Paola Volpato y sus últimas teleseries XL en Mega: “Hacer las gemelas de ‘Isla Paraíso’ me pasó la cuenta”

Desde su debut en televisión en la década de los 90’s, la actriz ha trabajado en veintiséis teleseries y sólo tuvo una pausa el año 2000, luego de su segundo embarazo.

En una conversación con el podcast “Impacto en el Rostro” de Spotify, Paola Volpato repasó su amplia carrera de TV, recordó a grandes compañeros de elenco -como el ex animador Felipe Camiroaga- y cómo ha enfrentado la disminución de su carga laboral en tiempos de confinamiento. “¡Ahora interpretaría a trillizas!”, bromeó.

En esta cuarentena, ¿has podido ver obras de teatro por plataformas digitales?
Sí. He estado viendo obras en escenix, que en su momento no alcancé a ver porque yo estaba en función cuando las estaban dando. Son plataformas que nacieron para eso, para transmitir teatro en streaming, entonces no es un teatro grabado así nomás, sino que es un teatro que se hace a seis cámaras y que después se edita. Está muy bien cuidada la parte audiovisual, la parte del audio y hay una conexión de Esteban Larraín, que es el cineasta que hace esto, junto con los directores de las obras.

En escenix te podemos encontrar con “El Rey Se Muere”…
“El Rey Se Muere” es como un hijo porque fue una idea que se me ocurrió al principio de la pandemia, cuando aún no se habían empezado a hacer estas obras en Zoom, que no reemplazan al teatro, pero que también son una alternativa para mucha gente. Entonces se nos ocurrió hacer algo distinto, algo que fuera como el “tras bambalinas” de las obras. Ver el proceso creativo de los productores, directores, diseñadores, músicos, que son cosas que la gente en general no se da cuenta cuando ve una obra, que hay tantas patas que conforman este espectáculo. Así que es muy interesante, muy interesante ver lo que nuestras mentes pueden crear en cautiverio.

En las teleseries, tu debut fue en “Rojo y Miel”, en el año ’94, donde interpretaste a Isabel Méndez, la mejor amiga de Ángela Contreras…
Fue como bien impactante la sensación. Yo había egresado hace muy poco de la escuela de teatro de la U. de Chile y en ese tiempo veía teleseries. “Ámame” había sido la última que vi como espectador. Y, así como existe ahora, uno admiraba profundamente a muchos actores y los sentía como casi intocables. Entonces, yo había visto el trabajo de María Eugenia Rencoret, la directora, y lo había encontrado increíble. Me encantaba el hecho que fuera mujer y joven. Y entrar al área dramática de TVN me parecía increíble. No sabía nada de televisión, pero ahí me di cuenta de que uno empieza a aprender en el hacer. Hubo actores muy generosos que se dieron el tiempo de explicarme ciertas cosas, así que ahí, encontrarme con Jaime Vadell, por ejemplo, fue ¡guau! Increíble. Estaba Ángela Contreras, que también llevaba muy poquito, y recuerdo que tenía una generosidad enorme, me apoyó mucho, fue muy cercana, así que desde ese momento se generaron recuerdos preciosos.

En el elenco se encontraba Felipe Camiroaga…
Felipe era un bacán. Era un tipo que decía que era pésimo actor, le gustaba mucho el teatro, tenía cercanía y una sensibilidad muy especial, cantaba, tocaba guitarra, era como bien hippie y era muy cercano. Tenía un humor como incisivo, rápido y estaba todo el tiempo tirando tallas. Generaba confianza, armaba grupos. Teníamos una relación muy cordial y lo que más me gustaba era su humor, me fascinaba.

