La carta que firmaron 150 artistas para poner fin a la militarización y establecer un diálogo con la ciudadanía

Durante esta mañana, Nicole, Francisca Valenzuela, Camila Moreno, Javiera Parra, Denisse Malebrán (Saiko), Roberto Márquez (Illapu), Claudio Parra (Los Jaivas), y diferentes músicos fueron a dejar una carta a la casa de gobierno para pedir fin a la represión.

«Como artistas estamos en permanente contacto con la gente, nuestro público, en todo el país, en todas las edades. Creemos tener una sensibilidad respecto a lo que está pasando (…) Nos mueven los deseos de colaborar (…) Lo que nos interesa es el hoy y el futuro. El dolor de Chile es algo que no se puede seguir ocultando«, parte la misiva que los mismos artistas leyeron en voz alta en el centro de la capital.

Fueron en total más de 150 artistas los que firmaron la carta con la que buscan poner fin a la militarización y establecer un diálogo directo con la ciudadanía.

Puedes leer la carta íntegra a continuación:

Señor Presidente:

Los abajo firmantes, músicos chilenos, nos hemos unido para expresarle nuestro sentir en estas tristes horas de la Historia de Chile.

Como artistas, estamos en permanente contacto con la gente, nuestro público, de todo el país, de todas las edades, y creemos tener una sensibilidad respecto de lo que está pasando. Nos mueve el profundo deseo de colaborar en detener esta escalada de violencia y descalificaciones. Queremos paz, paz entre hermanos chilenos, paz entre civiles y militares, paz entre las distintas miradas, tolerancia.

Sentimos que en estas horas de angustia, dolor, violencia, represión y hay que decirlo, muerte, los artistas tenemos un compromiso con Chile.

No es momento de adjudicarle a nadie el dolor de Chile. Seguramente se usarán ríos de tinta en analizar lo que ha pasado. Lo que nos interesa es el hoy y el futuro.

El dolor de Chile es algo que no se puede seguir ocultando. A Chile le duele la desigualdad, la injusticia, el abuso de unos pocos, la ineptitud del Estado para hacerse cargo, la eterna discusión sobre las causas, sin pasar nunca a las soluciones. Esto tiene que cambiar ya.

No es la hora de concentrarse en la delincuencia que ha campeado como nunca en estas horas. Ese no es el problema de fondo, e intentar desviar la atención no es un recurso aceptable.

Señor Presidente: le pedimos gestos de grandeza: medidas drásticas para una situación dramática, que no declina y que puede terminar en una tragedia impensada. Más bien se lo exigimos. No es hora de medias tintas ni ambigüedades, de evaluar la conveniencia pequeña, ni de hacer tiempo para empatar.

Entre las medidas inmediatas que podemos sugerir, sin que sean todas las posibles, pero que aparecen como urgentes le pedimos, con energía y respeto:

  • Detener de inmediato el lenguaje bélico. En Chile no estamos en guerra, no puede haber enemigos, basta de odios.
  • Sacar a las fuerzas armadas de las calles, y en caso de ser estrictamente necesario, abocarlas a estar de punto fijo en lugares específicos. Duele el alma ver a un chileno de uniforme, con armas de guerra destinadas a otros fines muy distintos, detener a otros chilenos en la vía pública y abusar de ellos. Para varios de nosotros que somos mayores, esto nos retrotrae a una época de horror que lamentablemente hemos revivido en nuestros corazones, y que nos estremece y conmueve.
  • Tomar de inmediato y con coraje medidas políticas que bajen la tensión, descomprimiendo las mayores urgencias sociales. Un cambio profundo y real de gabinete, incorporando personas no partidistas o moderadas. El pueblo quiere sentir que de verdad el mensaje se está escuchando, y por ahora, eso no ha ocurrido.
  • Establecer acuerdos perentorios con todas las fuerzas políticas, para que a la brevedad se adopten cambios de fondo que sean incorporados de inmediato al presupuesto de la nación. La gente lo que está diciendo es que prefiere crecer menos durante un tiempo, y dedicarse de inmediato a no dejar atrás a quienes menos tienen.
  • Pedir, desde el corazón, disculpas a todo el país por esta falta de oportuna conducción política, que ha llevado a los días más tristes desde que recuperamos la democracia. Demasiado costó recuperarla como para permitir dilapidarla sin luchar.
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