El caso de Puro Chile y la medición de las audiencias

El programa de música chilena de TVN pone en relieve el tema de cómo se miden las audiencias televisivas en Chile. Aumenta la sensación que el actual sistema, basado exclusivamente en el people meter, no refleja la forma en que se ve TV actualmente.

“Puro Chile” ha sido una de las mejores noticias que nos ha dado la TV chilena en lo que va del 2016. El programa de TVN, inspirado en “Later… with Jools Holland” y esos shows de música pop del canal Film & Arts, ha permitido dar cuenta del gran momento que vive la música popular chilena, creo yo muy por sobre movimientos míticos como la Nueva Ola, el Neofolklore, La Nueva Canción Chilena o el Canto Nuevo. La variedad de estilos que se ha visto resulta impresionante. Hemos tenido cumbia, rock, folklore, hip-hop, música electrónica, funk, etc, y se anuncia más para las ediciones que vienen. Este programa ha sido una verdadera celebración de la diversidad y de la creatividad: todos son distintos y originales, y todos han dado muestras de calidad superlativa. Resulta estimulante ver el oficio de Joe Vasconcellos; a Javiera Mena evidenciándose como una maestra en el arte de hacer música bella usando sintetizadores; el prometedor trabajo de bandas emergentes como “Santa María”, aún desconocida para el gran público; y Américo atreviéndose a mezclar su cumbia con influencias salseras y de funk. Uno de los segmentos más notables es el de los “covers” o versiones de clásicos de la música popular chilena, donde hemos visto a los artistas haciendo relecturas interesantes de estos temas. La que ha llamado más la atención por lejos es la versión a lo Luis Miguel o Bruno Mars que hizo Américo del tema solista de Jorge González “Esta es Para Hacerte Feliz”.

Toda esta belleza ha tenido una respuesta extraordinaria en las redes sociales, transformándose en Trending Topic nacional e incluso mundial los días en que se ha dado el programa. Sin embargo, el People Meter le ha dado resultados escuálidos, no más allá de 5 puntos, muy por debajo de programas de contenidos mucho menos edificantes pero más efectivos en rating como “¿Volverías con tu Ex?”, “The Switch” y “MasterChef”. Además, el horario (alrededor de la medianoche después de la nueva moda de epopeyas bíblicas made in Brasil) no ayuda mucho. Con esto han resurgido con fuerza los cuestionamientos de muchos en torno a la manera de medir las sintonías televisivas en Chile. El People Meter, sistema basado en la medición de 600 hogares, sigue siendo considerado el reflejo de TODO el universo televisivo, y es la estadística que miran los ejecutivos de televisión para programas y los de las empresas para invertir en publicidad. Se sigue actuando como si estuviéramos en la época del “Viva el Lunes”.

En términos simples, el People Meter mide la sintonía de los que ven televisión en televisores. Hasta la década pasada, la única manera de ver televisión era a través de un televisor, por lo que se podía asumir que el rating representaba a todo el espectro de televidentes. Sin embargo, a mediados de la segunda década del siglo XXI el escenario es totalmente distinto: una parte importante del público ya no consume televisión “en tiempo real”, sino que posteriormente a la emisión, dado que los canales y algunos usuarios dejan disponibles los contenidos a través de Youtube o de sus propios portales en internet. Otra porción no consume programas completos, sino que solamente la parte que les interesa. El televisor perdió la exclusividad, pues también se pueden ver los programas a través de los PC, las tablets y los teléfonos móviles. Y más encima, la competencia se amplió: además del cable y la TV satelital, está Youtube, donde cualquier persona con recursos técnicos mínimos puede generar un medio exitoso; muchos portales de radios y prensa escrita, que también transmiten contenido audiovisual; aplicaciones como Periscope, con las que cualquier persona puede hacer una transmisión en vivo; y servicios de difusión de productos audiovisuales por suscripción como Netflix.

