Jesse y Joy demostró su evolución. Esteban Düch hizo toda la pega que le faltó a George Harris. NMIXX nos dio una probadita del poder del K-Pop.
Por favor, déntrese tío.
Vasco Moulián «pronosticó» el fracaso de Esteban Düch y NMIXX. Al igual que con 31 Minutos, falló estrepitosamente. El padre de la parrilla flexible y actual allegado a los proyectos de Julio César Rodríguez está tratando de cubrir el rol de «crítico troll festivalero» que históricamente ejerció el fallecido Ítalo Passalacqua, pero simplemente no le sale. Es un vivo ejemplo el «efecto Dunning-Kruger»: cree que sabe de televisión y de espectáculo, pero su ignorancia y falta de actualización lo ponen en evidencia.
Animadores.
Karen ya es la mujer alfa de Viña. Que se quede por un largo rato. La talla pícara de la «empanada» a Esteban Duch es Karencita en su estado puro. Rafa, en lo suyo. Carmen Gloria Arroyo cumplió con honores en su rol de presentadora de las competencias.
Jesse & Joy.
Inicio impactante. El público cantando a coro «Corre». Desde «Rosas» de La Oreja de Van Gogh que no se veía algo así. Luego, Joy Huerta empieza a cantar saliendo desde la galería. Esta es su tercera vez, y se nota el oficio. Los hermanos Huerta son la versión hispana de Billie Eilish y su hermano Finneas O’Connel. Jesse & Joy pican la cebolla bien finita, pero con una presentación atractiva, moderna y con elegancia Gourmet, y servida en bandeja de plata. Hacen música comercial efectiva y de gran calidad, ideal para banda sonora de teleseries. No se las dan de «trovadores intelectuales profundos», ni lo necesitan. La puesta en escena fue de primer nivel, con una gran banda de apoyo. En un interesante giro, muy bien logrado, apelaron a las eternas viejas confiables de los artistas mexicanos en Viña: los mariachis y Juan Gabriel. Joy tiene gran voz, y es entrañable y carismática. Doble Gaviota más que merecida. La segunda vez de «Corre», ahora con Joy en el escenario, fue hermosa.
Esteban Düch.
En los primeros 60 segundos hubo más y mejor comedia que en todo el show de George Harris. Una rutina honesta, rápida, preparada, cargada de humor negro y frases asertivas. Hizo todo lo que faltó a su pana de Miami: estudió (más bien vivió) la idiosincrasia, propuso una rutina pensada para la Quinta Vergara, y sobretodo, hizo gala de HUMILDAD. Düch es la versión caribeña de Jorge Alís. Notable la analogía para explicar la crisis venezolana, donde Trump era el matón de la población que termina llevándose el balón de gas de la casa a dónde fue a sacar al papá maltratador. Genial la parte de las marraquetas. Apelando a la nostalgia millenial, se lució versionando «Mi Equilibrio Espiritual» de 31 Minutos, y regaló una interesante extensión de la canción que compuso junto con Rodrigo Salinas, y una reversión del clásico de Youtube del «Mamut Chiquitito». Merecida Doble Gaviota. Lo del año pasado no fue xenofobia, fue exceso de soberbia y falta de profesionalismo de parte de George Harris. Un compatriota suyo, sin necesidad de patearlo en el suelo (en eso fue un caballero), le mostró lo que tenía que hacer.
NMIXX.
Fuimos testigos del inmenso poder del K-Pop. La Quinta Vergara repleta y en llamas un miércoles a las 3 AM esperando a una girlband adolescente debería disipar todas las dudas acerca de la relevancia mediática del género en Chile. Las chicas son totales: lindas, amorosas, encantadoras, talentosas, profesionales de tomo y lomo, cantan en vivo, dejan la piel en el escenario, música potente, una puesta en escena de primer nivel sin nada que envidiarle a la de Pet Shop Boys. Hasta se dieron el lujo de invitar a Kid Voodoo para versionar «Ponte Lokita». La Doble Gaviota se hizo escasa para lo que vimos. El K-Pop llegó para quedarse en el Festival. Después de esto, en las próximas ediciones se hace necesario incluir una banda de k-pop, o de pop asiático en la parrilla, y ojalá que los programen abriendo el show.