En el año ‘98 hiciste “Borrón y cuenta nueva”, una teleserie grabada en la provincia de Elqui. Y ahí, “Manena Izquierdo”, tu personaje tenía una historia de amor con Edgardo Bruna. ¿Cómo recuerdas haber trabajo desde esta intimidad con el actor fallecido el año 2017?
A Edgardo lo conocí cuando entré a trabajar a la televisión. Él era un caballero, un tipo genial, muy locuaz, con gran apetencia sindical, siempre estaba como pendiente de todo lo que estaba pasando. Era un líder. Evidentemente para mí no era fácil la sensación de tener una relación de amor con él. Era mucho mayor que yo y además era un tipo, muy galán y correcto, pero no era como “chinchoso” o que anduviera con el coqueteo, entonces me daba mucho pudor, pero teníamos muy buena onda. En un principio, recuerdo que empezábamos a hacer estas escenas románticas que resultaron absolutamente cartuchas… de hecho, nos retaban. Yo creo que para Edgardo debe haber sido raro hacer esto con alguien mucho menor…. Además, yo estaba casada y él había trabajado con mi marido. “Esto se lo voy a tener que contar a Castro”, decía después de grabar escenas íntimas. Pero después ya nos relajamos y fue un gran compañero, teníamos que grabar allá arriba en el observatorio donde nos moríamos del frio. Esa teleserie la grabé cuando mi hijo grande tenía un año, así que partía con él a las grabaciones y Edgardo estuvo siempre apoyándome. Después estuvimos mucho tiempo trabajando juntos, hicimos teatro, etc. Su muerte fue una pérdida super grande para mí. Fue muy impactante.

Bastante inesperada…
Fue inesperada, porque habíamos estado juntos un poco tiempo antes, nos veíamos en los cumpleaños, o sea teníamos una relación bastante cercana. Fue duro, pero lo recuerdo con tanto cariño.

En “Aquelarre, hiciste a “Gustava Patiño” en el año ’99. ¿Es verdad que tú le propusiste a María Eugenia Rencoret tener una discapacidad?
Sí, es verdad. Lo que pasa es que esa idea original está sacada de una obra de teatro que se llama “La Casa de Bernarda Alba”, en donde están estas mujeres que su madre las tiene encerradas porque quiere que se casen. Había una tradición en España en esa época en que primero se tenía que casar la primogénita y de ahí hacia abajo, entonces tomaron esa idea y estaban estas cinco hermanas y a mí me dieron el personaje de la Gustava, que era la más tímida y la que más tenía conflictos con su persona. Y a mí me pareció que había que darle una vuelta porque evidentemente las cinco hermanas éramos todas guapas y no había nada escrito que explique su timidez. García Lorca describe en su obra a una de las hermanas como jorobada. A mí eso me parecía menos atractivo visualmente, así que propuse que haya tenido polio cuando niña y que haya quedado con este problema en la cadera para caminar. Yo conocía a una señora que trabajó con mi mamá por mucho tiempo, una persona maravillosa. Ella tenía una cojera. Entonces yo, desde niña, la imitaba. La Quena me dijo que lo probásemos, aunque no le tincaba y pensaba que me iba a ver mal. Yo lo probé y les pareció súper atractivo, así que fui donde la Inés y le dije: ¡te estoy haciendo en la tele! Fue un homenaje a la Inés.

Patricia López nos contó que ella propuso hablar con acento mexicano, Ximena Rivas propuso hablar en rimas… Era una teleserie en donde los actores fueron escuchados…
¡Absolutamente! Todos se fueron como “en la volada” de este mundo “garciamarquiano” con este gran secreto, donde las mujeres teníamos una enorme visibilidad. Era además un elenco con muchas mujeres. Y se hicieron cosas preciosas. La Paty López llegó con la propuesta de hablar como mexicana y Anita Reeves enganchó al tiro y armaron un cuento precioso. Las floristas tenían toda una onda, la Paty Rivadeneira estaba loca, loca de patio que buscaba y buscaba a su novio. Todo como que le pusimos un poco de polvos de hornear a los personajes. Y además eran esos elencos antiguos en donde eran entre 35 y 40 actores. Había mucha mística, tenían cosas que ya no se podrían hacer ahora.

