Kala: Lo nuevo de M.I.A.

Kala podría representar un intento por acallar cualquier duda acerca del gran talento de Mathangi “Maya” Arulpragasam.

Mathangi “Maya” Arulpragasam, M.I.A., es una chica ruda, urbana y activista, una guerrillera pop del primer mundo que defiende las injusticias tercermundistas, que remarcan su fuerte postura política y su particular estilo musical inspirado en la calle, en los suburbios de las grandes capitales europeas donde viven inmigrantes y exiliados que arrancando de la pobreza y las devastadoras guerras civiles, buscan mejores oportunidades, como ocurrió con ella cuando tuvo que salir de Sri Lanka a la India, y luego a su destino final en Londres. Su historia es tan intensa como su música. El 2005 debutó con Arular, un disco que mezclaba rap, reggae, electrónica, grime, ritmos tribales y un no despreciable surtido de inclasificables aportes, que tuvo un impacto tan grande tanto en la crítica como en la audiencia, que de alguna manera marcó un nuevo referente sonoro, una nueva forma de estética musical, que vino a refrescar la escena hip hop, y que nos hizo bailar con temas tan pegadizos como “Galang”, “Sunshowers”, “Bucky Done Gun” y sus remixes posteriores. Dejando atrás las polémicas acerca de qué tan influyente fue Diplo (productor del disco) en el resultado de Arular, de lo cual M.I.A. se ha encargado de dejar claro que no hizo tanto como se le atribuye, Kala podría representar un intento por acallar cualquier duda acerca de su talento. Y vaya que lo demuestra, con un disco frontal, lleno de personalidad e intensidad, sobresaliente en sus texturas sónicas y rebosante de creatividad, que seguramente estará entre los mejores de este año.

Kala es una patada en el trasero de principio a fin, con potentes percusiones afro-eléctricas como ritmo base, que desatan un mar de punzantes versos, en una rima pareja llena de esa energía rabiosa que caracteriza a M.I.A. Hay pasajes que siguen la línea bailable y contagiosa de Arular, como “Bamboo Banga”, “Boyz”, “World Town” y “XR2”, pero M.I.A. no se queda en fórmulas probadas, toma riesgos y decide diversificar aún más su ya extenso espectro musical, y lo hace sonar más crudo y directo. Esta vez es personal.

La expansión sonora aparece con fuerza en temas como “Jimmy”, un cover de “Jimmy Jimmy Aaja”, extraído de una película hindú de 1982 (Disco Dancer), “$20” que es todo sintetizadores y distorsiones vocales, y la extraordinaria “Paper Planes”, donde M.I.A. lanza sus mejores líneas para recordarnos que le negaron la visa para ingresar a Estados Unidos a mediados de 2006, en torno a un coro de niños entonando cánticos de guerra, con disparos y armas cargadas en un contraste lleno de matices, formas y colores que son un verdadero deleite. El disco cuenta con las colaboraciones de Afrikan Boy en “Hussel”, The Wilcannia Mob en la radial “Mango Pickle Down River”, y Timbaland en “Come Around”, tema que cierra el disco y que resulta un poco disonante con el resto del álbum. Hey, M.I.A. no es delicada como Keri Hilson o Nelly Furtado, y resulta impensable que alguien intente moldearla. Este tema además fue incluído como bonus track en las ediciones para UK y Japón del disco solista de Timbaland, Timbaland Presents Shock Value (2007). Kala resulta tan ágil, vivaz y heterogéneo, que no hay por donde aburrirse, arremetiendo como una ametralladora que te acelera las pulsaciones con el beat preciso manipulado como un bisturí.

En su efusión, M.I.A. se apodera magistralmente de los samplers a los que echa mano (Pixies, The Clash y New Order entre otros), enriqueciendo más su propuesta multiforme donde se pierden por completo las fronteras rotulistas, destacando el uso de su voz como un recurso indispensable en su sonido, la que va acoplándose y mutando a lo largo del disco como un instrumento más al servicio de las canciones. Esta chica no sólo hace lo que quiere musicalmente, sino que esparce su mensaje y lo hace sonar comercial, digerible, ultra-adictivo. Kala es más que una infinita conjunción de diversos estilos musicales notablemente cohesionados. Es la poderosa arma de batalla de una de las artistas más talentosas y multifacéticas de este siglo. Ni más ni menos.