Llegó la sexta y última jornada de festival. Una noche llena de música urbana y con el humor diferente a cargo del Pastor Rocha.
Animadores.
Una última noche relajada y sin contratiempos. Karen y Rafa completamente posicionados de su rol.
Paulo Londra.
Tal como sus compañeros de generación, merece más respeto artístico del que recibe. Una puesta en escena de primer nivel, donde mezcla diversos estilos y hay mezcla de música en vivo con pistas. Otro momentazo fue la sorpresiva aparición de una de las mayores cuentas pendientes del evento, la rapera chilena Ana Tijoux para interpretar su tema «1977». Un artista sólido, con gran capacidad para rapear, y con un gran manejo de escenario. Merecida doble gaviota.
Pastor Rocha.
Entró algo hiperventilado, pisando el acelerador a fondo. Desde el segundo cero tuvo control absoluto del escenario. Cuando se sacó la chaqueta y empezó a hablar como Santiago Endara, bajó un cambio y mostró su mejor versión. A veces costaba creer que era Pastor. Rutina jugada, cargada de observaciones y conocimiento, muchas veces al filo del reglamento, y donde repartió con ventilador. Hizo un notable retrato del mundo evangélico, con los cultos, las costumbres, la hermana Nancy y todo, y transformó una realidad de nicho en algo mainstream y fácilmente entendible. Una verdadera metralleta de tallas. Pegó palos a Sammis Reyes, al Pastor Soto -lo que me dio mucho gusto-, al Pastor Durán y otros adictos al diezmo, Piñera, a Kast, a Kathy Barriga, a Marcela Cubillos, y por ahí le llegó su raspadita a la Iglesia Católica.
Pastor Rocha es a Las Iluminadas lo que George Carlin y Coco Legrand son a Benny Hill y Ernesto Belloni. Lo suyo no es una mera caricatura a los evangélicos. Es una crítica profunda y asertiva a las pellejerías de ciertos líderes religiosos, proveniente desde alguien que conoce la realidad desde dentro y con estudios de Teología. A los pastores que se quejan de Rocha simplemente les cayó el poncho y no quieren ponérselo. Su bis fue brillante, el mejor de todos. Su discurso al aceptar la Doble Gaviota dejó en claro su posición, y se instala en la galería de los más memorables en la historia del evento. Creo que, a la larga, esto le vendrá muy bien a la comunidad evangélica. Hizo más por ellos que mil prédicas en las plazas y milagros fakes.
Pablo Chill-E.
Desde su show sinfónico auspiciado por Red Bull quedó claro que lo suyo va en serio, y que tienes ambiciones de trascender internacionalmente. Su soberbia presentación y puesta en escena no tiene nada que envidiarle a la de sus colegas del otro lado de la cordillera. Como era de esperarse, lleno de invitados. Incluyó elementos andinos, organilleros y chinchineros. Se dio el lujo de homenajear a sus compañeros urbanos fallecidos, incluyendo un impactante minuto de silencio por Galee Galee. Esto supera por mucho la caricatura del reggaetonero maleante con bling bling y letras misóginas. Aquí hay profesionalismo, hay trabajo artístico de alto nivel. Merecida Doble Gaviota y una promesa de un futuro esplendor artístico para el crédito de Puente Alto.
Milo J.
Otro perjudicado por salir al cierre, en plena madrugada, y más encima con un atraso adicional por problemas técnicos. Estando en su mejor momento y siendo el artista más popular del evento superando a NMIXX y su disciplinado fandom, se merecía un mejor horario. Tal como sus compañeros de generación, hizo gala de una puesta en escena profesional, alucinante y ecléctica, con muchos elementos ancestrales, y donde trascendió del perreo y el trap, e incluyó otros sabores musicales. Invitó a Akrilla, la misma que cantó con Mon Laferte la jornada anterior, y se dio el lujo de versionar «Luciérnagas» de Silvio Rodríguez. Con el natural de Morón se completó la canasta limpia de Dobles Gaviotas y le dio el cierre a uno de los festivales artísticamente más sólidos de la historia.