Cuando trabajaste en “Pecadores” haciendo a Aída, tu rol fue tomando importancia a medida que avanzaba la historia. Finalmente, eras la hija que Dionisio Cienfuegos (Jaime Vadell) había prometido al diablo. ¿Qué te parecen este tipo de temáticas? Recordemos que Luciano Cruz Coke interpretaba al mismísimo “coludo”…
Ésa fue bien interesante porque era media gótica. También muchos de los actores que había ahí habían trabajado en “Aquelarre”, entonces no sólo había que ponerles polvos de hornear, sino que eso y bicarbonato (ríe). Algunos personajes subieron demasiado, pero finalmente era una apuesta muy interesante. Lo que supe al principio es que mi personaje era gótico y junto al de Mauricio Pesutic éramos la empleada y el mayordomo. Parece que guardábamos un secreto, pero no sabíamos mucho más. Entonces empezamos a armar este cuento gótico en el que iba con una canastita al bosque y recogía hongos. Se fue dando una cosa muy entretenida y en algún momento entró el equipo de guionistas, y de pronto como que se les iluminó la ampolleta y dijeron: “¡Ella es Elisa!” En el fondo ahí lo inventaron. Eso fue como un regalito que hicieron los chiquillos. De ahí, el personaje agarró un vuelo tremendo. Y ya para el final, recuerdo esa escena que tuve que grabar con Cruz-Coke, él iba manejando por una carretera, perdía el control del vehículo y terminábamos volcándonos. La grabamos en un bosque de pinos, a las tres de la mañana, con mucho frío ¡y yo iba con una camisa de dormir!  También recuerdo que estaban los bomberos tirando agua, porque en ese capítulo volvía a llover en el pueblo, y la escena tenía que quedar de una. A mí me encantó hacerla, o sea, yo sufrí con el frío ahí, pero me encantan esas escenas. Ir al límite, me las juego por completo.

Y gracias a este rol, al siguiente año, tú saltas a los protagónicos con “Destinos Cruzados”. Ahí eres Cecilia Zamudio, la pareja de Álvaro Rudolphy. ¿Cómo manejaste la exposición?
Obviamente estaba contenta porque evidentemente un rol protagónico te da más posibilidades. Hay que recordar que no todos los actores teníamos contrato. A uno lo contrataban por temporada o un año. Siempre tenía la sensación de la precariedad que, si uno no lo hacía medianamente bien, al siguiente año posiblemente no iba a tener pega, entonces siempre me he tomado mis trabajos con mucha dedicación. Me gusta mucho lo que hago. Evidentemente un rol protagónico era algo que yo no me esperaba. No fue una carga laboral mucho mayor, porque las teleseries antes tenían muchos más personajes, entonces no se grababa tanto como se graba ahora. Yo conocía a Álvaro (Rudolphy) hace muchos años, así que tenía una relación muy buena con él. También con la Aline (Kuppenheim), que la conozco desde que salió de la escuela. Bueno, la gente me decía: ¡Oye, así que eres protagonista, lo lograste! Pero para mí lo mas impactante fue ver los afiches en las calles con mi cara. Eso era como ¡guau! Increíble. Pero no existía la cosa mediática que hay ahora, por lo celulares ni nada. Entonces, en ese momento y con ese rol, no sentí mayor diferencia.

 “Alguien te Mira” fue tu segunda teleserie nocturna después de “Disparejas”, aquí interpretaste a la detective Zanetti. Este personaje sale de la historia a mitad de la teleserie, porque Julián García, el psicópata interpretado por Álvaro Rudolphy, te asesina a sangre fría. ¿Sentiste frustración por salir antes?
Absolutamente. Sentí mucha frustración porque me gustaba mucho el personaje, me había preparado mucho, hicimos un gran trabajo con gente de la PDI. Entonces estaba como súper “en mi rol”, muy contenta con lo que estaba haciendo. También estaba muy encantada de la trama de la teleserie. Era muy atractiva. Y de repente, me encuentro a Pablo Illanes y Nona Fernández en un pasillo, ellos me miran con una cara extraña. Y yo dije: “ups, algo pasa”. Luego a la semana leo el capítulo y me doy cuenta de que me matan. ¡Ahí lloré de rabia! Ahí había una cosa rara porque yo sabía que no me estaban matando porque el personaje no resultó o algo así, sino porque era súper atractivo lo que estaban proponiendo ellos. Cuando mi personaje muere, recuerdo que esas escenas se grabaron en una maestranza abandonada que estaba en Quinta Normal, y era un lugar lúgubre y congelado. Ahí estuvimos muchas horas, yo estaba amarrada a una cama. Ahí se me congelaron los pies, sin embargo, el resultado fue precioso. El trabajo de toda la gente, armando la cicatriz para que él me sacara el corazón. Había una piel de chancho puesta encima mío, que hubo que depilarla, entonces había una serie de cosas que eran muy atractivas de ver.