En este escenario, claramente el People Meter representa el consumo televisivo de solamente una fracción del universo de televidentes. El problema no es que mida mal o esté amañado (hasta donde se sabe), sino es que se le sigue atribuyendo al rating una representatividad que antes tenía, pero ahora ya no. Los ejecutivos consideran que el consumo televisivo de un grupo de televidentes es representativo de todos, y a partir de ello se toman decisiones de avisaje publicitario y de programación. El resultado de ello es una televisión chilena chata, poco innovadora, que apuesta “a la segura”, carente de paciencia y cortoplacista hasta la psicosis.

Esto no es un tema de una minoría elitista de televidentes descontentos. El CEO de la empresa GfK (encargada de medir sintonías en otros países), Mathias Hartmann, hizo ver esta realidad durante su reciente visita al país: “El mundo análogo está llegando a su fin. Ya no se trata de ‘o lo uno o lo otro’. Debemos modernizar la medición de audiencias para hacernos cargo de la nueva forma de consumo: multipantalla (…) El consumo de televisión no va a disminuir, pero ha experimentado cambios y debemos hacernos cargo de ellos. Si no podemos medir correctamente, no podemos optimizar ni tomar las mejores decisiones. Tiene que haber un cambio en el sistema, independiente del proveedor. El cambio es inevitable”.

Ahora, ¿cuál es esa fracción del universo que mide el People Meter? A juzgar por los resultados, uno podría especular (hay que estudiar el tema más profundamente) que se trata de gente de gustos más bien tradicionales, que transitaba por los 30 ó 40 años en la época de oro de la TV abierta (años 80), y que ahora están jubilados o cerca de ello. A esa gente, un programa como “Puro Chile” no le interesa en lo más mínimo, pero si los mueven las teleseries turcas, los realities y “Morandé con Compañía”. A los adultos jóvenes, jóvenes, Millenials y Generación Z, la TV abierta tradicional le importa un reverendo bledo. Prefieren los demás medios, y si les interesa algo, lo ven cuando y como quieren; y sus preferencias se ven mucho mejor reflejadas en los “Me gusta” de Facebook, en el número de visualizaciones de Youtube y en los Trending Topics de Twitter. Para este público, programas como “Puro Chile” viene como anillo al dedo, pues se puede consumir tanto completo como por partes, y el que quiere puede ver solamente la actuación del artista que le interesa.

Existen cuentas como @TTMobile_cl y @GenomaTV en las cuales se entrega el pulso de la red del pajarito azul respecto a la TV, y los resultados muchas veces difieren de lo que marca el rating. Por ejemplo, programas como “Puro Chile” y “Noticreo” la rompen en Twitter. Incluso “Floribella”, que fue sacada rápidamente por bajo rating, marcaba bien. Y aparecen destacados programas de La Red como “Mentiras Verdaderas” y “Así Somos”, cuyo fuerte está en la difusión de sus contenidos en Youtube.

Todo esto lleva a pensar que si existiera en Chile un sistema de medición que, además del rating, considerara adecuadamente la información que entregan otras fuentes como Internet, Youtube, Facebook, Twitter y las que correspondan, la situación de la televisión chilena sería muy distinta a la actual, esencialmente porque las decisiones habrían sido muy diferentes. ¿Mega tendría un dominio tan lapidario e incontrarrestable? ¿TVN estaría en crisis, o esta sería tan fuerte? ¿La Red hubiera cerrado su departamento de prensa, y habría sacado del aire programas de alta valoración pública como “Hora 20” y “Vigilantes”? ¿Canal 13 hubiera cometido la enorme falta de respeto de cortar rápidamente de pantalla un gran producto como “Los Años Dorados”? ¿TVN hubiera sacado de pantalla a “Floribella” y le hubiera dado mejor trato de horario a “31 Minutos” y a “Puro Chile”?

Existe la esperanza de que la actual crisis de la Industria televisiva nacional pueda dar pie a que se revise y cambie el obsoleto sistema de medición de audiencias que rige actualmente, y que tienen la TV chilena en un estado de estancamiento brutal. Solo así productos de calidad como “Puro Chile” tendrán un trato de televisivo que le haga justicia a su calidad.