People Meter y Redes Sociales: ¿Cómo estamos midiendo la sintonía?

El sacrosanto rating ya dejó de ser el parámetro absoluto y exclusivo para medir lo que ve la gente por televisión. Se están dando muchos casos de programas que marcan poco en el People Meter, pero que igual logran una gran repercusión a través de Youtube y las redes sociales.

El reciente debut de “31 Minutos” por las pantallas de TVN hizo reventar como nunca las redes sociales, en particular Twitter. El programa de la productora APLAPLAC copó la mitad de los Trending Topics (TT) nacionales, e incluso se posicionó a nivel mundial. Sin embargo, el rating obtenido fue más bajo de lo esperado: segundo lugar con alrededor de 9 puntos, menos de la mitad que el incombustible “Morandé con Compañía”. No es la primera discordancia entre People Meter y Redes Sociales que se ha producido. Conocidos son los casos de “Vigilantes” y “Mentiras Verdaderas”, programas muy bien evaluados por la crítica, que posicionan al menos un TT en Twitter al día, pero que, salvo episodios especiales, obtienen ratings bajísimos y generalmente compiten por UCV-TV y Telecanal por no ser últimos. De ser emitidos por los canales grandes, habrían sido sacados de pantalla hace bastante rato.

Hasta la década pasada, la única manera en que uno podía ver televisión era, valga la redundancia, en un televisor. Y, de alguna manera, la programación de los canales condicionaba los horarios en los hogares. Las familias se juntaban en torno a la “caja idiota” a ver los programas en el momento en que los canales decidían darlos. En ese estado de cosas, el People Meter reflejaba claramente las preferencias del universo de los televidentes nacionales. En ese contexto, se justificaba claramente la psicosis de los ejecutivos y creativos de televisión, quienes se devanaban los sesos para lograr atraer a los televidentes, a veces con recursos efectistas y cuestionables.

Con el advenimiento de Internet, las Redes Sociales y Youtube, el escenario cambió radicalmente. Ya no es necesario quedarse pegado al televisor en el horario en que dan el programa, pues a las pocas horas los programas son colgados en los sitios web de los canales, o bien como lo hizo exitosamente La Red, en Youtube; ya no es necesario ver la TV en el televisor, pues también puede verse por PCs e incluso teléfonos celulares; ni siquiera es necesario ver todo el programa, sino que solamente la parte que le interesa. Y para más remate, existen alternativas para aquellos a los cuales lo que ofrece la TV abierta no le satisface, como el Cable, los canales extranjeros a través de Internet y Netflix. En ese escenario, resulta difícil sostener la idea del rating como representación de “todo” el universo de televidentes. Salvo eventos excepcionales como la Teletón, el Festival de Viña y los partidos de la “Roja”, ya no se logran ratings de 40 o más puntos, ni hablar de lo que conseguían La Madreastra, Sábados Gigantes y el Jappening con Ja en sus buenos tiempos.

Si el People Meter no representa a todos, entonces, ¿a quién representa? Sería interesante hacer el perfil de la gente que se mantiene fiel a la manera “tradicional” de consumir televisión. Como el mundo joven y adulto joven tiende a decantarse por internet, las redes sociales y los videojuegos, uno puede especular de que se trata de gente más bien mayor, poco amiga de las nuevas tecnologías y que conserva sus costumbres televisivas de siempre. Teniendo esto en cuenta, se pueden insinuar explicaciones al éxito fulgurante de las teleseries turcas que han disparado a Mega al primer lugar de sintonía. Según algunos entendidos, “Las Mil y Una Noches” y “Fatmagul” tienen muchos elementos de las clásicas telenovelas chilenas de los años 80 y 90, lo cual puede resultar atractivo para televidentes nostálgicos que se aburrieron de las actuales vespertinas y nocturnas y sus ritmos vertiginosos. Los creativos de las áreas dramáticas han apelado a todo su arsenal de recursos efectistas para frenar el “huracán turco” (desnudos, escenas eróticas dignas de película porno, relaciones lésbicas, etc) sin lograr resultados hasta ahora. ¿No les convendrá revisar los viejos “tapes” de “La Madrastra”, “Ángel Malo”, “Machos”, “Amores de Mercado” y otros clásicos para sacar ideas?

Por otra parte, ¿quiénes son los que comentan TV en Twitter? Con bastante certeza, gente joven y adulta joven, que en un gran porcentaje no está viendo el programa en su televisor, sino que en sus computadores o celulares; es decir, gente que es muy poco probable que esté siendo “censada” por el People Meter. Además, muchos no verán el programa en el mismo momento en que lo están transmitiendo, pero lo verán después, a la hora que quieran, a través de Youtube o el sitio Web del canal. Puede darse perfectamente que alguien haya visto “31 Minutos” el día siguiente a su debut, y haya destinado ese día a carretear, dormir, ver una serie en Netflix, o cable, o incluso “Morandé con Compañía”.

Existen casos de programas de rating bajo e incluso marginal que se transforman en fenómenos y referentes televisivos. Ha sucedido con algunos programas de cable, como “City Tour” y “Canal HV”, pero el paradigma por excelencia es “Mentiras Verdaderas”. Poco rating, pero gran éxito en redes sociales y YouTube, y gran influencia en la industria: al año, Mega contrató a parte de sus realizadores originales para armar “Más Vale Tarde”, programa de corte similar; posicionó a sus dos animadores, Eduardo Fuentes y Jean Phillipe Cretton, como rostros respetados y atractivos; impuso en el inconsciente colectivo el “Sin Censura”, coreado hasta en el Festival de Viña.

Medir la real “sintonía” se ha vuelto sumamente complejo. Ya no basta con un único indicador, pues el rating solamente refleja el consumo de una parte de la población. Además, hay que empezar a analizar lo que sucede en las redes sociales, YouTube y en los sitios web de los canales. La Red, con su exitosa y premiada política de difusión abierta en Internet, ha puesto en evidencia este nuevo escenario. ¿Por qué los canales grandes siguen programando como en la época de “Viva el Lunes”?

Una última reflexión: por ahora la gente que ve TV de manera tradicional sigue siendo un porcentaje apreciable. ¿Qué pasará en 10 o 20 años más, cuando esa gente esté en su gran mayoría cómodamente acostada en un féretro? ¿Qué representatividad tendrá el People Meter? ¿Qué nuevas formas de consumir TV existirán? ¿Twitter y Youtube mantendrán vigencia, o estarán pasados de moda? Si ya el presente se aprecia complejo en cuanto a sintonía televisiva, el futuro lo será aún más.

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