Consuelo Domínguez, de “Dónde está Elisa?”, es considerada una de las villanas más perversas de la televisión…
Era muy mala la Consuelo Domínguez. ¡Era terrible! Retorcida, trataba pésimo a los hijos, les pegaba. Era muy entretenido de hacer, pero también muy solitario porque, en general, estar con la perversión durante todo el día grabando hacía que yo quedara como con una carga, no como creerse el personaje, pero quedabas con mucha carga porque había mucha violencia. Todas las escenas eran violentas, tenía que tratar mal a la gente, lo que no es grato como actriz vivir en ese lugar. Entonces toda tu perversión personal se pone al servicio de la historia, pero va cansando un poco. Fue también difícil porque al principio nadie sabía quién era la culpable. Y yo lo supe el día que me dieron el personaje, pero yo me tuve que quedar callada por mucho tiempo y como de nervio, pensaba que me lo iban a quitar. Se tuvo que hacer un trabajo bien delicado para no mostrar ningún atisbo de maldad en ella al principio de la historia e ir mostrándolo de a poco.

Tu matabas a tu marido (Francisco Reyes) al final de la teleserie…
¡Lo envenenaba y después lo mataba! Y después raptaba a mi hija y… (ríe) ¡qué crueldad! Sí, fue muy entretenida de hacer. Lo pasé muy bien, pero me agotó un poco la sobreexposición. Yo soy como muy piola en mi vida, entonces me agotaba la sensación de que la gente quisiera tocarme, mirarme, darme consejos, o había gente que me gritaba ¡asesina! Cosas como fuertes en el día a día. Pero fue un gran aprendizaje. Lo pasamos muy bien. Yo lo paso muy bien haciendo teleseries. No siempre, pero en general lo paso bien.

Tu última teleserie en TVN fue “Socias”, luego te cambias al área dramática de Mega. ¿Viviste algún tipo de duelo cuando abandonaste el canal estatal?
Efectivamente fue un duelo. Yo llevaba veinticinco años trabajando en el canal, con la misma gente, el mismo estacionamiento, el mismo casino. Y es cierto que se fue gran parte de la planta ejecutiva del área y se fueron sumando muchos amigos actores, pero hubo un grupo grande de personas como asistentes de cámara, iluminación, maquilladores, vestuaristas, utileros… gente con la que uno tenía una relación, que no vi más. Por lo tanto, sí hubo ese duelo. Recuerdo que llevaba un año trabajando en Mega, iba manejando y llegué a Eliodoro Yánez con Providencia por error, que era el viaje que yo hacía diariamente hacía TVN. Pero, sí. La gente, los equipos, son grupos que trabajan tanto juntos, tanto tiempo y con tanta intimidad que uno evidentemente hace el duelo.

