“El Halcón y la Hora de los Buitres”: la sentida carta de la familia Camiroaga publicada hoy en “El Mercurio”


A un día del segundo aniversario del accidente del avión Casa 212 ocurrido en las cercanías del Archipielago Juan Fernández, donde murieron 21 personas, entre ellas Felipe Camiroaga, la familia del animador decidió expresar su malestar a través de una carta enviada al diario “El Mercurio”, por la recientes publicaciones de las biografías de la figura de TVN como también por las diversas personas que han aparecido hablando sobre aspectos de su vida privada. De igual forma agradecieron a sus reales amigos quienes lo recuerdan en un respetuoso silencio.

La carta firmada por su padre y hermanos, ha sido la primera manifestación pública del pensar de la familia Camiroaga sobre los supuestos hechos de la vida privada del animador, que han sido revelados a partir de la publicación de las biografías no autorizadas del animador: “Seguro que en ellas habrá verdad, pero también engaño y distorsión, inevitable oportunismo y negocio; habrá farándula de la farándula y escándalo; voces destempladas, en vez del silencio con que él vivió discretamente su intimidad. Para nosotros la hora del halcón ha terminado; es la hora de los buitres.”

Luego de esta declaración habrá que ver cómo abordarán los diversos programas de la televisión chilena este segundo aniversario, si ahondarán en el morbo y la farándula o si decidirán mantener la actitud de respeto que la familia tanto pide.

A continuación la carta de la familia:

Señor Director:

La comunicación es también un negocio. Pero la profesión de comunicador, periodista, presentador de televisión, aparte de lo bien pagada que pueda ser, es una hermosa e interesante actividad, que se merece la calidad y la entrega que Felipe aportó en ella. El comunicador se transforma en un puente, establece un vínculo entre los equipos técnicos y el público al que llega. El comunicador se debe a ambos: a sus compañeros y a su audiencia. El comunicador debe saber reconocer al alma de su pueblo y además tener una profunda implicación con sus compañeros. Desde nuestra familia así conocimos a Felipe. Totalmente comprometido con su profesión, entregado plenamente a su oficio, a su arte, a su gente. No fue un hombre que traicionara sus amistades ni que convirtiera sus intimidades en lucro. Fue leal y generoso con sus amigos, amores y amoríos; un hombre que aprendió, en un medio ciertamente difícil, a poner una distancia entre su vida pública y su vida privada.

Se cumplen dos años desde su muerte. Tenía la nobleza y la prestancia de un halcón. Nos sentimos orgullosos del apodo que su público le dio. Nosotros también lo vemos así. Ahora son días de recuerdo, días de duelo, de dolor aún. Hay un vacío en las vidas de quienes lo amamos y recordamos. Y un dolor añadido con el inevitable circo mediático, el coro estrepitoso y oportunista de la farándula. Nuestra familia no puede luchar contra tanto ruido. Dice el refrán que si el río suena, es porque piedras arrastra. Y si bien eso es cierto, medias verdades no hacen una verdad, y mentiras y suposiciones no constituyen la realidad de un hombre. También decía Cervantes que si los perros ladran, es porque seguimos cabalgando. Y así ocurre con nuestros seres queridos: siguen cabalgando en nuestro corazón. Y en el caso de una figura con un lado tan público, como Felipe, será inevitable que la jauría continúe ladrando, más que al hombre real que fue, al fantasma y al escándalo del personaje literario en que las recientes biografías lo pretenden convertir. Seguro que en ellas habrá verdad, pero también engaño y distorsión, inevitable oportunismo y negocio; habrá farándula de la farándula y escándalo; voces destempladas, en vez del silencio con que él vivió discretamente su intimidad. Para nosotros la hora del halcón ha terminado; es la hora de los buitres.

Hubo un tiempo en que los hombres que morían eran colocados en lo alto de un túmulo y dejados allí para que las aves carroñeras dieran cuenta del cadáver, para que se dispersara su ser en la inmensidad de la naturaleza. No podemos sino aceptar el espectáculo que se genera alrededor de nuestro hijo y hermano después de muerto. En la cumbre de su destino, el que fuera un noble halcón, ahora está siendo asaltado por un montón de buitres ansiosos, que compiten los unos con los otros por coger el mejor trozo de alimento. Esto es una caricatura también. Felipe sabía hacer excelentes caricaturas de sí mismo y de nuestra sociedad. Supo reírse de sí mismo. En nuestra familia no vamos a convertir en cruzada mediática el esfuerzo imposible de que dejen su nombre en paz. La realidad de un hombre es mucho más que su nombre y los chismes que se le cuelgan.

Agradecemos a sus verdaderos amigos, a los que lo recuerdan con amor, a los que respetaron su intimidad mientras él vivió; esos amigos que, más que nunca después de muerto, velan en silencio y con amor la vida íntima del compañero desaparecido. Damos gracias públicamente a todas las personas que lo quieren; a todos sus amigos de corazón.

Que descanse en paz.

Jorge Camiroaga Puch
Francisco Camiroaga Fernández
Soledad Camiroaga Fernández
Daniel Bontempi Fernández
Paola Bontempi Fernández
Andrea Bontempi Fernández
Francisco Bontempi Prieto
Familia de Felipe Camiroaga