“Secretos en el Jardín”: la extraña apuesta de Canal 13

Extraño fue el primer capítulo de “Secretos en el jardín”, la nueva apuesta -nunca mejor dicho- telesérica de Canal 13. Extraño horario de emisión, extraña partida, extraña forma de presentar a esa cantidad de personajes, extraño desarrollo. Gran escena final, por cierto. Y rating merecido.

Al telespectador con déficit atencional debe haberle costado seguir esa cantidad de personajes, esa carga de diálogos en desmedro de sucesos de alto impacto (tan necesarios en un capítulo uno) que a ratos desembocó en una lentitud notable. Uno pedía a gritos un choque, un accidente, una pelea, pero costó que llegaran. Como sea, se agradece la voluntad de darse el tiempo de presentar un mundo y personajes desarrollados, después de años viendo primeros capítulos aceleradísimos y muchas veces agotadores.

Aún así, resultó extraño que el primer episodio prácticamente haya ignorado por completo la esencia de una teleserie: la pareja romántica principal. Yo aún no tengo claro cuál es. ¿Horton-Lewin? ¿Horton-Ramírez? ¿Pérez Bannen-alguien? Hasta las teleseries de suspenso más rompe esquemas (pienso en “Resistiré”; inevitable referente) nunca olvidaron que una teleserie es, con todos los elementos que se le pueda agregar, una historia de amor.

El capítulo dos no tuvo grandes cambios de tono, y lo que se proyecta es una teleserie llena de suspenso, que se tomará su tiempo en explorar la psicología de sus personajes, los choques entre ellos y su relación con un mundo turbio donde todo puede pasar.

La baja de rating entre domingo y lunes es, sin duda, una lástima. Bien podríamos echarle la culpa al regular piso que deja la desgastada “Soltera Otra Vez”. O lo tarde del horario, poco acostumbrado para teleseries nacionales. O que simplemente la historia no cautivó tanto o confundió a cierto tipo de telespectadores, más acostumbrados a tramas livianas y a personajes bien entrelazados.

Pienso que cada vez se hace más difícil seguir una teleserie, particularmente en Canal 13. Toda la vida hemos visto teleseries de lunes a viernes, o a lo más de lunes a jueves, en una franja horaria que puede atrasarse o adelantarse un poco según las peripecias programáticas, nada tan terrible. Pero el panorama actual es: ¿de domingo a miércoles? ¿primero sólo los domingos, como si fuera serie, y al mes la extendemos a los días hábiles? ¿domingo a lunes? ¿domingo a jueves? ¿quién puede no confundirse con ese caos programático que ni el vilipendiado Vasco Moulián hubiese imaginado?

Tengo la sospecha de que mucha gente ni siquiera sabía que “Secretos en el Jardín” se emitió el lunes -un GC lo aclaró durante el capítulo uno, pero sin dar el horario-. Y que muchos que sí la vieron el lunes pensaron que se emitiría el martes en el mismo horario, pero resulta que no. ¿Tiene tanta paciencia el espectador chileno para soportar tantas volteretas y laberintos de programación? ¿Más aún cuando se trata de una teleserie con una espesura dramática que exige cierta concentración, cierta disposición por parte del espectador? A “Los Simpsons” los puedes poner a cualquier hora: son unitarios de 20 minutos. Y distinto es ver una maratón de “Breaking Bad” por Netflix a la hora que tú quieras: siempre estará ahí. Acá, en la televisión abierta análoga y generalista, te perdiste un capítulo y cooperaste. Al menos para el grueso de la audiencia es así.

“Secretos en el Jardín” es un producto sofisticado, para el que el propio Canal 13 se encargó de crear altísimas expectativas. Tiene un pedazo de elenco, un guión preciso y una puesta en escena creativa y jugada. Es imprescindible cuidarlo. Lo menos que podrían hacer es darle una continuidad horaria que permita crear un hábito en el público y asegurar una fidelidad que las teleseries, a diferencia de las series, deben ganarse a diario.