Recuento 2018: Fanáticos de “Rojo” evaluaron lo mejor y lo peor de su regreso a las pantallas

El programa busca talentos de TVN que marcó a toda una generación volvió a nuestras pantallas en gloria y majestad tras diez años de ausencia. Tal como ocurrió durante su versión original, los seguidores más acérrimos del espacio se hicieron presente en nuestros foros de discusión y comentaron día a día los capítulos semanales y las galas, desde que se anunció el retorno hasta el día de hoy.

Como buenos fanáticos, al finalizar el año se hizo una evaluación exhaustiva en el clásico foro oficial de “Rojo” sobre qué fue lo mejor, lo peor y lo más feo que tuvo este esperado regreso.

LO MEJOR:

El gran regreso de la música a la televisión: Sin lugar a dudas, lo más destacable del retorno de “Rojo” ha sido traer de vuelta a nuestras pantallas un espacio familiar con música, canto y baile, en un horario que estaba destinado, en su mayoría, a los programas envasados. Además, el espacio de TVN no sólo es un semillero para descubrir la nueva generación de talentos que nutrirán nuestra escena musical y televisiva, sino también es una vitrina para cantantes y grupos que ya están consolidados y que no tenían un lugar donde mostrar sus trabajos en un medio tan masivo como lo es la TV.

La dupla de Álvaro Escobar y Jaime Davagnino: Aunque era una difícil misión dejar en el olvido el sello que Rafael Araneda implantó en el programa, Álvaro Escobar se ganó su lugar a punta de cercanía y espontainedad. Aunque en un comienzo se le criticó por sus equivocaciones y poca capacidad de mantener los momentos de tensión, Escobar simplemente se ganó con creces el título de “tío conductor”, uno mucho más cercano, reconocible y querible. Eso, sumado a la voz inconfundible de Jaime Davagnino -lo único irreemplazable de “Rojo”- y sus clásicas frases de “llegó el momento”, “¿cómo no vamos a ser capaces?” y “el público está dividido”, dejaron a la animación del espacio como uno de los puntos positivos de este regreso.

El retorno de los rostros emblemáticos: Para los fanáticos de la versión original ha sido memorable ver nuevamente en el escenario que los vio nacer a los integrantes más queridos de la versión original, como María Jimena Pereyra, Leandro Martínez, Daniela Castillo, Carolina Soto, Rodrigo Díaz, María Isabel Sobarzo y Christian Ocaranza, contando qué fue de ellos en estos años de ausencia y, en su rol de coaches, entregando su experiencia a los nuevos participantes. Además, en estos meses también han desfilado por el espacio muchos ex integrantes como Maura Rivera, Pablo Vargas, Katherine Orellana, Bárbara Muñoz, Constanza Azúa, Sandier Ante, Carolina Molina, entres otros, trayendo de vuelta la nostalgia por el programa que se ganó el cariño de todo Chile.

Yamna Lobos: El tercer lugar de la primera competencia de bailarines del “Rojo” original merece punto aparte. Aunque su nombre generó varias dudas cuando se confirmó como instructora, con el pasar de las semanas y de los capítulos, la ex Cocotera se convirtió en la coach favorita del público. Su simpatía, su carisma y su espontaneidad en pantalla, sumada a la forma confrontacional y directa con la que enfrenta al jurado cuando defiende a sus pupilos, lograron que terminara robándose la película en esta nueva versión del programa y muchos ya la perfilan como una posible co-animadora de Álvaro Escobar.

El casting de la primera generación: Los participantes de la primera temporada de este nuevo “Rojo” dejó varios nombres que se vislumbran como posibles figuras televisivas y que pueden constituir una generación de recambio en el medio, como son Juan Ángel Mallorca, Jeimy Espinoza, Andrei Hadler, Millaray Mandiola, Pía María Silva, Hernán Arcil, Geraldine Muñoz y Matías Falcón, quienes ya han destacado en el concierto realizado en el Monticello y en la gira de la Teletón. Caso aparte es el de Paloma Mami, quien tuvo un fugaz -y no muy placentero- paso por el programa busca talentos, y que hoy es considerada una cantante de exportación.

La incorporación del nuevo Chile al programa: En este regreso a las pantallas, “Rojo” ha demostrado ser inclusivo y respetuoso con las minorías. En sus dos temporadas, muchos de los participantes de las dos categorías en competencia han sido representantes de otros países: Cuba, Ecuador, Venezuela, Colombia y Haití. Además, entre los seguidores se valora especialmente la normalidad con la que se manejó la relación de Andrei Hadler y Hernán Arcil, la primera pareja gay del espacio en toda su historia, lo que siempre se trató de esconder y disfrazar en la versión original.

LO PEOR:

La descuidada competencia y la mala administración de los tiempos: Para los fanáticos de “Rojo”, lo peor de este regreso ha sido la forma desorganizada en que se ha llevado la competencia, que es lo fundamental del programa y parte de su esencia. Aunque era esperable un poco de experimentación para encontrar el rumbo que se ajustase a las nuevas épocas, esta nueva versión se ha caracterizado por no seguir un patrón establecido, cambiando el formato de la competencia semana a semana, improvisando reglas a conveniencia de la producción y alargándola de manera innecesaria con hasta tres repechajes por temporada. Además, en varias ocasiones, por privilegiar otros segmentos, las presentaciones de los concursantes debieron realizarse a la rápida y el jurado ni siquiera pudo hacer una correcta evaluación.

