FUIMOS A VER… “Pérez”, o la disfuncional familia chilena


Hace tiempo ya que no escribía una reseña sobre una película en particular. Esto no quiere decir que no vaya al cine; la verdad es que paso más tiempo en esas oscuras pero acogedoras salas que en las en que tengo clases. Si no había escrito, entonces, es más que nada porque la universidad me había tenido bastante atrapado y bueno, hay que terminar la carrera para no tener problemas con la familia. “Pérez” se trata justo de eso, de problemas familiares. Pero no es cualquier problema y ésta no es cualquier película.

Dirige detrás de las cámaras Álvaro Viguera, quien no es muy familiar en estas lides porque precisamente es su primera película. Sí es un poco más reconocible en televisión, pero mucho más aún en teatro. Que él sea el director no es extraño entonces, considerando que “Pérez” es justamente la adaptación fílmica de una obra teatral. La gracia es que está adaptada al cine por su misma autora, Elisa Zulueta, quien sí es un rostro más identificable en televisión: era la Julia en “Lola“; e imagino yo que ha tenido otros papeles después, pero yo ahí dejé de ver teleseries así que no sabría decirles. Pero lo que sí les puedo decir de ella es que es seca y dejó la grande con otra de sus obras teatrales: “Gladys“.

Entonces, ¿de qué trata la película? De uno de los conflictos más típicos de la familia chilena a través de su historia: un padre ausente. Las razones para que un padre se ausente pueden ser muchas, pero acá en realidad es porque el caballero es un tiro al aire. Pérez salió arrancando cuando supo que iba a ser papá y dejó a su hija -Roma- al perpetuo cuidado de su madre. Pero como a muchos, eventualmente le baja el sentimiento de culpa -y esto lo sé en carne propia- y busca conocer a su hija cuando ya hay más tiempo perdido que por recuperar. Por esta razón, Pérez invita a la “chica” a un fin de semana en una apacible cabaña en el bosque, con aire puro, animalitos, arbolitos, etc. Un paraíso. Pero, y acá viene lo bueno, a Pérez se le ocurre ir con su mina nueva. Y la mina nueva debe tener como quince años menos que Pérez. Ay, Pérez.

Por supuesto, a Roma se le desfigura la cara apenas la ve. Y ahí empiezan una serie de dardos a volar de un lado para el otro. No les quiero contar la película tampoco, pero el guión da para incorporar decenas de insultos o muletillas nuevas, al gozar de una frescura y originalidad que se agradecen mucho. Y no es que la historia sea original, si a quién no le ha pasado que le cae mal la mina nueva del papá o el mino nuevo de la mamá (hay ropa tendida acá, de hecho); pero la forma en que está armada la película, las situaciones geniales que se les ocurrieron y los actores que la protagonizan -que son de hecho los mismos que en la obra teatral- la vuelven más que buena.

Porque no vamos a poner en duda el talento de Luis Gnecco, que se luce interpretando a este padre totalmente desubicado que a ratos quiere perpetuarse en la juventud y a ratos quiere ser padre pero no tiene idea cómo (más ropa tendida). O de Antonia Santa María, que está igual que en Brujas y a veces se le sale la Sharon Janet y todo, pero ésta es mucho más ácida; tanto que al final ya cae mal, pero uno no deja de sentirse identificado, entonces te vas hundiendo en el asiento de la vergüenza. O sea, imagino yo que a alguien le pasará eso, no es que a mí me haya pasado. Cómo se les ocurre. Y también está Natalia Grez, que es la típica polola del papá que trata de hacerse la simpática y de aguantar toda la mala onda con una sonrisa de pasta dental. Y no hay más elenco, si la película no deja de ser íntima. De hecho, casi no tiene más locaciones que el living-comedor-cocina de la cabaña y sus exteriores.

No sé, gente; a mí me gustó mucho porque me llegó. Es una dramedia familiar muy bien hecha, con muchas situaciones que le pueden pasar a cualquiera, con muchas situaciones que me han pasado a mí. Si logran identificarse con los personajes, la van a disfrutar mucho. Si no, seguramente se rían su resto de todos modos. Para mí es de lo mejor en cine chileno de este año, y eso que yo veo bastantes películas nacionales. Apúrense eso sí, si les tincó ir, porque ustedes saben -o aprenderán ahora- que el mercado para películas chilenas es chico, entonces no duran mucho en cartelera. A cambiar eso partiendo por acá. Te banco, Pérez.

Comentarios

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