El crecimiento del podcast y el streaming ya no puede entenderse como una moda pasajera. Poco a poco está dando forma a un ecosistema de medios propio, que comienza a disputar espacios que la televisión abierta dejó vacantes.
El viernes 26 de junio, la revista Wikén de El Mercurio dedicó un extenso reportaje a proyectos como Turno, Porcel TV, Fabuloso y Once Stream. El hecho de que uno de los diarios más tradicionales del país pusiera el foco en estos nuevos medios confirma algo que hasta hace poco parecía una intuición: el streaming chileno dejó de ser un experimento y comenzó a consolidarse como una industria con identidad propia.
Conviene hacer una distinción. Bajo el concepto de “streaming” suelen agruparse fenómenos distintos: los podcasts, que son contenidos grabados para ser escuchados cuando el usuario quiera; las transmisiones en vivo por internet; las radios online, que emiten exclusivamente por la red; e incluso canales híbridos que mezclan conversación, entrevistas, actualidad y participación en tiempo real. Son formatos diferentes, pero todos forman parte de un mismo ecosistema digital que hoy compite directamente por la atención del público.
Los primeros pasos de este fenómeno en Chile pueden rastrearse en experiencias como “Demasiado Tarde”, de Nicolás Copano; en las radios que comenzaron a transmitir sus estudios mediante cámaras web; en proyectos como Súbela y Niu; o en iniciativas especializadas como “Balong”, de Manuel de Tezanos, y “Terra de Gurú”, uno de los últimos espacios de Eduardo Bonvallet. La pandemia terminó por acelerar un proceso que ya estaba en marcha: Twitch, YouTube y otras plataformas demostraron que era posible construir comunidades masivas sin depender de una concesión televisiva.
En muchos casos, el streaming surgió además como una alternativa de supervivencia para comunicadores que quedaron fuera de los medios tradicionales. Fernando Villegas levantó El Villegas tras salir de la televisión. Juan Cristóbal Guarello convirtió La Hora de King Kong en uno de los espacios deportivos más influyentes del país luego de abandonar ADN Deportes. Paradójicamente, ambos alcanzaron una repercusión que difícilmente habrían obtenido permaneciendo en los formatos tradicionales.
El fenómeno también comenzó a atraer a figuras plenamente vigentes en televisión. Julio César Rodríguez, José Antonio Neme, Eduardo Fuentes, María Luisa Godoy y Pamela Díaz, entre otros, desarrollan proyectos paralelos en plataformas digitales. Al mismo tiempo, productores y periodistas con amplia trayectoria televisiva encontraron en internet un espacio para reinventarse, como ocurre en Porcel TV o Sin Filtros. En sentido inverso, el camino ha resultado mucho más complejo: las dificultades que enfrentaron programas como “El Desestrece” muestran que el éxito en streaming no garantiza una transición exitosa a la televisión abierta.
El ecosistema también comenzó a especializarse. La farándula encontró nuevos espacios en programas como Que te lo Digo. La comedia vive uno de sus mejores momentos con proyectos como El Sentido del Humor, Tomás va a Morir y el recientemente creado Fabuloso. El análisis político y la actualidad cuentan con una oferta cada vez más diversa, desde La Cosa Nostra hasta Comando Jungle, el polémico Sin Filtros, 32 Minutos, La Cofradía y otras propuestas que conviven con enfoques editoriales muy distintos.
Quizás uno de los casos más interesantes sea Turno. Nicolás Copano parece haber sintetizado allí buena parte de la experiencia acumulada en proyectos anteriores como Demasiado Tarde, Copano.info o MQLTV, y se asoció con su compañero de Radio La Clave Sebastián Flores Muga para potenciar esta plataforma. Inspirado en modelos argentinos como Blender, el canal apuesta por una mezcla de información, análisis y conversación con una línea editorial claramente progresista, aunque no militante. Además, está haciendo algo que la televisión abierta hace tiempo dejó de hacer: formar nuevos rostros. Voces como Geraldine González (Miss Chile 2019); Benjamín Espina (un muchacho con voz de locutor de FM que habría calzado perfecto en CQC); Fernanda «Pancito» Toledo (actriz y ex reemplazante de Natalia Valdebenito en «Café con Nata»); Francisco Caneo; Camilo Espinoza; y Josefa Garrido, el «arma secreta» de Turno, una periodista que recuerda a la Cony Santa María de «Pantalla Abierta», de presencia engañosamente inofensiva, pero que hace gala de asertividad y oficio en el análisis de la actualidad y ante entrevistados complicados. Este conjunto de atractivos y prometedores rostros representan una generación que promete refrescar.
Y ese quizás sea el cambio más profundo. Durante décadas, la televisión fue la principal fábrica de figuras públicas. Hoy ese rol comienza a desplazarse hacia internet. Del mismo modo que antes existían canales pequeños que funcionaban como cantera para las grandes estaciones, ahora esa función la cumplen los canales de streaming, donde existe mayor libertad para experimentar con formatos, lenguajes y nuevos talentos.
Nada de esto significa que la televisión abierta vaya a desaparecer. Sigue teniendo fortalezas importantes: capacidad de producción, cobertura nacional, marcas consolidadas y grandes eventos en vivo. Pero sí parece evidente que perdió el monopolio de la innovación. Mientras los canales tradicionales deben administrar recursos escasos y competir por un público cada vez más envejecido, el streaming se mueve con estructuras más livianas, menor costo y una relación mucho más directa con sus comunidades. El modelo a seguir es la experiencia argentina, en donde el streaming ya es una industria en sí misma y ha cambiado los códigos de la industria. En Chile, aunque recién está dando sus primeros pasos, me da la sensación que apunta para allá, y en algún momento va a estar a la par con la TV tradicional.
Más que una competencia entre plataformas, estamos presenciando un cambio de paradigma. El streaming dejó de ser una extensión de las redes sociales para convertirse en un nuevo ecosistema de medios, con sus propios códigos, figuras y audiencias. La televisión abierta probablemente seguirá existiendo, del mismo modo en que sobrevivieron las radios AM tras la irrupción de la FM: con un público fiel y un importante patrimonio histórico. Sin embargo, buena parte de la innovación, del recambio generacional y de las nuevas formas de comunicar parece estar naciendo fuera de ella.
















