Catalina Guerra y su experiencia con Vicente Sabatini en “Amor a la Catalán”: “Estaba aterrada de trabajar con él”

La reconocida actriz nacional ha realizado más de veinticinco teleseries desde su debut en televisión, periodo en el que se ha visto enfrentada a grandes sucesos de su vida personal, como la muerte de su pareja, el productor de teleseries, Ricardo Larenas. “Me dieron una semana como para que me repusiera y de ahí tuve que seguir grabando”, recordó la hija de Gloria Münchmeyer y Jorge Guerra en el podcast “Impacto en el Rostro”, en Spotify.

También, Catalina Guerra nos comentó sus nervios al momento de trabajar con Vicente Sabatini en “Amor a la Catalán”, a pesar de su experiencia. “Él tenía una rigurosidad que yo no había visto nunca”, manifestó.

¿Qué relación tenías con las teleseries antes de tu debut en “Acércate Más?
Desde que tengo uso de razón acompañé a mi mamá a todo lo que pudiera: a sus ensayos, a las obras de teatro, a los estrenos, en fin, siempre ayudándola a pasar los textos, primero en el teatro, luego con “La madrastra”. Me acuerdo que salía del colegio y me iba a ver cómo grababan. Siempre fui súper cercana al medio teatral y televisivo. O sea, prefería estar en los sets de televisión antes que en mis horas de juego o estudios.

¿Y cómo notabas el cambio entre el teatro y la televisión cuando eras niña? ¿Encontrabas que uno era más entretenido que el otro?
Lo que pasa es que el teatro tenía toda la mística que era de noche, entonces era un mundo mucho más adulto. Yo siento que me aburría un poco más en el teatro porque había procesos creativos en que yo me quedaba un poco afuera, pero igual era atractivo. La televisión era de día, lo que era súper importante, porque ocupaban mis horas de entretenimiento de una niña normal. En ese proceso descubrí que hay tres cosas que uno debe tener en televisión: llegar a la hora, saberse el texto y tener un buen trato con la gente. No quiere decir que en el teatro no, pero son idiomas muy distintos. En el teatro yo veía a mi mamá transformarse en otra persona realmente y en la televisión siempre había algo de ella.

¿Recuerdas el impacto que tuvo “La Madrastra”?
El mismo día que salía el último capítulo al aire, que había como paro nacional, o sea, más cuarentena que ahora, ahí le llegó un sobre a mi mamá que decía “tú eres la asesina” y casi se murió. Entonces nos tuvimos que cambiar de departamento porque realmente lo que ocurría en las calles era un fenómeno. La gente no sabía distinguir entre la realidad y ficción; entonces, decían “si yo me llego a encontrar con esa señora la mato” (ríe). Ante tamaña amenaza, nos fuimos a vivir al departamento de la hermana de mi mamá a estar medios fondeados.

Tu debut en teleseries fue en el año ‘90 con “Acércate Mas”. ¿Te acuerdas de cómo fue este proceso de iniciar tu primera producción?
Mis papás eran muy famosos en Chile, por lo tanto, yo no tenía la certeza de cómo iba a ser la relación con mis compañeros en cuanto a mi proceso, o la comparación con mi mamá. También pensaba que podían decir que como era hija de la Gloria me “ponían buena nota”. Todo eso me tenía muy complicada y enredada. Entonces, por eso decidí irme a estudiar a Buenos Aires a los diecisiete años. Me vine un fin de año y fui a hacer el casting para “Acércate Más” y quedé. Pasé por el coladero, igual que los demás actores. Ahí me di cuenta que una cosa muy distinta es verlo de afuera que estar dentro, crear un personaje es difícil. En las primeras escenas yo tenía un cuerpo de palo, no sabía qué hacer con mi cuerpo, encontraba que mi voz era horrorosa, me veía en el monitor y la imagen era muy fuerte, fue complejo. Ahí me enamoré del productor de la teleserie, con quien tuve mi primera hija. ¡Entonces también hubo romance! (ríe)

