La maquinaria de la televisión estadounidense no se detiene y “The Voice” ya prepara su histórico ciclo número 30, cuyo estreno está previsto para la segunda mitad de septiembre de 2026. El programa ha confirmado un panel de lujo que busca revitalizar el formato: el regreso de los experimentados Adam Levine y Kelly Clarkson, junto a la llegada de la leyenda Queen Latifah y el exponente country Riley Green.
Aunque el líder de Maroon 5 sigue siendo considerado “persona non grata” en Chile tras su polémico paso por el Festival de Viña 2020, en Estados Unidos se mantiene como una pieza fundamental de este show. Pese a este despliegue de grandes nombres, el espacio enfrenta una crítica que ya es imposible de ignorar. Tras casi tres décadas de competencia, ha sido incapaz de generar una verdadera estrella de la música que domine las listas de ventas globales.
Esta sequía de ídolos contrasta drásticamente con otros formatos de talento. Su competidor histórico, “American Idol”, lanzó al estrellato a figuras de la talla de Kelly Clarkson, ganadora de tres premios Grammy, y la estrella del country Carrie Underwood. Incluso “The X Factor” ha demostrado tener un ojo clínico para el éxito comercial. De su versión británica surgieron fenómenos mundiales como One Direction y la potente voz de Leona Lewis, mientras que de su corta etapa en EE. UU. nacieron Fifth Harmony y la hoy superestrella Camila Cabello.
El protagonismo de los coaches en “The Voice”: ¿Vitrina o sombra?
La teoría más extendida entre los expertos de la industria apunta a que la estructura de “The Voice” está diseñada para beneficiar a los mentores más que a los concursantes. Figuras como Blake Shelton, Shakira, Christina Aguilera y ahora Queen Latifah, son el verdadero motor de la sintonía. La dinámica de las audiciones a ciegas y las batallas entre los famosos suele acaparar más tiempo en pantalla y conversación en redes que la propia evolución artística de los participantes.
Además, especialistas señalan que los contratos discográficos para los ganadores suelen carecer del impulso promocional necesario para competir en las radios. Esto ha generado que el éxito fuera del trofeo sea la excepción y no la regla. El caso más emblemático es el de Morgan Wallen (Temporada 6). Aunque hoy destaca como uno de los artistas más grandes del country actual, alcanzó su estatus años después de que el programa lo eliminara en los play-offs, logrando el éxito de forma independiente al sello del espacio.
Mientras “The Voice” siga renovando ciclos con figuras de la talla de Queen Latifah y el cuestionado Adam Levine, el premio mayor parece estar reservado para los famosos que ocupan los asientos giratorios. Para los participantes, el show termina siendo apenas una vitrina fugaz que los deja a años luz del firmamento de la música global que sí lograron alcanzar los hijos ilustres de “American Idol” y “The X Factor”.














