico. Fue muy traumático porque me criticaron tanto que tuve la sensación que lo hacía mal. Todos decían que yo no era cuica y que debía hacer de rota nomás. Yo siempre sentí que fallé. Fue así de traumático, que hice esa teleserie y me fui al 13, prometiendo nunca más hacer un protagónico.

Y desde “Champaña” hasta “Piel Canela” permaneciste en Canal 13. Dentro de este periodo, interpretaste a la ícónica Sarita Mellafe de “Fuera de Control”…
Ella era verdaderamente una villana. Lo que pasa es que la villana de las teleseries es una maqueta, es una galla mala, que hace daño. Y para qué decir los villanos de ahora en las teleseries nocturnas, que son asesinos, pedófilos, etc. La Sarita no tiene eso. Pero su gracia es que, si uno la analiza, es una persona sin escrúpulos, sin valores, era una arribista, discriminadora, una rota que se creía lo que se cree la mitad de este país, una aspiracional. Todo el mundo era un picante al lado de ella, pero… ¿quién era ella? Entonces, era fruto de esta sociedad. Y eso es lo mas terrible de esa teleserie. Esta historia estaba inspirada en “Los Títeres”, pero en esta historia, el personaje de Claudia Di Girolamo hacía zamba y canuta a sus contrincantes, dejaba “peinando la muñeca” a la mala. Pero acá, la Sarita termina tomándose un whisky en el balcón. Destruida, por cierto, porque no consiguió nada, su vida era una mierda. Pero igual termina bien parada. Por eso ese personaje es muy seductor porque tiene valores que a mucha gente le gustan. Yo creo que ese personaje es icónico dentro del mundo gay, porque es la mala perversa sin quebrar un huevo. Pobre de espíritu, pero eso la gente no lo ve.

Sarita es considerada como una de las villanas más perversas de las teleseries chilenas…
El verdadero antagonista en esta historia era Axel Schumacher (Luciano Cruz Coke), el mío era un personaje secundario, no era el verdadero antagonista, pero no sé cómo terminó teniendo esta importancia. Ahora, fue una venganza personal de hacer el personaje que juega con todo esto. Un poco lo que todos hicieron conmigo en “Jaque Mate”. La venganza de la actriz (ríe), pero a quién le importa eso.

¿Cómo lo pasaste en “Fuera de Control”?
Fue bien traumática esa teleserie, en todo sentido, las situaciones eran muy oscuras. Pero lo más grave fue la fragilidad de Úrsula Achterberg. Yo recuerdo haber conversado con ella cuando vi que empezó a pasar por lo mismo que pasé en “Jaque Mate”, tener esa sensación de estar haciéndolo mal, de sentir culpa. Yo noté en Úrsula una distorsión, ella comenzó a confundir la ficción con la realidad. La Sarita Mellafe trataba muy mal a su personaje, pero ella comenzó a sentir que era yo la que la trataba mal. Entre broma y verdad, me decía “¿me lo estás diciendo a mí?”  Y yo en varias ocasiones tuve que explicarle, “Úrsula, ojo, esto es un personaje, esto yo no lo pienso de ti”. Pero ella estaba confundida. Cuando viajábamos al sur a grabar las escenas en el lago, la Úrsula no se juntaba con nosotros. Y eso que en ese momento se había armado algo muy bonito, nos hicimos muy amigos Luciano Cruz Coke, Javiera Contador y Claudia Conserva. Fue la primera vez que tuve amigos en TV. Yo me acuerdo de esa tensión y de esa distorsión compleja que vivió todo el equipo con Úrsula. Fuimos testigos de su fragilidad, su vulnerabilidad y eso hacía muy tensa las grabaciones.

Al siguiente año en “Sabor A Ti”, interpretaste a la ciega Lucero del Campo. ¿qué recuerdos tienes de esa producción?
Lo que más recuerdo es a Carolina Fadic. Ahí se centraba toda la atención. Al igual que Úrsula, era otro ser humano profundamente frágil, con muchas precariedades, con muchos problemas. También recuerdo que me dijeron que tenía que ser la antagonista. Yo dije, ok, lo hago, pero tengo que morir en el capítulo 50. Producción lo pensó mucho hasta que aceptaron. Yo dije ¡al fin negocié bien! Pero después que me mataron en el capítulo 50, me hicieron aparecer de fantasma. ¡Ésa fue la peor negociación de mi vida! Igual me hicieron trabajar los cien capítulos. (ríe) También recuerdo a su director, el malo de Cristian Mason, porque, ¡por Dios que era malo ese hombre! Yo le decía que cuando se muriera, se iba a ir al infierno. Era como Ricardo Vicuña, ese director también trataba muy mal a la gente, se reía de los actores. Yo me acuerdo siempre de “Sabor A Ti” porque Mason amenazaba a los actores, “oye, si tu personaje no funciona, puede morir en la carretera de la fruta”, lo tengo grabado. Yo no sé si era muy chica o muy tonta, pero yo me angustiaba, no entendía como jugaba con la precariedad de la gente, con sus pegas. Entonces uno se asustaba porque pensaba que si uno hacia mal una pega, no me iban a llamar de nuevo. Y bueno, yo me acuerdo que había que aguantar nomás las tallas. Había otros que se hacían los amigos de los directores. Yo nunca fui parte de las hermandades, las amistades, los viajes, los carretes, nunca. Siempre hice mi trabajo y nada más.

