Día 01: El Imperio de Ricky

Como todos los años, haremos un análisis de cada noche festivalera. Partamos con la inaugural, donde claramente Ricky Martin fue el artista que se robó la noche.

Animadores: Manejaron todo sin contratiempos. Carola de Moras regia, nerviosa en un comienzo, pero poco a poco se posesionó del puesto y supo ser una buena partner. Liberado de la presencia atosigante de Eva Gómez, Rafa fue el anfitrión y maestro de ceremonias que siempre debió ser. Gran estrategia hacer un backstage con Ricky Martin, con Nacho Gutierrez y la guapísima Carola Mestrovic para pasar a comerciales, con lo que se evitó un eventual “Torrojazo” y le facilitaron la vida a los “Locos del Humor”. Rafa se dio una vuelta inteligente para presentar el tema folclórico peruano.

Ricky Martin: Recuerdo los inicios de los 90, cuando Ricky vino de jurado al Festival como ex integrante de Menudo que actuaba en telenovelas, de pelo largo, con algunas canciones “oreja” y que, a pesar del delirio de las fans y el éxito de sus shows, era bien mirado en menos en términos artísticos, como el típico galán de telenovelas que se las da de cantante e iba a quedar en el camino como Carlos Mata, Roberto Vander, Fernando Palomo y tantos otros. Ahora, más de 20 años después, nos encontramos con un artista pop de clase mundial. Un espectáculo profesional, de primer nivel, con un ballet impecable y una gran banda de apoyo. Ricky es un gran entretenedor. Canta bien, mantiene su gran facha, carisma y dispone de un amplio repertorio de canciones, tanto en inglés como en español. Se llevó el tetra-pack, y además tuvo la generosidad de darle un tremendo aventón a Tommy Torres al hacerlo subir al escenario y cantar con él. Tal como pasó con Elton John el año pasado, su opción sexual no fue tema.

Locos del Humor: Prometieron rutina sin garabatos ni tallas de doble sentido, pero no cumplieron para nada y sacaron algunas “perlas” dignas de los “Viernes Sin Censura” de “Mentiras Verdaderas”. Rutina muy rápida (no dejaron tiempo para que surgieran las pifias) y con algunos momentos divertidos, efectiva para la Quinta Vergara y para el público chileno, pero los televidentes de A&E es muy probable que quedaran más colgados que Saddam Hussein. Se mandaron algunos chistes sobre países vecinos cuya adecuación a las circunstancias resultó al menos dudosa. Sacaron doble antorcha y una gaviota de plata que estuvo de más.

Competencias: El cantante rumano Arsenium integró el grupo que hizo la canción de la cual surgió la famosa parodia “Pluma Pluma Gay”, y eso se notó demasiado, pues su canción era demasiado parecida. México mucho baile, pero no me llamó la atención mayormente. El representante chileno Rufián Fuego es la versión rubia, cuica y tiesa de Américo. En Chile hay demasiados cantantes talentosos como para estar mandando a cualquiera a competir a Viña. ¿Por qué no le dan la oportunidad a Javiera Mena, Rodrigo Santa María, Daniela Castillo o Denisse Rosenthal, entre tantos otros? Bella la canción boliviana, una joya, hasta con clase. La canción hondureña tiene letra en “coa catracho”, equivalente a “Chilanga banda” y “Ch’ Bah Puta la Güeá”. Polache es como el tío de Residente de Calle 13. La canción peruana es otra perla musical altiplánica, que merecía mejor nota que la que dio el jurado.

Los Tres: Repitieron con Fernando González la gracia que hicieron con Pedro Carcuro en sus comienzos. Nadie discute su calidad. Su espectáculo fue impecable en lo musical, como es su costumbre. El tetra-pack lo tienen más que merecido. Sería injusto evaluar a Sebastián Cabib por una actuación. El tipo sabe con la guitarra eléctrica, tuvo una gran performance, pero reemplazar a un histórico y virtuoso notable como Angel Parra no es cualquier cosa. Con esta actuación, con lo excelente que fue, se confirma el temor que tenemos muchos admiradores de la banda: que se están “achanchando” (y no me refiero con eso al estado físico de Álvaro Henríquez) y transformando en una buena “banda tributo” de sí mismos, lo cual parece resultarle cómodo a Henríquez y Titae, pero que para Angel Parra, nieto de la gran Violeta, artista del alma, de esos con notas musicales en su ADN, resulta insoportable. Su nuevo material, sin ser de mala calidad, no está a la altura de sus infalibles clásicos de los años 90, con los cuales les basta y sobra para armar espectáculos de calidad y vivir sin sobresaltos. “Hey Hey Hey” genera más atención por la polémica que la precedió que por la canción en sí. Lo que vimos fue a dos de los integrantes de la formación original más dos reemplazantes, lo que me recordó la actuación de Creedence Clearwater Revisited en 1998. Además, eso de “embajadores de la música chilena” señalado por Carola de Moras no es tan exacto. Los Tres son ídolos en Chile, pero nunca lograron gran repercusión fuera de nuestras fronteras, como si lo consiguió La Ley y lo están logrando Los Bunkers.

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