Paul está más vivo que nunca

Estas últimas semanas hemos tenido muchas novedades en torno a Paul McCartney, aunque no relacionadas a su carrera solista, sino por sus colaboraciones musicales con íconos actuales de la música pop. A comienzos de año se dio a conocer el tema “Only One”, donde acompañó instrumentalmente a Kanye West; hace un par de semanas salió a la luz pública el tema acústico “FourFiveSeconds”, junto a Rihanna y el mismo West, que se ha transformado en un fenómeno en iTunes. Además, trascendieron fotos de sesiones de grabación junto a Lady Gaga. Esto se suma a “Cut Me Some Slack”, colaboración de hace un par de años con los sobrevivientes de Nirvana Kurt Novoselic y Dave Grohl que incluso le valió un Grammy.

Existen opiniones divididas respecto a estos últimos pasos del autor de “Yesterday”, “Let It Be” y “Hey Jude”. Muchos beatlemaníacos recalcitrantes han manifestado escozor por el hecho de ver a “Macca” tocando con artistas en boga a los que desprecian. Por otra parte, algunos seguidores de Rihanna no se han manifestado conformes con “FourFiveSeconds” por considerarlo demasiado alejado del estilo de la cantante de Barbados.

El gusto por arriesgarse e intentar cosas nuevas ha sido moneda corriente en la carrera artística de Paul McCartney. Fue el principal motor de las innovaciones musicales y de estudio de grabación que caracterizaron la carrera de The Beatles desde “Sgt Pepper” hasta el final; una vez separados los “Fab Four”, se atrevió a hacer un primer álbum solista grabando en su casa y tocando todos los instrumentos; cuando comenzó con “Wings” en la década de 1970, recorrió la campiña inglesa presentándose con su banda recién formada en diferentes aulas universitarias; ha colaborado, con dispares resultados, con músicos como Gene Vincent, Stevie Wonder (“Ebony & Ivory”), Michael Jackson (“Say, Say, Say”), Dave Stewart, Eric Stewart y Elvis Costello; ha experimentado con música electrónica bajo el seudónimo “The Fireman”; y hace tres años grabó un elegante álbum al estilo Michael Bublé llamado “Kisses from The Bottom”, donde por primera vez no tocó ningún instrumento. Sus inquietudes artísticas van más allá del rock y del pop. Ha incursionado en la música docta con “Liverpool Oratorio”, “Standing Stone” y “Ecce Cor Meum”; realizó la colección de tres cortos animados formada por “Tropical Island Hum”, “Tuesday” y “Rupert and the Frog Song”, hechos a la manera tradicional, sin apoyo digital alguno; ha realizado exposiciones de pintura; compró el colegio de Liverpool donde estudió y lo transformó en un Instituto de Arte; dos de sus últimos videoclips, “Appreciate” y “Hope For The Future”, son verdaderas obras de arte futuristas con robots y hologramas; etc.

Si hay algo que revela todo esto es la pasión por la música, la apertura de mente y la humildad artística de McCartney. Tiene más de 70 años, su nombre ya está escrito a fuego en la historia de la música, y es uno de los artistas más reconocidos, influyentes y millonarios del mundo. Si hay alguien que no necesita demostrarle nada a nadie en el mundo de la música popular, ese es “Macca”. Perfectamente podría optar por retirarse a sus cuarteles de invierno para disfrutar con su familia, o bien seguir girando a cuenta de su pasado glorioso como algunos contemporáneos suyos (y otros mucho más recientes, como el grupo “Los Tres”) y nadie se lo podría reprochar. Sin embargo, McCartney sigue rodando, vigente, en muy buena forma artística, probando ideas nuevas, y rodeándose de gente joven. Mc Cartney no solo respeta y disfruta, sino que además alterna con artistas nuevos y tiene la disposición de aprender de ellos. No tiene problemas en aplaudir de pie a Adele y a gozar con Daft Punk en los Grammys. Ha asistido a megaconciertos de artistas como Beyoncé Knowles, Jay-Z y Kanye West para ponerse al corriente de lo último en la materia, con el fin de enriquecer sus propios shows y evitar quedar “pasado de moda”. Con toda seguridad eso mismo lo motivó a asistir al reciente Super Bowl: quería ver si se podía “inspirar” en el espectacular show del intermedio de Katy Perry.

Cuando el histórico George Martin no lo pudo acompañar por su sordera, “Macca” aceptó trabajar con productores más jóvenes. En su último álbum “New” participaron Paul Epworth (que trabajó con Adele y Rihanna) y Mike Ronson (que trabajó para Amy Winehouse). Para “Chaos & Creation at the Backyard” se sometió al rigor del productor de Radiohead Nigel Goodrich, que le exigió como casi nadie lo hizo antes: le criticó y hasta ninguneó algunas canciones, lo obligó a tocar todos los instrumentos y le sacó rendimiento. El resultado fue una verdadera joya de disco, quizás el mejor de su carrera solista.

Su asociación con artistas jóvenes y emergentes es beneficiosa para todos: para los artistas jóvenes la experiencia de trabajar con una leyenda de la talla de McCartney, con todo lo que significa, resulta impagable; y para el mismo “Macca” el alternar con músicos jóvenes le permite mantenerse vigente y actualizado, le ayuda en su constante búsqueda de nuevas ideas y lo proteje de “dormirse en los laureles”.

Existiendo tanto “piojo resucitado” que consigue el primer éxito y ya cree que se las sabe todas y desprecia a los colegas, lo de “Macca” es todo un ejemplo a seguir. Lo de McCartney no es traición a su legado Beatle ni afán de gloria, fama ni dinero (que ya los tiene y de sobra). Es simplemente coherencia con una trayectoria donde la innovación y la audacia artística han sido constantes, y el ejemplo de un artista de alma, que ama apasionadamente su arte, y que se dedica a este no como fuente de ingresos, sino que como un medio para realizarse como persona y entregar amor a los demás. McCartney es el ejemplo vivo de lo que la virtuosa conjunción de talento, trabajo y pasión pueden llegar a lograr.

Claramente los años se notan en su rostro. La “cara de abuela” que luce ahora dista mucho de la del “niño bonito” que rompía corazones a destajo en plena Beatlemanía. Pero, en el fondo, “Macca” sigue siendo el mismo muchacho impetuoso de Liverpool que recorría calles intercambiando acordes de guitarra con sus amigos y soñando con notas musicales. Al contrario de lo señalado por ese estúpido mito conspiranoico de su supuesta muerte y reemplazo por un doble, Paul McCartney está más vivo que nunca, y parece tener toda la intención de aprovechar hasta su último suspiro en crear música.