Llegaste a “Pituca Sin Lucas”, la primera teleserie de Quena Rencoret en Mega, que está actualmente siendo retransmitida a las 22:30 horas. ¿Cómo recuerdas este salto que significó abrir un área dramática?
Había mucho nervio. Para mí era como un desafío enorme porque teníamos que demostrar que teníamos una súper buena historia y que seguíamos siendo equipo. Yo tenía la sensación personal que esa mujer, Tichi, era una mujer muy dulce y que yo no la iba a poder interpretar. En general yo soy más bien dura en mi vida normal, más seca… y sentía que Tichi, además de tener una inocencia enorme, era súper optimista y veía el vaso medio lleno. Entonces tenía mucho miedo de no lograr interpretar bien la sensación que yo sentía que Rodrigo Bastidas estaba plasmando en ese personaje en el papel, pero finalmente todo resultó maravilloso. Le pusimos mucho empeño y funcionó como a nivel de corazón. Había una mística y una energía como de trabajar y tratar de conectarse con los otros. Ahora, cuando se reestrenó “Pituca Sin Lucas”, vi el primer capitulo y me generó la misma emoción. Volví a encontrar que era un lindo trabajo. Hay una cosita como brillante ahí. También estaba todo el trabajo en la pescadería, que también fue súper duro. Bueno, después de eso nunca más comí pescado. En serio (ríe).

Tus últimos trabajos en televisión te han demandado más tiempo de grabación. “Perdona Nuestros Pecados” e “Isla Paraíso” fueron teleseries que duraron más de un año. Además, en la historia ambientada en Chiloé hiciste un doble papel…
Bueno, yo soy trabajólica. Me gusta mucho lo que hago. Toda mi vida he trabajado con esa sensación que te contaba de la precariedad de nuestro oficio, no estoy hablando personalmente porque en este momento yo tengo un contrato y todo, pero desde el origen de nuestro oficio es precario. Entonces esa semilla existe y desde muy joven he tenido esa sensación. Además de eso, no tengo problema con trabajar en televisión, después irme a ensayar y después trabajar el fin de semana. Es lo que elegí. En el caso de “Perdona Nuestros Pecados” fue desgastante porque fue muy larga. Fueron dos temporadas, entonces estuvimos un año y algunos meses grabando, entonces se hizo cansador. Sin embargo, era un súper buen producto, a mí me gustaba mucho trabajar ahí. Por lo tanto, cuando me propusieron “Isla Paraíso”, como que no lo pensé. Encontré que era genial y me encantó la idea de hacer estas gemelas. Luego, me pasó la cuenta eso sí. Llevaba un tiempo con las gemelas y me di cuenta que era súper duro, porque era doble pega. Era algo que yo no dimensionaba. Eso fue desgastante, pero en el canal me dieron algunas facilidades, cuando estaba ya muy cansada, no grababa los viernes. Fue muy desgastador porque también tuve varias situaciones familiares como problemas de salud, entonces como que la sensación mía era de terminar “Isla Paraíso” y descansar y replantearse. Así que, ahora, ha sido un año muy raro, porque ya estamos en junio y llevo mucho rato sin trabajar en lo mío. Así que ahora te diría que volvería a hacer… hasta unas trillizas (ríe)…

De todas formas estás en “Historias de Cuarentena”…
Pero yo tengo un personaje que aparece una vez a la semana entonces me toca un sólo día de grabación y eso es muy fome (ríe). Me gustaría grabar más.

¿Tu personaje favorito de teleseries?
Son varios los personajes favoritos porque, como te decía, me gustan los procesos y los personajes que hacen cosas. Creo que a los que les tengo más cariño es a la señorita Gustava y a la Tichi. Y los que más me gustaron hacer fue Ángela y la comisario Zanetti. Consuelo Domínguez también, pero la comisario Zanetti era más “chora”.

¿Y el que te aburrió?
Creo que la que menos me gustó hacer fue en la teleserie “Su Nombre es Joaquín”, una teleserie que se hizo en el Valle del Elqui. Ése fue menos interesante, bueno en un trabajo de ocho meses no te puedes aburrir porque hay que “sacarle punta al lápiz”, pero no hubo tanto desafío para mí como actriz.

Tengo recuerdos de Josselin de “Tic Tac”, con Charlie (Paulo Meza). ¡Era muy graciosa!
¡Sí! Era muy entretenida. Bueno, de esa teleserie se podría escribir un libro. ¡Y si Paulo me está escuchando, le envío un gran saludo!.

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