En el bloque del ‘90 al ‘94 hiciste cinco teleseries. “Acércate Más”, “Ellas por ellas”, “Fácil de Amar”, “Doble Fuego” y “Top Secret”. ¿Cuál de esas fue para ti más especial?
Es difícil acordarse exactamente porque he hecho muchas teleseries, pero en “Fácil de Amar” yo me enteré que estaba embarazada y hacía un personaje que era modelo y llevaba tres o cuatro meses grabando cuando me enteré. Recuerdo que teníamos que hacer una escena con Cristián Campos en donde yo era una niña que lo esperaba por mucho tiempo, entonces cuando él finalmente llega, yo le abro la puerta e… “impacto en el rostro”, fin del capítulo. Y entre medio yo bajo corriendo a llamar por teléfono para saber el resultado del examen de embarazo y me dicen que es positivo. Y ahí me cambió todo. Entonces en la primera escena del capítulo que seguía, yo ya era otra persona. Era un momento en mi vida demasiado importante y yo creo que se notó. Fue muy inmediato. Yo era modelo en esa teleserie y lo pude seguir haciendo ya cada vez me fueron haciendo planos más cerrados. Terminamos casi grabando solamente los ojos.

Tuviste que vivir un momento muy duro grabando “Doble Juego”…
Ahí se produjo un episodio que marcó mi vida. Cuando Antonia, mi hija, tenía cinco meses, se murió su papá, el productor Ricardo Larenas, entonces yo entré a trabajar con este duelo encima. Entonces creo que durante toda esa teleserie estuve como en modo automático, porque fue una pérdida muy grande y repentina. Yo tenía veintidos años, era viuda y con una guagua de cinco meses. Me dieron una semana como para que me repusiera y de ahí tenía que seguir grabando, porque era lo que había que hacer también. Había que salir adelante, sacar a mi hija de la manera más sana posible. Por supuesto que ahí estuve muy acompañada de mi mamá, con mis amigas que iban haciendo los relevos para cuidarla.

En el último capítulo de “Amor a Domicilio” se muere tu marido interpretado por Guido Vecchiola. ¿Fue inevitable vincular esa escena con la muerte de Ricardo?
Claro, fue heavy. Esa escena fue bien terrible, fuerte y duraba todo el día. La otra parte de los personajes eran como lo opuesto, porque se casaban, había flores, etc, mientras que yo estaba en la cama con mi marido que agonizaba y agonizaba. Yo recuerdo que al leer esa escena pensé que no la iba a poder hacer, porque al hacerla me iba a ir a la cresta, porque en el fondo era la despedida que yo no había podido tener en mi vida con mi pareja. Entonces ahí se confundía todo. Nosotros como actores estudiamos para recrear y representar situaciones, no vivirlas de verdad ni usarnos a nosotros mismos, porque si no, llegaríamos hechos pebre para la casa y duraríamos muy poco, nos volveríamos un poco locos. Pero yo recuerdo que esa escena estaba muy mezclada con lo que yo estaba sintiendo. Fue una sesión de grabación muy larga y recuerdo que después de eso estaba la fiesta de fin de teleserie porque ya era lo último que se grababa. Y yo no pude ir, me tuve que ir a mi casa porque me quedé seca.

En el año ‘96 le hiciste la vida imposible a Catty Winter en “Adrenalina”. ¿Te acuerdas de Francisca Undurraga?
Trataba de ser la pareja del personaje de Luciano Cruz Coke y sacar a la Cathy Winter del lado. Yo era más grande que ella, entonces trataba de quitárselo permanentemente. Esa teleserie fue muy entretenida y está dentro de las teleseries icónicas. Si tú vas a una disco y tocan el tema central, todo el mundo lo baila. Yo creo que ahí se hizo un trabajo bonito con los personajes. Recuerdo que siempre me daban personajes que eran fuertes de carácter, entonces generaban situaciones que eran quizás mucho mas entretenidas que en los protagónicos, que a veces eran mucho más víctimas de la situación. Siempre me dieron la mala, la histérica, la loca, la fuerte… entonces eso me parecía bien, me gustaba.

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Antes que hablemos de tu cambio a TVN, me gustaría que
recordáramos a Mónica de “Soltero a la medida” …
¡Ése fue el primer sitcom que hicimos en Chile! Ese personaje yo me lo tuve que ganar, porque el personaje protagónico era esta niña que era fea con plata con un cabro bello y en la ruina “sin apellido”. Era como una cosa de apellidos versus plata. Una familia que tenia que juntarse por una cosa de conveniencia. Mi personaje tenía que ser una cabra muy fea. Yo en esa época era linda linda (ríe), entonces fui donde Ricardo Vicuña, a él le dije que yo podía hacer el personaje, que no me demoraba nada en ponerme fea. Además, pensé… si la fealdad no estaba en la cara, el personaje debe tener una cinética que sea distinta, que se moviera distinto. Que tuviera en la actuación algo indeseable, que terminara siendo chistoso al final. Ahí yo me recorte el pelo, me puse las orejas hacia afuera, me pinte las cejas y le dije: éste es el personaje. Y resultó súper gracioso porque era un personaje como sacado de un cómic. A mí me encantó hacer ese personaje.

