El caso Hermógenes: Libertad de expresión y la caída de los rostros light

Nuevamente «Bienvenidos» a la palestra. El viernes 29 de noviembre Tonka Tomicic echó del panel al abogado Hermógenes Pérez de Arce luego de manifestar sus habituales y esperables opiniones en torno al gobierno de Pinochet y a las violaciones a los derechos humanos durante éste. Esto hizo reflotar –con mayor fuerza dado el estallido social actualmente en curso- el debate sobre los límites de la libertad de expresión en TV y de la pertinencia de darle pantalla a quienes sostienen posturas extremas, provocadoras y políticamente incorrectas, tema que ya se había tratado por la presencia de Patricia Maldonado en el “Mucho Gusto” y las entrevistas a integrantes del Movimiento Social Patriota, terraplanistas y antivacunas.

Posterior a la entrevista, el dueño de Canal 13 Andrónico Luksic señaló en su cuenta de Twitter lo siguiente: “Lo he dicho muchas veces. Me podrán creer o no. Yo no intervengo en las decisiones editoriales ni de programación en Canal 13. Luego de haber visto el video, creo que fue una equivocación grave haber invitado al señor Hermógenes Pérez de Arce hoy. Mis disculpas a los televidentes”. Horas más tarde su hijo Max, Director Ejecutivo de la estación, publica una declaración en la que le quita el piso públicamente a su poderoso padre y a su principal rostro femenino al pedirle disculpas a Pérez de Arce “por el mal rato que esto le pudo haber ocasionado”. Esto es otra muestra de la frialdad y el pragmatismo extremos que han sido la marca registrada de Max Luksic durante su gestión. No es raro, considerando que en algún momento oficializó el término del contrato de Don Francisco para posteriormente recontratarlo, visó el retorno en gloria y majestad de Raquel Argandoña luego de ser echada por su antecesor, y cerró el área dramática del 13 dejando sin pega, en otros actores, a su propia pareja.

Los que no hemos vivido en Narnia en los últimos cuarenta años sabemos quién es Hermógenes Pérez de Arce, lo que piensa y lo que representa. Es la voz de cierto segmento de la población que sostiene que el golpe militar de 1973 fue lo mejor que le pudo pasar a Chile, que Pinochet fue poco menos que un redentor y que su único error fue “haber dejado demasiados marxistas vivos”. Cuando uno invita a alguien con esos antecedentes, hay que prepararse para la previsible polémica y escándalo que van a generar sus intervenciones. Si no quieres a alguien así hablando en tu programa, simplemente no lo invites. Ahora, si ya lo invitaste, te lo tienes que bancar hasta el final. Tendría que aplicarse el mismo criterio que se tuvo con gente de posiciones extremas de signo opuesto como esa reliquia de museo de la Guerra Fría que es Eduardo Artés, al que en diversos programas (incluyendo matinales) se le ha dejado proclamar sin problemas las “bondades” de ese verdadero Paraíso en la Tierra que es Corea del Norte.

Otro tema es si, más aún en este momento de alta sensibilidad social, resulta conveniente, por el afán de mostrar el más amplio abanico de opiniones posible, darle pantalla a personajes de posiciones extremas y difíciles de tragar como Teresa Marinovic (“la empatía y la solidaridad no sirven para nada”), Mauricio Rojas (“para restablecer el orden hay que tomar medidas con altos costos en vidas humanas”) o el mismo Pérez de Arce (“los DDHH no importan”) Los canales TV tienden a privilegiar a este tipo de personajes polémicos pues atraen público y sintonía. Sucedió en una época en que invitaban muchos pastores evangélicos, y se le daba prioridad a los más “pasteles” o “jugosos” como los Ricardo Cid y Javier Soto habiendo muchos otros más razonables y pensantes que podrían haber aportado mejor al debate. Ello explica que se le diera pantalla a personajes de discurso y actitudes tóxicas, ya sean reales o fingidos, como Emeterio Ureta y Oriana Marzoli. Funcionan como imanes de sintonía, pero su discurso es cero aporte, distrae e incluso causa daño.

