Claudio González recuerda el desgaste tras “El Circo de las Montini”: “Había un desánimo en el elenco”

El actor fue el invitado número 54 a “Impacto en el Rostro”, podcast de Spotify y YouTube, en donde se analizaron sus personajes en televisión desde “Amándote” de Canal 13 hasta su nuevo rol en la nocturna “La Torre de Mabel”. A continuación, parte de la entrevista.

¿Cuál era tu mirada sobre la televisión antes de tu ingreso a las teleseries?
Yo formo parte de esa generación que ya sentía la televisión como una herramienta para ejercitar el oficio. Yo nunca tuve ningún juicio, además yo crecí viendo “La Madrastra”, “Los Títeres”, por lo tanto, había un aprendizaje del lenguaje que uno al ser actor y al tener esta vocación tan de chico, uno ya empezaba a reconocer como propio, como que era un elemento que uno se sentía como pez en el agua. Entonces, nunca tuve ese prejuicio de entrar a la tele. No, era otro lenguaje y yo sentía que era, y es, muy necesario para el actor. La relación con la cámara después la desarrollé bastante siguiendo en teleseries y por unos magísteres en Londres.

“Amándote” de Canal 13 fue tu primera teleserie. ¿Cómo llegaste a interpretar a Ismael Fuentes?
Yo llegué por prueba de cámara, como todo el mundo. Y me acuerdo que me llamaron ese año para el 7 y para el 13. Y ese año era el año de “Iorana” y justo me fui de gira con una obra a Alemania y cuando llamé a Chile para preguntar cómo estaba la familia, mi mamá me dice “oye, te llamaron de Canal 13”. Pero yo antes de irme a Alemania había hablado con Vicente Sabatini y él me había dicho que me tenía un personaje para “Iorana”. Y yo le dije, “no, mamá, me están llamando de canal 7”. Y cuando volví me di cuenta que, efectivamente, me estaban llamando de Canal 13. Por lo tanto, se produjo un paréntesis donde no me pude comunicar con Vicente, me comuniqué con la gente de Canal 13, me ofrecieron una cantidad de plata impresionante para hacer un primer papel en televisión. Y lo que me ofrecían en canal 7 era menos de un tercio, aunque era en Isla de Pascua, con un tremendo elenco. Pero este personaje, Ismael Fuentes, era infinitamente más grande y la plata era mucho más, lo cual me permitía, tener un apresto para después entrar al elenco de Vicente, ya teniendo experticia y zapatos gastados en sets de televisión, lo cual siempre es bueno.

¿Alcanzaste a saber qué personaje te habían asignado para “Iorana”?
Sí, si caché. Era el personaje que terminó haciendo el Nicolás Saavedra. Ese personaje lo iba a hacer.

¿Te gustó tu primer trabajo en televisión?
Teníamos de contrapartida “Iorana”. Yo tenía a todos mis amigos ahí, entré como pollo nuevo no cachando a nadie en Canal 13, conociendo otro lugar, otra gente, otro espacio. Pero mis amigos estaban en TVN. Yo miraba para el lado y era… Isla de pascua, además que ganaron, nosotros perdimos (Ríe). Pero lo recuerdo con cariño, fundamentalmente porque me tocó trabajar harto y porque el personaje comenzó a crecer. Al principio era un personaje ahí no más, pero empezó a adquirir harta importancia y ahí fui entendiendo cómo tu trabajo va haciendo crecer un personaje que puede ser de este porte y que, solo por trabajo, lo empiezas a armar y se empieza a volver importante dentro de la trama. Y eso no sé si lo hubiese logrado en TVN, en esa primera experiencia.