¿Te reías mucho durante las jornadas de grabaciones?
Sí, porque yo pasaba por arriba de los muebles, me sentaba, me acostaba, me paraba, era como un resorte. Entonces la cinética era muy distinta a la de los otros personajes.

En el año ‘99 te cambias de canal y te vas al equipo de María Eugenia Rencoret para trabajar en “Aquelarre”…
Lo que pasa es que ahí yo quedé embarazada, entonces tuve que cerrar mi contrato con Canal 13, me quedé en la casa durante ese periodo y descontinué. De ahí paso poquito tiempo y la Quena me llama y me contratan en TVN. Entonces fue maravilloso para mí tener la posibilidad de insertarme de inmediato, porque yo soy bien trabajólica y nunca he estado sin hacer teleseries o teatro.

Nuevamente trabajaste muy de cerca con Lucy Salgado…
Sí. Yo trataba bien mal a las floristas. Yo tenía además una relación bien especial con la Coca Guazzini. Yo era su capataz y se nos ocurrió tener una relación como rara. Yo le peinaba el pelo y le hacía masajes, por ejemplo. Eran como escenas pseudo lésbicas, entonces nos cagábamos de la risa.

Cuando te ofrecen el personaje de Silvana y lo empiezas a leer, ¿te gustó? ¿Era un desafío hacerla?
Era un personaje muy entretenido porque era súper ambicioso, era doble, tenía poder y usaba ese poder. Yo he hecho hartos tipos de personajes y he hecho mucho humor. Probablemente la mitad de las veces me llaman porque hay una veta humorística o algo divertido que yo sé que tengo, pero a mí me gusta mucho hacer personajes dramáticos también. Lo que pasa, es que yo me encanto mucho con las fragilidades de los seres humanos, entonces me gusta saber qué hay detrás del personaje que lo llevan a tener esa personalidad.

He leído por ahí que no te gustó tu personaje en “Amores de Mercado”. ¿Es verdad?
¡Es el personaje más fome que he hecho en la vida! (ríe). ¡Que le pongo color! Lo que pasa es que partía repartiendo café y estuvo la mitad de la teleserie haciendo eso, entonces recuerdo haberle dicho a la Quena que me habían dicho que el personaje era otra cosa, que no era lo que habíamos hablado. No era que no me gustase, pero que si iba a servir café toda la teleserie, quería saberlo de antemano. Antonia era, finalmente, una secre que le servía café a todos, es algo que lo podía haber hecho cualquier persona. Entonces me aburrí un poco hasta que llegó el romance con Claudio Arredondo. Recuerdo que hubo una escena en que nos quedamos encerrados por días. Eso fue entretenido. Pero bueno, de la teleserie más vista, es el peor personaje que he tenido (ríe). Pero así es la pega. Te tocan buenos y malos papeles, buenos y malos compañeros, actores que son mejores que otros. Es casi como estar en la rueda de la fortuna.

Pero al año siguiente tuviste tu revancha con Margot de “Purasangre”…
¡Oh, que me reí con ese personaje! Ahí lo pasamos muy bien. Yo me apropiaba totalmente de la casa de “los reyes del mote con huesillo”, llegaba incluso con mi yegua y la dejaba en el patio. Había un triángulo amoroso muy entretenido entre Edgardo Bruna y Coca Guazzini. Recuerdo también que la Coca tenía un problema para hablar y hablaba como “ashí” porque se le ocurrió que todas las “eses” iban a ser así. Era genial. La Ana Reeves tenía como un problema de apnea, que para sacarla de ese estado había que ponerle la canción de Elton John para Lady Di. Entonces eran ataques de risa porque era muy insólito cómo se resolvían esas escenas. Era un goce.

 En “Destinos Cruzados” hiciste a Maribel, una bailarina del Passapoga…
Claro, era una bailarina que llevaba la plata para la casa, pero no me acostaba con los clientes. Uno de los clientes permanentes era Cruz-Coke.

