Fueron años de intentos y frustraciones. En concreto, 13 instancias fallidas y siete años en los que la cantante María Jimena Pereyra y su esposa Tania García esperaron para cumplir su sueño de ser madres. Pero la perseverancia y la fuerza de ese deseo dieron sus frutos: en abril de 2024 nació Teodoro, o Teo como amorosamente llaman al pequeño que hoy llena de amor la vida de la pareja.
De ello y de cómo han cambiado sus prioridades desde la llegada de su hijo habló la intérprete chileno-argentina durante el conversatorio «Ok Mother!». El encuentro se realizó en el marco de la primera jornada de «Ruidosa Fest 2025», el evento musical que se está desarrollando en el Parque O’Higgins y concluye este domingo.
En la instancia, en la que también participaron Soledad Onetto y Francisca Valenzuela, María Jimena Pereyra, llena de emoción, explicó el largo proceso que recorrió junto a García para transformarse en madres.
«No sé si saben de nuestra búsqueda de siete años, con trece intentos a través de sistemas como in vitro o inseminación artificial, y todo lo que significa pasar por esa experiencia. Las cosas buenas, las malas, lo que uno va aprendiendo, y también el negocio que hay detrás del tema de la fertilidad», señaló la cantante durante el encuentro.
Familias diversas
La gestación de Teo fue asumida por la pareja de María Jimena Pereyra, dado que la ex Rojo, había pasado por dificultades médicas complicadas como lupus y cáncer al riñón. En la oportunidad, la intérprete destacó la importancia de ampliar la discusión hacia otros tipos de maternidad, más allá del que tradicionalmente se conoce.
«En mi caso se trata de una pareja homoparental, pero hay tantas madres que no son gestantes: abuelas, tías, tutoras que se hacen cargo de sus niños», explicó.
Asimismo, dio cuenta de los distintos desafíos que implica criar a un niño, sobre todo en los primeros meses de vida. «Nadie te cuenta cómo será el día a día. Todo lo que dejas como mujer, como persona, como artista, por dedicar tu vida a una personita que llega a tu mundo. Los objetivos y las prioridades cambian totalmente», señaló.
Empatía emocional
Pero además de explicar los nuevos procesos que ahora vive como madre, María Jimena Pereyra también buscó visibilizar su experiencia para empatizar con otras mujeres que viven procesos similares. Y tal vez incluso, como ellas, enfrentándose a situaciones emocionales profundas, marcadas por la falta de acompañamiento médico y, en algunas ocasiones, la incomprensión del sistema.
«Quiero ser una persona que pueda informar a través de mi vivencia, de cómo son las cosas en este país, donde nada es fácil», explicó.
Alegrías y penas que finalmente se hicieron carne en la figura de Teo, de quien María Jimena Pereyra habló con la voz entrecortada.
«Quizás mi hijo no tiene nada de mi sangre, pero yo lo considero mi hijo del alma. Es un sentimiento maravilloso verlo crecer, con sus desafíos, alegrías y angustias. Nos costó, pero estamos viviendo esta nueva etapa con toda la felicidad del mundo».
