En el ’99, llegas al elenco de Vicente Sabatini con “La Fiera”. ¿Cuál era tu relación con Chiloé antes de esta producción?
Me acuerdo que cuando fui al sur en vacaciones, cuando era chico, llegaba sólo hasta Puerto Montt, por lo tanto, ése era mi límite al sur. Y conocer Chiloé fue maravilloso porque, además, fue con un elenco donde siempre quise estar, en el cual yo tengo grandes amigos, gente a la que admiro mucho, en una producción que era maravillosa. Fue un regalo muy bonito.
Ahí interpretaste a Cote Rivas, el amigo mochilero del personaje de Nicolás Saavedra. Juntos se disputaban el amor de la Tato (Blanca Lewin)…
¡Ella terminaba siendo la más vivaracha de todo el mundo! Nosotros, que veníamos de Santiago dándonoslas de los “don juanes”, finalmente nos encontrábamos con esta chilota que las tenía más clara que nadie. Divertido, muy divertido. Además, la Blanca hizo un personaje maravilloso, entrañable, muy bonito. Lo pasamos muy bien.

¿Qué te parecía el núcleo juvenil de esta producción? Hay personajes muy recordados como Dj Katia y Blanquita Chamorro, interpretados por Tamara Acosta y Francisca Imboden…
Es que estamos hablando de una época en que el material era tan profundo, era tan de buena calidad, que hasta los personajes más chicos tenían carne, en donde uno podía hincarles el diente y podías hacerlos crecer.

En el 2000, interpretas a Ianko en “Romané”, el gitano brazo derecho de Melquíades (Héctor Noguera) y eterno enamorado de Milenka…
No es de los personajes que yo recuerde con más cariño. Después, que repitieron muchas veces la teleserie, uno se da cuenta que lo haría distinto. Ahí hay otro lugar que tiene que ver con la distancia de tu trabajo, y uno dice “esto lo haría diferente, esto lo haría más así o menos así”. Recuerdo la profundidad que tenía ese personaje, no era un personaje fácil en términos de comedia, no iba por el lado de la comedia. Era un personaje que estaba metido en el drama más profundo, consigo mismo, con su dolor.

En el 2001 fuiste Rómulo Verdugo, el tartamudo de “Pampa ilusión”. ¿Recuerdas cuando tu personaje intentó exhibir una obra que denunciaba los abusos de la salitrera y era censurada por Mercedes (Delfina Guzmán)? Finalmente, la apuesta original se presentaba de noche, sin autorización de la administración…
Me acuerdo por la grabación de esa escena, era de noche. En ese frío que calaba los huesos en el desierto, en el teatro de Humberstone. Ahí volvemos a reflejar la realidad de las cosas que se viven en este país. La censura ha estado presente en este país desde que Chile es Chile. Por lo tanto, la teleserie se hace cargo de ese lugar. En ese lugar de censura que igual lo haces, pero a través de un lugar mucho mas oculto, solapado. También forma parte de los momentos que la gente recuerda.

¿Cómo fue grabar con terno los noventa capítulos en pleno desierto? Tu personaje sólo tenía una vestimenta…
Sí, por eso se llamaba siete ternos, porque tenía uno solo y no podía tener siete. Era bastante agradable, a pesar que pareciera que no, por el desierto y el calor. Pero nunca tenía que esperar cambio de vestuario. Por lo tanto, siempre tenía la misma ropa para todas mis escenas, no me demoraba nada. Y lo agradecía mucho en las escenas nocturnas, porque ahí me podía poner mis buenas camisetas largas y buenos calzoncillos largos, y eso se agradece en el desierto de noche, porque el frío calador de huesos es más o menos importante. Ese es el personaje que recuerdo con más cariño. Este personaje estaba escrito como un hueso. Son estos personajes que no tienen por donde agarrarlos. Y a mí se me ocurrió que fuera tartamudo. Y ahí empecé a agarrarle la trenza a ese personaje. Y empezó a crecer, a crecer, a crecer, en relación a lo que te decía antes. Como personajes, a veces son súper chicos, pero en el camino, a puño de puro trabajo, empiezas a hacerlo crecer. Y eso es una satisfacción súper grande con mi trabajo. Esos personajes que al principio son “ya, como que podrían no estar” y que después empiezan a adquirir una importancia, fundamentalmente por tu trabajo, para mí eso es muy bonito.

