Desde Grecia a la Quinta Vergara, Karen Doggenweiler abrió el Festival de Viña 2026 con un vestido dorado que fusionó alta costura chilena, raíces magallánicas y un guiño directo a la arquitectura clásica griega. La animadora apostó por un diseño de la creadora Camila Pontikas y convirtió la primera noche del certamen en una declaración de elegancia y oficio artesanal.
En la jornada inaugural del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, la conductora apareció con una silueta arquitectónica inspirada en las cariátides del Templo de Erecteon, en la Acrópolis de Atenas. El vestido, confeccionado en lentejuelas metálicas doradas bordadas sobre gasa de seda, destacó por su escote vértigo, finos breteles y un drapeado lateral que caía con fluidez, ciñéndose a su figura.
La diseñadora magallánica explicó el trabajo detrás de la pieza y sorprendió con el nivel de detalle que implicó su confección.
«Es una línea bastante clásica, a pesar de que me caracterizo por un estilo más experimental. En este caso quise apegarme a la labor artesanal original, utilizando técnicas de confección de alta costura. El vestido cuenta con unas 100 horas de trabajo manual, incluyendo cristales Swarovski, mostacillas de vidrio y piedras naturales», dijo Pontikas.

Karen Doggenweiler brilló de oro en Viña 2026
La colaboración entre Karen Doggenweiler y la diseñadora no fue improvisada. La creadora reveló el meticuloso proceso para alcanzar el resultado final: «Realizamos alrededor de seis pruebas para lograr un calce perfecto. Por su colorimetría, es un vestido que resalta al máximo su pelo y su piel; está pensado para potenciar todos sus atributos».
El resultado fue una imagen potente, coherente y pensada para una noche de apertura donde cada detalle cuenta.
La propuesta se completó con piezas creadas por Laura Fuentealba, del taller Claf Goldsmith. Pendientes y collar replicaron, en clave escultórica, el movimiento del océano Pacífico.
«Buscamos reinterpretar la fuerza y elegancia del Pacífico. El color dorado, trabajado en volúmenes ascendentes, dialoga con un recorrido de piedras blancas que simulan la espuma luminosa de nuestra costa. Más que una joya, es una pieza de carácter contemporáneo que otorga una presencia escénica de alto impacto», señala la orfebre.
El maquillaje y el peinado reforzaron la inspiración helénica y el concepto dorado. La propuesta estética dialogó con los atardeceres viñamarinos, potenciando la luminosidad del metalizado y aportando volumen y movimiento al look final.


















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