La actriz española Oona Chaplin vive uno de los momentos más decisivos de su carrera gracias a «Avatar: Fuego y Ceniza», la tercera entrega de la exitosa saga de James Cameron.
La superproducción era uno de los estrenos más esperados del año y debutó en los cines con una recaudación de 88 millones de dólares. En ese contexto, el rol de Chaplin no ha pasado inadvertido. Para los críticos cinematográfico, su personaje es uno de los grandes atractivos de la cinta.
La intérprete encarna a Varang, la fiera y seductora líder del Clan Mangkwan, conocido como la «nación del fuego» del planeta Pandora.
Pese al complejo «maquillaje digital», Chaplin supo imprimir a su actuación una mirada intensa y unos gestos que seguramente consolidará a Varang como una villana memorable dentro del universo Avatar.
Lo que recién se está revelando, es que esa elogiada interpretación le debe mucho a las raíces mapuche de la actriz.
El peso de un apellido ilustre
A sus 39 años, Oona Chaplin cuenta con casi dos décadas de trayectoria. Ha participado en exitosas series, como «Game of Thrones», y formó parte de destacados filmes españoles, entre ellos «Proyecto Lázaro» o «Tierra firme».
Pero en este tiempo ha tenido que convivir con el tremendo peso de una familia ilustre: es hija de Geraldine Chaplin, quien actuó, entre otras películas, en la clásica «Doctor Zhivago», y nieta del legendario Charlie Chaplin. Además, es bisnieta del dramaturgo Eugene O’Neill.
Sin embargo, un aspecto menos conocido de su historia personal ahora cobró especial relevancia gracias a «Avatar»: sus raíces latinoamericanas. En particular, chilenas y mapuches.
En diversas notas ha destacado que la película le permitió conectar con su ascendencia y con su interés por diversas culturas originarias de América.
La conexión que marcó su rol en Avatar
Su padre es Patricio Castilla, un reconocido director de fotografía chileno que se exilió en España tras el golpe de Estado de 1973. Su abuela paterna, en tanto, fue Hilda Valderrama, una abogada chillaneja de origen mapuche.
«Fue una mujer de integridad y complejidad, estoy muy orgullosa de tener ese linaje», dijo Oona Chaplin (en realidad, Oona Castilla Chaplin) en 2018 sobre ella en una entrevista con el medio Remezcla.
«Avatar es una saga que ha podido entrelazar aspectos de mi vida que llevo en el corazón, sobre todo en relación a las culturas indígenas», dijo Chaplin en una conversación con Los Angeles Times.
«Llevo 15 años invirtiendo mucha energía en la investigación de la tecnología de los pueblos originarios, desde la cultivación hasta las medicinas, pasando por la construcción y la comprensión de la cosmología», acotó.
La potencia de Chile
Asimismo, en una entrevista publicada por Culto, de La Tercera, resaltó lo mucho que le gusta el país donde nació su padre.
«Es muy bonito. Lo amo, amo el paisaje, y siempre es muy potente. Siempre me voy para Chile y luego necesito volver y tener como una semana para integrar, porque es muy potente para mí ir para allá», dijo.
Para Oona Chaplin, participar en la tercera entrega de una de las franquicias más influyentes del cine contemporáneo fue, en definitiva, una oportunidad de aprovechar su compromiso con la cultura, el idioma y las diferentes formas de conectarse con el universo a partir de la cosmovisión mapuche.
«Fue un gran honor, pero también un gran reto», ha señalado al respecto.