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Rómulo estaba enamorado de una de las hermanas Paita, interpretada por Claudia Cabezas. ¿Cómo fue el trabajo junto a esta actriz?
Maravillosa, la Claudia es una de mis grandes amigas. Y, de hecho, me acuerdo que estuvimos todo el año enamorados. Porque, además de hacer “Pampa Ilusión” después el segundo semestre hicimos “Las Tres Hermanas”, por lo tanto, cuando estrenamos la obra yo le dije, “tú te das cuenta que hemos estado enamorados durante todo el año?”. Se convirtió en una amiga de esas que están ahí siempre. Y que, a pesar de no vernos porque ella está en Valparaíso, siempre veo su trabajo, la sigo, le mando WhatsApp, estamos siempre acompañándonos. Es una compañera muy talentosa, muy trabajadora, muy seria, muy enojona, pero a mí me encantan los enojones porque también soy enojón. Por lo tanto, logro entrar muy bien en ese lugar de rigor y disciplina que requiere el oficio. Y, además, los dos somos Aries, así que estamos ahí, dándole, dándole. Las escenas se hacían de una forma muy llevadera, por el nivel de profundidad, llegábamos a encontrar los pliegues de las escenas, porque la idea es comenzar una escena de una forma y terminarla diferente.

A tu parecer, ¿“Pampa ilusión” es el mejor trabajo de Vicente Sabatini?
Yo creo que sí. De hecho, me atrevería a elevar el comentario a que “Pampa ilusión” es la mejor teleserie que se ha hecho. No solamente en términos de producción, sino en términos de la visión histórica que plantea contar una historia así de épica y así de contundente. Yo siento que Vicente logró refinar el trabajo a un nivel muy interesante y muy profundo con esta teleserie. En que los personajes eran muy profundos, cada personaje era una hebra interesante de seguir, y que también en términos políticos y sociales hablan de una reflexión histórica de lo que se estaba viviendo en ese momento también como país. Pinochet estaba preso en Londres, con este personaje que hacía el Tito Noguera, que era como una suerte de secuestrado en su propia casa, había un paralelo histórico muy interesante. Para mí es la mejor teleserie que se ha hecho. Y no tiene que ver solamente con el rating, porque se tiende a creer que si la teleserie fue súper vista es sinónimo de éxito. Para entenderlo de cierta manera sí lo es, no quiero que se mal entienda, porque a esta teleserie le fue muy bien en términos de rating, y hay muchas otras que les ha ido muy bien. Pero para mí ,lograr encumbrar a hacer la mejor teleserie, entendiendo que lo mejor y lo peor son parámetros tan subjetivos, sobre todo cuando estamos hablando de elementos culturales, para mí tiene que ver con un montón de tics que esta teleserie fue llenando. No solamente tenía que ver con la calidad de los textos, la calidad de la historia, sino con todas estas otras cosas que te he ido mencionando.

¿Estuviste considerado para participar en “El circo de las Montini”?
Sí, pero yo opté por no estar. De hecho, al final de “Pampa ilusión” Vicente nos citó a todo el elenco para llamarnos para la próxima teleserie. Y era algo inédito que nunca se había hecho y todos nos quedamos sorprendidos. Que llamaran a todo el elenco para la siguiente teleserie antes que se terminara de grabar la teleserie anterior, era inédito. Y era porque la cantidad de entrenamiento que requería “El Circo de las Montini” no podía ser menos de seis meses. Y nosotros, con suerte, el entrenamiento que lográbamos establecer entre teleserie y teleserie era de dos meses. Pero para el nivel de rigurosidad que plantea el entrenamiento del oficio circense eso requería por lo menos seis meses de entrenamiento y práctica. Y yo ya tenía un viaje a Nueva York armado, listo. Entonces yo sabía que esa siguiente teleserie yo no la iba a hacer. Por lo tanto, yo fui donde Vicente y le dije “gracias, pero yo no la puedo hacer”. Y todo el mundo me decía “¡¿pero, cómo?!”. “¡Es que ya tengo estas prioridades!”