La idea de impedir la difusión de ciertas opiniones por “negacionismo” existe en algunos países como Alemania, pero está lejos de ser un estándar universal. La gran duda aquí es cómo se define cuáles puntos de vista son “aceptables” o “inaceptables”, y si esa definición es invariante en el tiempo o puede cambiar. Así como actualmente muchos apelan al “negacionismo” para quitarle micrófono y pantalla a los que defienden a Pinochet, en el futuro podría darse vuelta la tortilla y los acusados por ese mismo concepto podrían ser los comunistas y marxistas (como de hecho ocurrió durante la Dictadura) u otros grupos como los LGTBI. Además, ¿cómo podemos distinguir una idea “excéntrica” o “adelantada a su tiempo” de otra “indeseable”? Hace dos décadas manifestar públicamente una postura crítica a la Iglesia Católica y sus dogmas era “inaceptable” y el que osaba hacerlo lo pagaba caro. Ahora, con la Iglesia Católica merecidamente caída en desgracia por los escándalos de abuso sexual, no hay problema alguno en criticarla y le dan como bombo en fiesta hasta en Canal 13.

El desempeño de Tonka Tomicic en este episodio revela el problema que se les viene a muchos personajes de la TV abierta chilena actual. La animadora se hizo rostro top en un ambiente light donde la superficialidad y la farándula era la norma. De un día para otro cambió el paradigma, subió súbitamente el nivel de exigencia, se empezó a requerir de los rostros mayor preparación y peso periodístico, y Tonka y muchos otros simplemente no han dado el ancho. Ya había mostrado poco manejo en el entrevero con Juan Cristóbal Guarello un par de días antes, y en lo de Pérez de Arce ese manejo llegó a cero, actuando derechamente como profesora de primaria. Quizás el perfil que necesita un rostro de matinal para esta contingencia es más cercano a una Cony Santa María, una Mónica Pérez o una Carola Urrejola que a una Tonka Tomicic. Hay que decir que también hay una importante responsabilidad editorial. No es primera vez que en el “Bienvenidos” cometen errores graves en el tratamiento de temas serios y sensibles. Existen los precedentes del caso Nabila y el Doctor Ricardo Soto promoviendo el MMS. En contraste, el matinal de Chilevisión tuvo la buena idea de mandar a los faranduleros como Pamela Díaz al “Viva La Pipol” y dejar como conductores a dos periodistas de peso como Monserrat Alvarez y Julio César Rodriguez, lo que se ha notado en lo bien que se han manejado en esta crisis.

Existen precedentes acerca de cómo manejar a este tipo de invitados. Cuando el mismo Pérez de Arce fue a “Tolerancia Cero”, Fernando Paulsen le manifestó directamente y a la cara que no tenía nada que preguntarle, pero no hizo amago de irse ni pidió que lo echaran. Otro caso es el Pastor Soto, que tuvo intervenciones polémicas en “El Interruptor” de Vía X, “Vigilantes” en La Red y “Síganme Los Buenos” del canal Vive!, que fueron manejadas de formas distintas pero acertadas por José Miguel Villouta, Nicolás Copano y Julio César Rodríguez, respectivamente.

Lamentablemente, en Chile no se ha desarrollado una cultura del debate y la aceptación de visiones ajenas. En Chile cuesta mucho convivir con el que no entiende lo que para nosotros es obvio o que se aferra a ideas que para nosotros son estúpidas. Se les mira con condescendencia, se tiende a cuestionar su capacidad e idoneidad intelectual, e incluso en casos extremos se les desea la muerte. La incapacidad para administrar las diferencias de opiniones han llevado a la ruptura de grupos de whatsapp, amistades y hasta familias. Gran parte de la problemática del Chile actual reside en este tema, y no creo que sea algo fácil de resolver.

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