El jefe en tus zapatos: necesario aterrizaje en la realidad

Hace algún tiempo escribí una columna sobre “Undercover Boss” o “El Jefe Infiltrado”, docu-reality del cable en el cual altos ejecutivos de diversas multinacionales se infiltran en sus propias empresas disfrazados como empleados novatos a los que hay que preparar en los trabajos más básicos. En esa ocasión expresé mi deseo de que surgiera una versión nacional de este formato. Pues bien, este año Chilevisión y la productora Fábula cumplieron ese anhelo. “El Jefe en tus zapatos”, la muy bien lograda versión nacional de “Undercover Boss”, se transmite en el prime de los miércoles, obteniendo respetables ratings cercanos a los dos dígitos.

Chile es un país de castas, donde por historia las jerarquías han pesado mucho, y donde muchos añoran los liderazgos tipo Ricardo Lagos, asustados ante esta “chusma” irrespetuosa que protesta, marcha y cuestiona a los poderosos hasta el punto de no creerles y perderles el miedo y el respeto. En este contexto, un programa donde los “poderosos” se ponen en el lugar de sus empleados y viven en carne propia sus pellejerías resulta sumamente atractivo.

Lo que se ha visto transcurridos los 4 primeros capítulos es que se replica el esquema de la versión original, haciendo las adaptaciones necesarias a la idiosincrasia nacional. La idea es atractiva: ver a los “jefes” haciendo el trabajo de sus empleados, viviendo en carne propia lo que hacen y las condiciones en que viven mientras ellos toman decisiones cómodamente sentados en sus oficinas. Ahí se dan cuenta que labores como la limpieza de baños, el hacer completos o vender ropa íntima, muchas veces miradas en menos a pesar de su importancia, son trabajos con grados no menores de dificultad, y que requieren gente competente y comprometida. Se echan de menos de la versión original: la parte final donde el jefe llama a una reunión a todos sus trabajadores y les muestra un video de “bloopers” con sus chascarros de “infiltrado”; y la descripción de qué pasó con los empleados después de su reunión con el jefe.

En esta aventura, todos ganan: el jefe gana un buen baño de humildad y de aterrizaje a la realidad, información valiosa y de primerísima fuente para su labor ejecutiva e incluso aprendizajes para la vida; los empleados (al menos los que hicieron bien las cosas y no los pillaron en falta) logran ser escuchados y obtienen reconocimiento por su labor; y la empresa se hace de una gran ganancia en términos de difusión e imagen corporativa.

Muchos se preguntan hasta qué punto lo que se ve en pantalla es fidedigno o está maqueteado en algún grado. Por otra parte, los premios e incentivos que dan los jefes son modestos en comparación con los de la versión original. Mientras en Estados Unidos los jefes regalan cruceros por el Caribe, viajes a Disneylandia, pago de hipotecas y hasta financiamiento completo de estudios o gastos médicos, aquí la generosidad alcanza para fines de semana en la playa, pago de pañales, clases de baile o apoyo para el pie de un departamento. Realidades distintas, en todo caso. En Chile no tenemos el mismo flujo de riqueza que en Estados Unidos. Por otra parte, cabe preguntarse si en algunos casos como Doggis no sería mejor premio el aumentar los salarios y mejorar las condiciones laborales.

Hasta el momento, las empresas que han participado de “El Jefe en tus zapatos” han sido: Monarch (empresa familiar de producción de calcetines y ropa interior), Parque Safari (zoológico), Chic (venta de ropa íntima) y Doggis (cadena de comida rápida). Para la próxima semana se viene Vendomática (máquinas expendedoras). Todas empresas nacionales, construidas a pulso desde abajo por emprendedores de verdad que se ensuciaron las manos en su momento. Los “jefes” chilenos que hemos visto hasta el momento son gente de vida acomodada pero más bien sobria, sin los lujos excesivos y excéntricos de sus colegas de la versión original. En esas empresas parece existir clara conciencia de la importancia de que los jefes sepan lo que sucede en todos los niveles, y quizás por ello les sale natural aceptar este desafío. Los verdaderos emprendedores, como Constantino Kochifas, el “Conejo” Martínez, Miguel Piñera (en serio, el “Negro” es un emprendedor de tomo y lomo, mucho más que su hermano Sebastián) y Nicolás Copano son gente que conoce la pega porque la hace ella misma y que por tanto sabe de lo importante del contacto con su gente. En Chile las principales fortunas se han logrado a través de las rentas, la explotación de recursos naturales y la especulación financiera, y no existe la cultura del “self-made man” (hombre que se hizo a sí mismo) como en Estados Unidos. Aunque en este último tiempo muchos han hecho gárgaras con el concepto de “emprendimiento”, en general los emprendedores no son bien mirados, como bien señaló Pablo Hunneus en su libro “Nuestra Mentalidad Económica”.

Lo que sería realmente interesante es ver a otro tipo de empresa, y a otro tipo de jefe poniéndose en los zapatos de sus empleados. Pagaría por ver a un José Piñera, a un Sebastián Piñera o a un Eliodoro Matte sometidos a este desafío. Lamentablemente, estamos llenos de jefes y ejecutivos encerrados en torres de marfil, sin mayor idea de lo que pasa fuera de sus oficinas, y que suelen tomar decisiones que afectan a personas, familias y entornos laborales completos solamente mirando planillas Excel, en nombre de una distorsionada concepción de “eficiencia” y sin ningún otro tipo de consideraciones. Es gente típicamente de apellido vasco vinoso, proveniente de colegios privados (de esos en que te piden hasta el certificado de vacuna del perro para ver si te aceptan o no), que estudiaron en universidades de elite o “cota mil”, quizás con su buen MBA o posgrado en el extranjero, y que viven confinados en el barrio alto con vecinos y amigos de su misma clase social. El problema es que, por su misma formación, desconocen y les cuesta empatizar con realidades distintas a la suya, en especial de la clase trabajadora, lo que se suele llamar “falta de calle o de barrio”. Bajan de plaza Italia y se apunan. Es gente que no hizo su riqueza emprendiendo, sino que más bien a través de rentas, herencias, especulación financiera o empleos muy bien pagados. En muchos casos, gente cuya meta es obtener ganancia inmediata a como dé lugar, sin pensar en las consecuencias de sus decisiones. A esa gente le vendría más que bien pasar por esta experiencia. Me pregunto si se atreverían a aceptar el desafío.