Pudiste ver esta teleserie?
Sí, desde allá vi los primeros capítulos. Pero algo pasó, porque yo después que volví de Nueva York, volví al elenco de Vicente con “Puertas Adentro” el año 2003. Y algo había pasado en el elenco que ya no era lo mismo…

¿Por qué?
No lo sé. Parece que hubo un desgaste, todo el periplo de exigencia de esa teleserie fue tan grande que estaban todos desanimados. Yo volví a “Puertas Adentro” y había un desánimo en el elenco que yo logré percibir de una manera que me empezó a afectar a mí. Fue súper loco lo que me pasó a mí en esa teleserie. Yo venía de Nueva York… “¡Ah, volvamos!”… Y llegué a un terreno como inhóspito. Que no me había pasado antes, porque era un agrado trabajar. Y algo había pasado, la gente estaba como enojada, la gente se quería ir luego. Y justo a “Puertas Adentro” no le fue bien porque estaba compitiendo con “Machos” y vino un desánimo. Tenía compañeros que decían “ah, te ven ene”. Y yo miraba para el lado y decía, “hueón, ¿cómo haces ese comentario?” “¡Date con una piedra en el pecho!”. Además, yo venía con una perspectiva distinta porque venía de afuera también. Ya lograba distanciarme con el trabajo lo cual me hacia percibir el trabajo ya no desde la perspectiva de ganamos o perdimos. ¿Te acuerdas de la guerra de las teleseries? Había gente que se las lloraba heavy, y yo decía… Es trabajo, y si hay para todo el mundo, tanto mejor. Pero no sé, fue raro, muy particular.

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¿Crees que se eligió una historia para ser grabadas en Santiago debido al desgaste del elenco?
No, yo creo que no. Al ser una teleserie tan social, ya que estamos hablando de la toma de Peñalolén, se construyó una toma en “La colmena” de Chilefilms, y yo entraba en este espacio y lo encontraba maravilloso porque lograba observar el afuera desde adentro, desde el término de la fotografía. Lograba parecer exterior. Yo creo que una teleserie así de social no le cayó tan bien a la gente en TVN y a la gente tampoco le gustó verse reflejada tan crudamente. En relación a esta otra historia que era mucho más “atractiva” que era “Machos”. Y sacábamos 30 puntos, y éramos la teleserie perdedora. ¿Y hoy en día quien saca 30 puntos? ¡Y la gente estaba desganada! Había mucho colega que estaba desganado porque, pucha… Ahí me pongo un poco crítico con el gremio también.

¿Cómo te preparaste para interpretar a Mario, el recolector de basura en “Puertas Adentro”?
Estuvimos trabajando en camiones de basura, previamente. Teníamos un profesor de hip hop. Yo le empecé a agarrar toda la particularidad vocal, como hablaba. Y había todo el tema de lenguaje que uno no manejaba, porque uno no forma parte de ese nicho, en donde tienes que hacer un trabajo de preparación y de investigación. Fue muy entretenido, además que andar en un camión de basura, si le sacamos el tema del olor, es muy entretenido. Pero el olor a veces era… (repugnante). Sin embargo, andar en el camión colgado era muy entretenido.