¡Otra vez con Cruz-Coke! En hartas teleseries trabajaron muy de cerca…
Así es. Y nunca tuvimos un romance en la vida real (ríe).

¿Un personaje muy exigente?
Yo había estudiado danza, así que no fue tan difícil. Lo difícil era que todos los jueves teníamos que ir al Passapoga, bailábamos todo el día y lo tenía que hacer con un bikini nomás. La cámara tapaba las pechugas, pero yo tenía que quedar en pelota. Y todos los extras que estaban en las grabaciones eran extras de verdad, un montón de caballeros que yo no conocía. Pero era un nivel de exposición que lo hacía muy incómodo, estar tanto rato en eso. Yo recuerdo que le decía a la Quena que cuando me abriera la camisa, tratemos de que el plano quede bien a la primera. Porque era súper intimidante estar a teta pelada. Era súper fuerte. Yo recuerdo que me iba llorando para la casa, como violentada. Pero sumando y restando, el resultado final de Maribel fue muy bonito.

Años más tarde tuviste que interpretar a “Perla”, en “Mujeres de Lujo”, la primera nocturna de Chilevisión
¡Cómo olvidarlo! Bueno, ahí sí que tuvimos que entrenar. Si antes tuve que aprender a bailar, aquí la cosa era más terrible. Teníamos que ser mujeres de lujo. No nos podíamos ver “más o menos”, teníamos que vernos caras y no caer en algo vulgar y eso no era fácil. Entonces ahí tuvimos que tener clases de todo, de cómo andar en taco alto, clases de baile, de caño, había sesiones de como caminar y de tener la actitud perfecta. Conocimos a una mujer que es la que contrata a las escorts de Santiago, que es súper elegante, que nos daba tips de cómo son. Por ejemplo, no usan perfume, no tienen marcas de bikini, ellas eligen a los hombres con que quieren estar, en fin. Ya rodando la teleserie, era todo muy divertido, ya que teníamos extensiones de todo, de uñas, de pestañas, de pelo, etc. Al principio yo tuve una mala experiencia porque fui donde la peluquera que le hacía el look a todos y me quemó el pelo. De ahí me hicieron una cabeza que tenía como dos mil extensiones. Mi pelo costaba dos millones y medio de pesos. Ahí me iluminaban harto el pelo…

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En el 2008 con la teleserie “El Señor de la Querencia” se mostró por primera vez en el formato una mujer abiertamente lesbiana. En “Mujeres de Lujo”, “Zafiro” se enamora de “Perla”…
Fue muy interesante trabajar con la Catalina Olcay, con la que tenía una relación lésbica. Yo recuerdo haber comentado con los guionistas que es mucho mas interesante que ella se enamore de la más vieja y no que ésta lleve “por mal camino” a la más joven, y así finalmente quedó. Las escenas que teníamos eran con besos, con tirarse a la cama, con todo. Y me acuerdo que la Cata tiritaba, era muy extraño. Bueno, ahí lo único que había que cambiar era el objeto de deseo. Pero hay que mirarlo con el mismo amor. Porque en la teleserie nosotras nos amábamos. Yo nunca había besado a una mujer. Ni en teatro ni en la vida. Los labios eran tan suaves. Fue bonito.

¿Algún susto antes de grabar?
No, no me dio susto, era como el desafío de poder hacerlo bien. Yo tengo muchas amigas lesbianas y muchos amigos gay, por lo tanto, para mí no era un mundo tan extraño. Fue una provocación muy interesante que tenía que quedar fino, elegante, sensual, que tú vieras a estas dos mujeres y vieras un cuadro lindo.

No tenía contemplado preguntarte por Bruna San Juan de “Primera Dama”…
¡Es uno de mis favoritos!

¿Qué era lo más atractivo del personaje?
Hacer ese personaje fue uno de los desafíos más grandes que he tenido en teleseries. Yo te contaba que me gustaba trabajar en los personajes más dramáticos y en este caso esta era una mujer que vivió todo lo que una mujer puede vivir para irse a la cresta. Era una mujer absolutamente sometida, que quería desarrollarse como persona y como profesional. Era la mujer del presidente, después es humillada y desplazada por Sabina, que embauca a mi marido en mentiras. Ella queda atrapada en situaciones producidas por esta niña donde todo Chile se le va en contra porque se cree que ella tiene un amante. Además, era alcohólica y sola. Entonces para mí fue precioso hacer ese personaje. Tenía que hacer escenas en donde mi personaje estaba súper ebria, pero eran escenas largas y tenían tanto contenido que a mí se me tenía que entender todo lo que decía. Hacer de curado es lo más difícil que hay. Especialmente hay una escena que tuve que hacer con la Carolina Arregui y salió notable. Ahí me asusté, porque me creí. Yo generalmente soy súper autocrítica y siento que siempre podría hacer una escena mejor de lo que quedó. Así que Bruna San Juan está en mis top ten.

