Emeterio, Franzani, acoso sexual y manejo de entrevistados complicados

Polémica causó la intervención de Emeterio Ureta en el programa “Mentiras Verdaderas” del pasado Miércoles 01 de Noviembre. En el marco del “Tribunal” del programa de conversación de La Red, cuando el panel que compartió con la comediante Pamela Leiva y con Florcita Motuda abordó el tema del acoso sexual a propósito de los escándalos de Harvey Weinstein, Kevin Spacey y Dustin Hoffmann en Hollywood, el denominado “Marqués del Arrayán” se despachó una ametralladora de declaraciones que dejaron a Donald Trump como monje budista: que el acoso sexual siempre ha existido en Chile y el mundo, que los gerentes eran unos calientes, y que él mismo reconocía, sin ninguna gota de remordimiento, que había acosado mujeres. Además, denunció que Alexis Sánchez habría acosado a su hermosa hija surfista Isidora (por donde pecas, pagas).

Además, roteó de forma prepotente a Florcita Motuda cuando éste lo cuestionó por lo repetido de su discurso. Lo sucedido causó molestia en muchos televidentes, incluso con denuncias al CNTV durante el desarrollo del programa. Aparte de las obvias críticas a Emeterio, muchos como el Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC) las emprendieron contra el conductor del programa Ignacio Franzani por su supuesta pasividad y por no haber reprochado públicamente la conducta del “Marqués del Arrayán”.

Desde que apareció en las pantallas, Emeterio Ureta se ha transformado en el “niño símbolo del siútico chileno”, en la caricatura máxima del cuico aparentador, del comprador compulsivo de celulares de palo. Un personaje con un discurso sumamente arribista, clasista, discriminador, con menos empatía que un psicópata, despectivo con lo que están jerárquicamente debajo suyo, y que además sostiene su pensamiento con desparpajo y hasta orgullo. Un personaje provocador en mala, desagradable, asqueroso….y por lo mismo sumamente atractivo para la televisión. Es la versión con testículos de Oriana Márzoli. Al igual que en el caso de la polémica chica reality, su carácter conflictivo atrae la atención, por lo que se explica que lo lleven con frecuencia a distintos canales. Emeterio representa a una porción no menor de la sociedad, aquella que simplemente no se puede acostumbrar a este Chile de mujeres, minorías y grupos LGTBI empoderados, y que añora al “de antes”, donde a la Iglesia Católica se le agachaba la cabeza sin cuestionarla (aunque en privado se pasaran los mandamientos por el aro); donde el hombre trabajaba y la mujer era dueña de casa; donde lanzar piropos “zarpados” a mujeres se consideraba aceptable y ellas tenían que aguantarlos lo mejor que podían; donde el bullying en los colegios era “parte de la vida”; y donde los gays y las minorías eran considerados anormales y sujetos de burla. Más allá de que no nos guste escucharlo, lo que señaló Emeterio es una lamentable realidad. No es que se intente naturalizar el acoso sexual, sino que el acoso sexual ha estado naturalizado desde siempre, y recién ahora se está empezando a desnaturalizar. Mucho más irritante que el haber transparentado esta realidad es que Emeterio no muestre arrepentimiento alguno, ni siquiera fingido, y por el contrario hable de los acosos como si fueran anécdotas divertidas o hazañas; y que alguien tan poca cosa como él trate públicamente de forma tan grosera a un tipo genial y valioso como Florcita Motuda, que le había parado los carros de manera sumamente asertiva.

“Sí, a mí me gustaría entrevistar a cualquier persona, porque soy periodista. Cuando a mí me dicen: ¿vos entrevistarías al diablo? ¡Cómo no! ¿No sería buenísimo entrevistar al diablo? ¿Sabés las cosas que hay para preguntarle al diablo? Yo entrevisto a quien me pongas al frente, porque soy curioso.” Jorge Lanata

El rol del entrevistador es servir de puente entre su entrevistado y el público, y para ello tiene que dejar que la conversación fluya, aunque tenga enfrente a Hitler, Stalin, Idi Amin o al mismísimo diablo, y diga cosas que lo indignen en el alma. Aunque suene difícil de aceptar, un buen entrevistador deja sus convicciones en el perchero al momento de cumplir su labor. Por ello, no concuerdo con la crítica generalizada que se ha hecho al desempeño de Ignacio Franzani, al que creo que se le está cargando la mano de manera sumamente injusta. El ex Cadena Nacional simplemente hizo lo que tenía que hacer: fue sumamente profesional, y mantuvo la calma y la sangre fría necesaria para que el asunto no se desbordara. Ignacio Franzani no es Raquel Correa ni Constanza Santa María, no se caracteriza por ser duro e incisivo. Lo suyo es más bien el formato de conversación amable propio del “Mentiras Verdaderas”.

Un buen entrevistador puede ser asertivo y hasta incisivo, pero no le corresponde sermonear al entrevistado cada vez que este se manda una “blasfemia políticamente incorrecta”. De lo contrario, ¿cómo se podría abordar a delincuentes, dictadores o a cualquier personaje que, sin haber cometido actos contra la ley o la ética, emite opiniones polémicas y provocadoras? Han existido varias experiencias de ese tipo en la televisión chilena: Pablo Honorato a Manuel Contreras; Eduardo Bonvallet a Augusto Pinochet; Alfredo Lamadrid al “Cabro Carrera” y todas las que hizo Carlos Pinto en “Mea Culpa”. En todos esos casos, nunca o muy rara vez atacaron al entrevistado pues tenían claro que la primera salida de libreto significaba el fin de la entrevista, como de hecho pasó en la de José Miguel Villouta al Pastor Soto en “El Interruptor” de Vía X. De ahí que por ejemplo Bonvallet se viera tan comedido con Pinochet. Ahora, si te tocara alguien como Fidel Castro, Saddam Hussein o el “Chapo” Guzmán, que se te fuera era lo mejor que te podía pasar, pues perfectamente podías terminar arrestado o incluso muerto.