El Clan Rojo: El nuevo “Rojo” vivió un antes y un después cuando se dio a conocer quiénes estarían en el llamado Clan Rojo de la segunda temporada, integrantes de la generación anterior, que seguirían siendo parte del programa. A diferencia de la versión original, donde este lugar se lo ganaban los finalistas, la producción decidió elegirlos por otros intereses y con ello la marca de “Rojo”, que se asociaba a valorizar el talento y la meritocracia, perdió mucha credibilidad. Si en la versión original hubiese ocurrido lo mismo y el Clan se hubiese elegido por popularidad, figuras como Carolina Soto o Paulina López, no hubiesen podido seguir siendo parte del espacio. Además, una vez elegido el Clan, tampoco se les sacó provecho en el escenario al potencial que tenían, destacándose mayormente por la animación de los backstages y por bailar en el mix musical.

Estelares y Galas decepcionantes: Los viernes de eliminación en el horario prime -innecesarios para muchos- y las galas finales de “Rojo”, poco y nada se diferenciaron al programa que se emitía en el horario vespertino. A diferencia del “Rojo” original, donde cada emisión especial se caracterizaba por ser realizada en otro lugar, con público masivo y donde los integrantes del programa presentaban sendos musicales, en los estelares de la versión 2018 hasta se terminaba bailando el mix musical y sólo tenían “de gala” la vestimenta de los participantes. Con respecto a este punto, claramente “Rojo” quedó al debe.

La inclusión de Vasco Moulián en el jurado: El actor y opinólogo fue jurado invitado en el espacio en las dos temporadas que lleva este regreso y claramente se ganó el odio de los seguidores del espacio, quienes, incluso, en Twitter llegaron a hacer Trending Tópic el hashtag #FueraVasco en rechazo a su participación. Este personaje que da opiniones carentes de objetividad, que trata despectivamente a los concursantes y que intenta privilegiar “lo televisivo”, se terminó convirtiendo, a vista de los fanáticos, en uno de los puntos negros de esta nueva versión de “Rojo”.

La mala calidad de los videos en la web: Durante los diez años de ausencia que tuvo “Rojo”, los fanáticos más nostálgicos del programa pudieron disfrutar de momentos del programa original gracias a los videos que se subían a la plataforma de Youtube. Hoy, en tiempos donde la internet es completamente masiva, resulta insólito, vergonzoso y molesto que el canal estatal no sea capaz de reflejar el regreso de su espacio estrella de manera decente y que los videos que se suben a su página web y a Youtube estén en tan mala calidad y que se vean pixelados. TVN debería ser más visionario, bajar esos videos y volver a subirlos, considerando que es la manera de dar a conocer el programa a todo el mundo y que a futuro será el registro de lo que fue este gran regreso.

LO FEO:

Todo huele a tongo: Desde el minuto en que dejó fuera a varios finalistas de la primera generación al momento de elegir al Clan Rojo, la producción del espacio perdió la credibilidad entre los seguidores, quienes no se cansan de especular que el programa en pleno está arreglado. La confianza que había en el equipo realizador original, partiendo por el fallecido Eduardo Domínguez, ya no existe y ahora toda decisión que toma la actual producción se cuestiona: si hay cambios en el formato, se cree que es para favorecer a ciertos participantes; si hay una nueva pareja romántica entre los integrantes, se cree que es un invento para levantar la sintonía; si la votación popular favorece a un participante que no ha sido el favorito, se cree que está manipulada; si se van a comerciales en un momento de tensión, se cree que es para arreglar la votación del jurado; y así, suma y sigue. El caso más emblemático de esta situación fue el sucedido con Juan Francisco Matamala, participante de la primera temporada que regresó en la segunda, y a quien se le perdonaron varias ausencias en semanas decisivas, se le permitió quedarse por votación popular un viernes de eliminación sin haberse presentado y, lo más insólito, hasta lo llegaron a reemplazar por Chantal Gayoso en plena competencia.

La labor de los coaches: El regreso de los rostros emblemáticos al programa de esta forma es considerada una gran idea, pero la puesta en práctica no termina de convencer. El rol de los instructores no ha quedado bien definido y, especialmente en esta segunda temporada, pareciera que están de adorno. De hecho, Leandro Martínez una vez lo hizo notar, que después de varias semanas de sólo estar realizando las menciones comerciales, pudo comentar los avances de sus pupilos. Además, en algunos casos, se han notado las reiteradas ausencias, especialmente en momentos decisivos para los participantes como en viernes de eliminación, lo que se traduce en falta de compromiso. Si tanto producción como los coaches sabían que deberían faltar en estas instancias, ¿por qué no dejarlo para una temporada en la que podría responder al cien por ciento?

Romances forzados: Si bien es lógico que entre los participantes existan relaciones más allá de lo laboral, insistir en ello durante estas dos temporadas ha sido un exceso y ha terminado perjudicando a la competencia. La crítica de los seguidores apunta a cómo la producción ha enfrentado este tema, forzándolos a toda costa, sin importar que algunos de los participantes tengan relaciones externas a “Rojo” -algunas de mucho tiempo incluso-, y que esta exposición les pueda traer problemas. Otro punto que apareció mencionado, fue que luego de los backstages, pareciera que lo más importante en el programa es comentar sobre “los cahuines amorosos” que lo sucedido en la competencia.

El regreso de la primera generación a la competencia: El casting de la segunda temporada no logró prender como lo hizo el de la primera y eso es un hecho. Sin embargo, el repechaje que realizó la producción para que volvieran a entrar al programa algunos integrantes de la primera generación durante la segunda temporada, se considera como un desaire a los participantes de la segunda generación, reduciendo en gran parte su merecida posibilidad de reingresar a la competencia, por lo que se menciona entre lo más feo que sucedió en este regreso.