Vamos a pasar a “Soltera Otra Vez”. Ahí interpretaste a esta jefa de Paz Bascuñán tan graciosa…
¡Jefa de patio! Sabes que ese personaje me encantaba porque podía hacer cualquier cosa. Yo tenía permiso para subirme arriba del escritorio, para entrar gateando, andar con los zapatos en la mano. Viste que uno generalmente tiene una continuista que te va diciendo como vienes de una escena, desde la ropa y peinado, hasta el estado anímico del personaje. Es una labor súper importante ya que las teleseries se graban “picoteando” de un capítulo a otro, se graban en desorden. Pero en este caso daba lo mismo, porque era tan bipolar, oscilante, que podía reaccionar de cualquier forma. Era sola, absolutamente sola. A ella le llegó esta inmobiliaria y no sabía trabajar, hacía como que trabajaba y tenía como una soledad infinita que la hacía proyectarse absolutamente en la Paz Bascuñán, que la trataba como si fuera su hija, la invitaba a hacer pijama party, la trataba pésimo, le decía que tenía el cerebro chiquitito. Había gente que me escribía para decirme que sus jefas eran iguales y que se metían en todo.

¿Qué fue lo mejor de “Amor a la Catalán, tu última teleserie?
Lo más notable fue trabajar con Sabatini. Él tenía una rigurosidad que yo no había visto nunca. En el estudio no vuela una mosca. Te exige que llegues con todas tus líneas aprendidas. Nosotros estamos acostumbrados a ensayar con el texto en la mano, en cambio, Sabatini no te aguanta un sólo texto en el set, entonces tú tienes que aprenderte tus quince escenas en la casa y sabértelo todo de memoria. Y es un tipo que sí tu no haces la pausa, te corta. No pusiste la coma y te dice “Cata… no… corta… vamos de nuevo”, entonces yo estaba aterrada de trabajar con él. Bueno, del respeto uno pasa al susto, pero después le fui encontrando la mano y a coordinarnos. Una lleva treinta años trabajando en esto, pero una se sienta al lado de él como si fuera aún de escuela, entonces había un nivel de tensión en mí que yo me iba como con un ladrillo en los hombros. Bueno, en un momento ya dije que esto no me podía seguir pasando, porque tanto respeto me estaba apretando en vez de irme soltando. Tenía que estar relajada para que se me ocurrieran cosas o de jugar, porque tenía un papel en donde se podía jugar mucho. Yo creo que lo más notable fue eso, trabajar con un tremendo director como es él. Finalmente me tiré a la piscina y todo resultó muy bien.

¿Cuáles serían tus 3 personajes favoritos?
Mónica de “Soltero a la medida”, Bruna San Juan de “Primera dama”, Milena de “Soltera otra vez”. Todas ellas salían de lo común.  

¿Y el bonus track?
¡Toda mi pasada por “Mediomundo”!

¿Cuál es tu reflexión sobre la realidad de los artistas y de muchas otras personas que no lo están pasando bien en esta emergencia sanitaria?
Hay muchos actores que tienen la posibilidad y han tenido súper buenos contactos para hacer teatro online y que tienen la creatividad y cachativa de hacer cosas así. Yo, con respecto a la tecnología, soy súper atrasada. Ellos han hecho grupos de trabajo súper interesantes que han buscado nuevas plataformas como “Zoom” para tratar de hacer algo parecido a una obra de teatro. Y está súper, ya que va a pasar mucho tiempo antes que volvamos a las salas de teatro. La mayoría de los actores estamos como “Impacto en el Rostro” todavía. Porque todas las producciones para las que servíamos son imposibles de hacerlas. Y por un largo tiempo. Entonces hay una pena muy grande, es como estar en tierra de nadie y hay una angustia muy potente. Hay muchos actores que sólo sabemos actuar.

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