Rosalía: Una ARTISTA con mayúsculas

Desde la irrupción de su obra maestra “El Mal Querer” a finales del año pasado, la catalana Rosalía Vila Tobella, más conocida por su nombre, se ha transformado en un fenómeno musical de alcances insólitos. Ha sido parte de eventos importantes como Lollapalooza y Coachella; ha ganado importantes premios como el Grammy Latino y los MTV Europe; muchos íconos del mainstream de habla inglesa le han manifestado su admiración; y se ha transformado en un verdadero ícono y referente millenial.

La descubrí a través del excelente análisis que hizo el youtuber español Jaime Altozano de “El Mal Querer”, el cual fue agradecido y respondido por la propia Rosalía vía Instagram. En ellos se pudo apreciar que estamos ante una ARTISTA de esas con mayúsculas. A partir de un poema del Siglo XIII creó prácticamente “a pulso”, en conjunto con un grupo de talentosos socios como el músico El Guincho y la productora musical CANADÁ, un álbum conceptual lleno de detalles musicales, mezcla descarada de géneros (flamenco, trap, pop, hip hop), uso inteligente de recursos técnicos como el autotune y una estética preciosa en los videoclips e imágenes asociadas. Una clase magistral de audacia artística. Este álbum surgió a partir de su trabajo de titulación en la Escuela Superior de Música de Cataluña (ESMUC), en donde Rosalía recibió formación musical de altísimo nivel, siendo por ejemplo estudiante de Chiqui de La Línea, un profesor de flamenco que sólo acepta un alumno por año.

En contraste, su primer álbum “Los Angeles” reveló a una Rosalía musicalmente minimalista, sin recursos efectistas, apenas apoyada por la virtuosa guitarra flamenca del músico Raúl Refree, y capaz de conmover y tocar fibras sensibles con su bella voz. Otras demostraciones de ello son su versión de “Aunque es de noche”, canción basada en un poema de San Juan de la Cruz de 1578; y su brillante presentación en la entrega de los Premios Goya 2019, donde interpretó, acompañada por el Cor Jove de l’Orfeó Català, una hermosa versión de “Me quedo contigo”, rumba original del grupo español “Los Chunguitos”, y adaptada para voz y coro por el compositor y experto en música sacra Bernat Vivancos. Con esto queda más que claro que no es otra de esas “estrellitas pop” de dudoso talento, carente de sustancia y fabricada por un malévolo productor entre bambalinas. Rosalía es DE VERDAD. No solamente es guapa, carismática y canta y baila como los dioses, sino que sabe un kilo de composición y producción musical y ha dado claras muestras de intelecto superior: tiene muy claro lo que quiere, sabe cómo conseguirlo y con quién tiene que asociarse para ello. 

Seguramente la misma audacia y apertura mental de “El Mal Querer” la llevó a incursionar en el mundo de la música urbana. Ya antes había colaborado con su ex pareja C Tangana en “Llámame más Tarde” y “Antes de Morirme”, y este año nos regaló “Con Altura” junto con El Guincho y J Balvin, y más recientemente “Yo x Ti, Tú x Mí” con Ozuna. Más de alguien se preguntará ¿Qué hace una artista talentosa y con formación musical de élite como Rosalía en el género artístico más ninguneado artísticamente que existe? Creo que es una estrategia GANAR-GANAR. Rosalía, al subirse inteligentemente a la ola del reggaetón y el trap, se asegura su pertenencia al mainstream y gana una presencia mediática y una influencia imposibles de conseguir de haberse quedado en los círculos elitistas en los que se formó; por su parte, el género urbano gana en nivel artístico con su presencia. Se podría decir que Rosalía le está “subiendo el pelo” al reggaetón. En los videoclips de “Con Altura” y “Yo x Ti, Tú x Mí”, ambos al ritmo de “dembow” y con Rosalía perreando “hasta abajo” sin complejos ni contemplaciones, se nota arte, y del muy bueno. Están lejísimos del típico video reggaetonero lleno de mujeres calentonas, obsesión por el sexo, bling bling, lujo desmesurado y glorificación del pandillero. Además, las líricas ganan en poesía y uso de metáforas, alejándose de la ramplonería y vulgaridad tan comunes en el género.

Salvo The Beatles, no recuerdo otro caso de un artista que fuera capaz de moverse con tal brillantez simultáneamente en los altos niveles musicales y en los géneros más populares. De Rosalía se puede aprender mucho: 1) la importancia de tener una mente abierta y sin prejuicios, que es capaz de mezclar elementos que nadie imaginó que se podían mezclar y generar propuestas novedosas y atractivas; 2) constatar que la formación artística de alto nivel no tiene por qué ser incompatible con los géneros más masivos y comerciales, y que asociaciones inteligentes entre ambos mundos crean obras capaces de conquistar a las masas y a la vez transformarse en objetos de interés para los estudiosos.

Su carrera no ha estado exenta de contratiempos: participó en un concurso de talentos musicales televisivo a los 15 años, donde fue eliminada antes de la final; tuvo que operarse las cuerdas vocales antes de cumplir la mayoría de edad; la han acusado de ser un “producto fabricado por un genio del marketing”; sectores conservadores del mundo gitano la han atacado por ejercer “apropiación cultural” de los ritmos flamencos siendo ella catalana.

Hace poco dio un paso en falso que le podría haber costado muy caro al subir en Instagram dos desafortunadas fotos vestida con sendos abrigos de piel de zorro ártico. Lo que otrora era símbolo de glamour y distinción ahora es considerado una salvajada inaceptable, más aún para las generaciones millenials que forman el grueso de su público, que son particularmente sensibles a los temas de medio ambiente y animalismo. Fue severamente criticada en redes sociales y “cancelada” por algunos de sus fans, pero al parecer logró sortear el incidente con relativamente pocas secuelas en una época en que algo como esto te podría hasta destruir la carrera.

A finales de junio del 2019 la Escuela Superior de Artes Escénicas de Málaga (ESAEM) le realizó un tributo en vida. Presenció desde el balcón principal del teatro a centenares de estudiantes montando números musicales al estilo Broadway con sus mejores canciones, y recibió el Premio de las Artes Escénicas Antonio Banderas ESAEM 2019 de manos del mismísimo Antonio Banderas. Apenas con 25 años ya se hizo acreedora de un homenaje habitualmente reservado a artistas ya fallecidos, a punto de fallecer o con una trayectoria artística de toda una vida.

Esta mezcla del espíritu de Lola Flores con el cuerpo y el talento de J Lo está recién comenzando, y con lo ya mostrado sus proyecciones son inimaginables. Está en condiciones de dar el salto al mainstream anglo tal como lo hicieron antes Ricky Martin y Shakira. Ya en Chile tuvimos el privilegio de verla en plenitud en el Lollapalooza 2019, y sostengo que debería ser número puesto en Viña 2020. Si se pudo traer a Luis Fonsi en pleno fenómeno del “Despacito”, dudo que sea tan complicado ver a la catalana domando al Monstruo de la Quinta Vergara con su arte. Con ella tendríamos perreo intenso y excelencia artística en el mismo espectáculo. Sería hermoso ver a Rosalía y a la confirmada Mon Laferte, dos de las mejores artistas pop de habla hispana del momento (y con muy buena onda entre ambas), en el mismo Festival de Viña.