Luego de varios años, en el 2003 regresas al elenco de Sabatini con “Puertas Adentro”…
Después de “Piel Canela”, me echaron del 13 por sindicalista, entonces me llamaron de TVN y yo no lo podía creer. Había pasado una chorrera de años desde “Jaque Mate”. Y me acuerdo que todo el mundo en Canal 13 pelaba a Vicente Sabatini, decían que se creía Dios. Y yo llegué a “Puertas Adentro, una teleserie que no le fue bien, para variar, pero no vi ningún arranque de egos. Vi a Vicente humilde, tal como lo había conocido. Recuerdo que era Sofía, una nana peruana y yo estaba feliz con ese personaje, porque tuve que hacer un trabajo de observación. Aprendí cómo hablaban los peruanos, sus costumbres, etc. Al principio de la teleserie era mala la pobre, le hacía pasar malos ratos a Erica (Claudia Di Girolamo), pero después le dieron un giro y se puso buena. No quisieron que una extranjera fuera mala. Fue bonita, me gustó, estaba muy agradecida, era emocionante volver a Chilefilms. Y al año siguiente me llamaron del 13, volví por orgullo principalmente. Me habían echado por sindicalista, pero me llamaron nuevamente.

Vuelves con “Tentación”, en donde interpretas a Dominga Jiménez…
¡Qué atroz! ¡No te acuerdas de esas cosas horrendas! Ella era mala y la teleserie era pésima. Era terrible y lo pasé pésimo. Hicimos tantas cosas malas; “Tentación”, “Sabor a ti”, “Piel canela”. Hicimos miles de teleseries que no vio nadie.

Tu último trabajo en teleserie fue en “Amar a morir”. Tu personaje, Rita, tenía cáncer al igual que el de Felipe Braun y la guionista de la producción, Bárbara Larenas…
Siempre hubo actores y actrices que hablaban con los guionistas y era para pedir cosas o para arreglar cosas. Y a mí eso no me parecía. Pero lo que pasó con ella fue súper loco. La primera teleserie con la que volví al género, la que más recuerdo y que nadie la vio fue “Dime quién fue”.  Yo estaba súper contenta con ese personaje, porque volví a las teleseries y yo lo único que quería era volver. Yo no podía entender como nadie me llamaba. Y cuando me llamaron a ésta, yo dije, qué increíble. Y ahí conocí a los guionistas, me di cuenta que hoy en día tienen otra relación con los actores. Y ahí conocí a Bárbara Larenas. Y cuando me llamaron para “Amar a morir” lo hicieron súper tarde, ya habían empezado a grabar. Y bueno, mi personaje, Rita, llegaba después a la historia, y me comentaron de lo que se trataba y por qué tenía cáncer. Y ahí me enteré que una de las guionistas habría sufrido un cáncer y había salido adelante. Yo la verdad no me acuerdo mucho de esta teleserie porque al mismo tiempo estaba viviendo el cáncer de mi papá, que falleció el año pasado. Mi mamá también falleció de cáncer. Y en este proceso, me enteré que ella de nuevo estaba con esta situación. Fue muy triste, era una chica muy noble. Me pareció tremendo usar lo que estaba padeciendo para aportarlo en una teleserie. Yo solamente espero haber hecho lo mejor posible con lo que me dieron.

¿Has tenido algún acercamiento con María Eugenia Rencoret a lo largo de tu carrera en televisión?
Nunca he trabajado con ella y nunca me ha llamado. Me acuerdo que cuando hicimos la “Teresita de los Andes”, ella estaba en segunda unidad. Yo creo que ya nunca me llamó, a estas alturas estoy como para hacer abuelita y en las teleseries ya no hay personajes para abuelitas. Sólo abuelitas regias como para Loreto Valenzuela.

¿En qué te pilló la pandemia?
Estaba granado la serie “Las Protectoras”, un proyecto para MEGA, financiado por el Consejo Nacional de Televisión. Además, teníamos un proyecto con Víctor Carrasco, una obra de teatro para para GAM, pero eso se transformó en otro proyecto que terminó siendo la primera obra digital; “Mentes Salvajes”.

¿Cómo evalúas esta experiencia por Zoom?
Fue muy bonito, fue una sorpresa para para todos nosotros. Yo creo que tuvo mucho que ver con la lucidez de Víctor, en el sentido de no sobreexplotar este formato, de trabajar muy llanamente, con actuaciones muy honesta, muy sutiles, de mucho primer plano. Se generó diálogo entre los actores, tuvimos tiempo de camarín antes de cada función, las funciones eran en vivo y los personajes lograron profundizarse. Imagínate que tuvimos una temporada de más de 40 funciones, entonces también los personajes partieron de una manera, pasaron por distintos momentos y terminaron de otra manera, cómo ocurren en una temporada de teatro.

¿Qué te parece que el presidente Piñera no se haya referido a la cultura en la cuenta pública 2020?
Una muestra más que para este gobierno somos un sector absolutamente invisibilizado. Y eso tiene mucho que ver con un desconocimiento supino de los sectores que forman parte de la cultura en nuestro país, en términos de gremios, y de la gestión ministerial. Yo me he quedado sorprendida con las respuestas que han dado, respuestas absolutamente falsas, que solamente demuestran un muy mal manejo de los instrumentos, de la gestión propia del ministerio. Han dado respuestas como que le tienen que preguntar a la contraloría. Y la misma contraloría dice “oiga, yo no estoy para decirle qué tiene o que no tiene que hacer”. Es impactante. Es impresionante como no existimos. Además, se suma la pasividad del sector. En otros tiempos a mí me hacían pedazo, pero hicimos miles de cosas. Estamos en una situación muy critica en el teatro. Nos hicieron concursar para pedir apoyo, y ni siquiera nos han dado los resultados. A mí me parece súper sospechoso, no me explico el silencio de los gremios. No hay ninguna reacción, ni en los colectivos. Eso me extraña profundamente.

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