Luego de “Puertas Adentro” no volviste a estar en las teleseries de Sabatini. ¿Te llamaron para “Los Pincheira”?
Sí. Y también dije que no. En New York vi las Torres Gemelas caer. Fue una bofetada de historia que me hizo escribir un texto dramático, escribí una obra de teatro. Y cuando volví quise hacer esa obra, y justo me coincidió cuando ellos empezaron a grabar “Los Pincheira”. Y me llamaron, me llamaron… Y yo no contestaba. Y en algún momento contesté. Y Vicente me dijo: “¿Qué onda, te la estás dando de estrellita que no estás contestando el teléfono?”. “No, Vicente, lo que pasa…”, y le conté que tenía esta obra que había escrito en New York, que yo sentía que si no la hacía en ese momento la iba a tener como una espina, que te queda ahí clavada. Además, yo sabía que él estaba armando el nicho de las teleseries nocturnas y le dije que me interesaban mucho más ese nicho que las teleseries vespertinas. Y que me considerara para la siguiente teleserie nocturna y que me dejara sin hacer “Los Pincheira” para yo poder dirigir la obra. Y de ahí nunca más supe de nada. Y de ahí nunca más me llamaron, no sé qué pasó ahí. Igual uno después se desconecta, el abaratamiento de costos empezó a mermar la calidad de la producción, la calidad de los textos, el número de actores se empezó a reducir, yo ya sentía que había un desajuste energético en el elenco, uno ya leía ese desgaste en la gente, como esas malas caras de ir a grabar. Una cosa llevó a la otra. Y empecé a desentenderme de la ficción y coincidentemente también comenzó el periodo de la decadencia de la televisión. Logré salir del bote antes que se hundiera. Logré desenmarcarme de una época en donde la televisión empezó a entrar en unos temas que a mí me dejaron de interesar, como la farándula. Luego comenzaron a entrar las redes sociales. Nosotros estábamos expuestos en una época donde no había redes sociales lo cual es un alivio porque uno hizo una cantidad de locuras y que bueno que no haya un registro de ello (Ríe).

Actualmente estás grabando “La Torre de Mabel”, la nueva nocturna de AGTV para Canal 13…
Sí, estoy haciendo un personaje que entra desde el capítulo 50 y tanto. Volví a Canal 13…

¿Entraste antes de la pandemia?
Entré justo en ese paréntesis de mayo. En esas dos semanas, grabé un día viernes y volvimos a entrar en cuarentena. Te estoy hablando de mayo y volvimos a fines de agosto. Por lo tanto, entre mayo y agosto estuve en ese limbo de volver y no volver. Ahora en septiembre volvimos a grabar y ya casi se está terminando la teleserie. Ahí siguiendo todos los protocolos, haciéndose exámenes todas las semanas, ensayando con mascarillas, igual bien freak todo el protocolo. De repente veo el estudio y es como entrar a la Nasa.

¿Se evitan las escenas íntimas?
Se hacen igual, teniendo a toda la gente testeada constantemente, periódicamente, y siguiendo estos protocolos. Uno ensaya con mascarilla, pero a la hora de gritarte, te grito a la cara. Y sigue habiendo escenas de besos, pero antes de esas escenas los actores involucrados se hacen el PCR, por lo tanto, las escenas se rotean en un día, entonces, te aseguras que los involucrados en las escenas de besos estén libres de Covid. Yo creo que la gente no se va a dar cuenta si se grabó antes o después del Covid. Y, además, se logra poner en la historia la pandemia. También existe esa inmediatez de, ok, tenemos pandemia, pongámosla en la historia.

¿Cómo se llama tu personaje?
Rafael Aranda, un fiscal. Es como el fiscal típico que llega a resolver todos los embrollos que han hecho los personajes durante todo el principio de las teleseries. Él llega a resolver al final.

¿Qué historia o en qué lugar te hubiese gustado hacer una teleserie?
Me hubiera encantado hacer una teleserie de los años cincuenta. Pero yo en “Estúpido Cupido” estaba en el colegio. Me hubiera encantado, con la profundidad de Vicente, porque después hubo otras de los ‘50 que no lograron ese nivel de profundidad y de humor en la historia. ¿Y el lugar? En la Antártida, pero sostener un elenco tanto tiempo en ese lugar tan extremo es difícil.

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