Tito Fernández: El doloroso “atrinque” del Temucano

El final del 2018 no pudo ser más horripilante para Tito Fernández “El Temucano”. El reconocido cantor popular ha visto manchada su imagen por un episodio digno de una comedia negra y absurda: fue acusado de violación y acoso sexual por tres supuestas discípulas del grupo de estudios metafísicos “Tallis” que él dirigía. Si bien la noticia ya había trascendido a mediados de año, el artículo aparecido en el “The Clinic” escrito por Alejandra Matus (quien fue coautora de otro en el que se revelaron denuncias de acoso sexual y abuso contra Fernando Villegas, y que detonó su salida de La Tercera y Radio Agricultura) terminó por desatar las tormentas.

Supuestamente Humberto Baeza (verdadero nombre del artista) se había transformado en una especie de “Gurú” que había pillado volando bajo a sus “discípulas” (todas mujeres adultas) y las engatusó para llevarlas a un motel para realizar “ritos de iniciación” de alto contenido sexual. En su defensa, Baeza reconoció que efectivamente había ido al motel con las “discípulas” a tener sexo, pero en el marco de una actividad consensuada entre adultos, con el conocimiento y aprobación de su ultra-comprensiva esposa y sin ninguna connotación “mística” ni “metafísica”.

El episodio tiene ribetes tan insólitos que cuesta formarse un juicio objetivo. Hay que forzar mucho la imaginación para mirar a Baeza como una especie de “Antares de la Luz” rural manipulador, perverso y sexualmente insaciable, y cuesta creer que mujeres adultas y maduras se hayan comprado este “cuento místico” con tanta facilidad. Puede ser incluso que los mentados “ritos de iniciación” fueran parte de la fantasía sexual que quisieron cumplir. Puede ser que las “discípulas”, por algún motivo inconfesable, se quisieran colgar de la “oleada feminista” para pasarle alguna factura a Baeza. Por otra parte, la maldad humana es inconmensurable, y la fragilidad y el vacío existencial te pueden llevar a creer y aferrarte a cualquier cosa, así que no es enteramente descartable. Situaciones tan o más raras que esta se han visto con anterioridad.

Sea como sea, esto constituye una feísima mancha en la imagen y trayectoria de Tito Fernández. Esto hizo trizas su imagen de referente entrañable del canto popular chileno, lo más cercano que hemos tenido a Atahualpa Yupanqui. Quizás no afecte tanto el recuerdo de su obra, pues canciones como “Me Gusta el Vino”, “El Atrinque” y “La Casa Nueva” seguirán siendo parte de la cultura popular chilena. Dejó un valioso legado artístico que sería una pena que pasara al olvido por este episodio. Sin embargo, esto lo va a privar del reconocimiento que se había ganado con entera justicia por su obra. Este año lo habían postulado al Premio Nacional de Artes Musicales, que a lo mejor se lo merecía por trayectoria, pero todo se fue al tacho con este episodio. Y el que lo tiene más claro es el propio “Temucano”, al que se le ha visto deprimido, apenado, haciendo declaraciones erráticas, sin escenarios donde entregar su arte y siendo testigo de primera fila de la caída pública de su prestigio.

La historia del “Temucano” es bien particular: junto a otros artistas participó en un supuesto “Encuentro Cercano del Tercer Tipo”·con extraterrestres que les habría cambiado la vida. Fue militante de izquierda, opositor a la Dictadura de Pinochet, e incluso estuvo preso en los campos de prisioneros del régimen militar….. pero fue rescatado por el inefable agente de la CNI Álvaro Corbalán, con quien supuestamente tendría una relación de amistad, y curiosamente pudo desarrollar su carrera musical sin mayores sobresaltos, incluso con asidua presencia en TV abierta, durante los años de Pinochet. Y ahora sale esto de la supuesta “secta”. Aquí los guionistas del futuro tienen material de lujo para armar una película o serie biográfica de aquellas.

Por ahora el asunto está en tribunales, y ahí se tratará de aclarar que pasó. Sea como sea, “El Temucano” perdió su aura. Ya no lo vamos a poder mirar como ese cantor popular adorable y entrañable. La vida le propinó un doloroso “atrinque”, y se ve difícil que, en el crepúsculo de su vida, pueda restaurar la imagen que se ganó con su trabajo musical.