Reflexiones sobre el “Nicolinazo”: Fanatismos, egos y ética periodística

El artículo que escribí hace algunos días sobre la polémica entre Roberto Nicolini y 31 Minutos causó una gran conmoción en el portal. En este artículo, además de ejercer mi derecho a réplica, aprovecharé de reflexionar respecto a algunos asuntos adicionales.

Soy un simple columnista por hobbie, es decir, por el puro gusto de escribir. Nadie me paga por hacerlo y me sorprendería que lo que escribo sea motivo de atención y preocupación en la industria televisiva. Además, ni siquiera soy periodista especializado (mi profesión es ingeniero), por lo tanto soy un televidente como cualquier otro. Cuando uno escribe, lo que busca es generar alguna reacción en el lector, ya sea a favor o en contra. Estoy consciente de que, al escribir este tipo de columnas, corro (y asumo) el riesgo de que a cierta gente no les guste lo que leyó y manifieste legítimamente sus discrepancias, ya sea de manera respetuosa o mandándole ‘recordatorios’ a todo mi árbol genealógico. Así es este hobbie: como dice la ranchera, uno ‘no es monedita de oro para caerle bien a todos’, y hay que tener ‘cuero de chancho’ para aguantar las respuestas fuertes, trolleos y similares, en especial tratándose del mundo artístico, donde las epidermis son sumamente sensibles y los egos particularmente exacerbados. En mis artículos procuro expresarme con la mayor claridad, rigor, objetividad y respeto posible, pero no me puedo hacer cargo ni de la epidermis sensible ni de las deficiencias de comprensión lectora ni del analfabetismo funcional de los que leen.

Parto aclarando algo: una cosa es que me guste “31 Minutos” (lo reconozco) y otra muy distinta es que pertenezca a la ‘secta de fanáticos de 31 Minutos’. Estoy muy lejos de ser un ‘Antares de la Luz’ o seguidor de alguien con esas características, como señala el señor Nicolini. Es más, ni siquiera los conozco en persona. Lo más cerca que he estado de ellos es sentado en la galería de la Quinta Vergara cuando hicieron su show en noviembre del 2012.

Mi artículo provocó la airada reacción del señor Roberto Nicolini, quien me tiró por la cabeza todo su amplio y respetable currículo, lo cual me hace sospechar que herí profundamente su ego. Además, una legión de ‘viudos’ de “Pipiripao” salió en su defensa. Si lo que quería con mi artículo era provocar una reacción, sin duda que lo logré, y con creces. Admito la posibilidad de que algunas de mis formas y expresiones pudieran ser inapropiadas, y si ese es el caso no tengo ningún problema en pedir las disculpas que correspondan. Sin embargo, en lo medular sigo sosteniendo lo que escribí.

Me da la impresión que el señor Roberto Nicolini y sus seguidores, o no leyeron bien el artículo, o derechamente no lo leyeron, o están cegados por el fanatismo. Si se dieran el trabajo de analizarlo con profundidad, se darían cuenta de que jamás dije que “Pipiripao” fuera un programa malo ni menos ‘una mierda’. Al contrario, en el primer párrafo hablé bastante bien del programa, señalé que lo veía cuando chico y que me pareció una gran torpeza su salida de UCV-TV por ‘viejo y gordo’ a mediados de los 90. Además, señalé explícitamente que tenía todo el derecho del mundo a que no le gustara “31 Minutos”. Lo que hice fue contrastar sus dichos con hechos conocidos y argumentos que consideré sólidos. Respecto de lo de ‘desearles suerte en el festival’, me atrevo a apostar que la mayor parte de las personas que escucharan esa frase habrían interpretado que el señor Nicolini se refería al Festival de Viña del Mar y no al de Lollapalooza, más aun si el autodenominado ‘festival de los festivales’ comienza el próximo domingo 23 de febrero, mientras que el otro se efectuará en uno o dos meses más.

Tal como señalé en el artículo, Roberto Nicolini me merece el mayor de los respetos por su trayectoria (la cual no soy nadie para cuestionar) y por su capacidad para salir adelante ante los obstáculos que le ha puesto la vida. Reitero que si se sintió herido u ofendido por mis expresiones, no tengo problemas en reconocer errores y pedir las disculpas del caso. Finalmente, le deseo al señor Nicolini la mejor de las suertes en su vida personal y profesional.

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