Debates y entrevistas presidenciales: necesaria prueba de fuego

Este es un año electoral, y los canales lo saben. Han proliferado los programas de debates y entrevistas a candidatos. “Estado Nacional”, “El Informante” y “El Sillón de Pedro Presidencial” en TVN; “En Buen Chileno” en Canal 13; y el retornado de “Tolerancia Cero” y “Aquí Está Chile” de la asociación entre Chilevisión y CNN Chile. La Red tiene “Entrevista Verdadera” (lo que quedó del departamento de prensa) y las entrevistas de Franzani a los candidatos en “Mentiras Verdaderas” y Mega por ahora se limita a las entrevistas de Soledad Onetto, José Luis Reppening y Tomás Mosciatti en “Ahora Noticias”.

De los programas especiales mencionados, el único donde los candidatos se ven cómodos es en el “El Sillón de Pedro”, que no pasa de ser un remake del recordado “De Pé a Pá”. Fuera del ámbito deportivo Pedro Carcuro nunca ha sido un entrevistador incisivo y sentados en su sillón los candidatos se ven menos apremiados que la selección de Alemania jugando contra San Marino. En el resto de los programas ha primado un sano y necesario espíritu de examen de grado. Los periodistas y panelistas parecen dispuestos a poner a prueba a niveles extremos a los candidatos y entrevistados. La primera víctima de ello fue Manuel José Ossandón, quien pagó carísima su falta de preparación y fue masacrado sin misericordia en “Tolerancia Cero”. Una semana antes, Beatriz Sánchez se vio sumamente complicada en ese mismo panel.

Hasta ahora, la alianza Chilevisión-CNN Chile ha dado notables frutos. “Tolerancia Cero” ha vuelto con nuevos bríos. A los clásicos Fernando Paulsen y Fernando Villegas, se han sumado dos “perros de presa” como los emergentes Daniel Matamala y Mónica Rincón, que han sido un gran aporte en rejuvenecer el programa. El punto bajo hasta ahora ha sido Catalina Parot, que tiende a ser muy vociferante y a la que se le nota demasiado su condición de “groupie” de Sebastián Piñera. “Aquí Está Chile” propone una vuelta de tuerca muy interesante y atractiva en términos televisivos, más allá de algunos excesos como el grosero sensacionalismo de Iván Nuñez al anunciar un video de una banda criminal al más puro estilo de “Alerta Máxima”. En este esquema, los candidatos han sido interpelados por “ciudadanos” escogidos con pinzas e importante grado de “malicia”. Hasta ahora a Beatriz Sánchez le ha tocado bailar con la más fea, pues tuvo que vérselas con la hermana del periodista Braulio Jatar (perseguido por el gobierno chavista en Venezuela), un comerciante que ha matado delincuentes en defensa propia y la hija de un condenado por violaciones a los derechos humanos.

En Chile para postular a muchos trabajos hay que pasar por una serie de pruebas nada de simples: entrevistas con el empleador y con psicólogos; diversos test de conocimientos, generales, de habilidades y psicológicos; revisión de la “huella digital”, es decir, lo que hemos escrito en redes sociales; y hasta chequeos médicos para verificar salud compatible con el cargo. En suma, muchos tenemos que someternos a que nos den vueltas como calcetín para poder obtener una nueva pega. La Presidencia de la República es el empleo más importante de la nación, por lo que resulta lógico que el nivel de exigencia para los postulantes sea coherente con ello. Los debates y entrevistas son lo más cercano que van a tener a las entrevistas de trabajo y exámenes para lograr el empleo, y por ello creo que es necesario que sean duros y exigentes. Lo que está pasando con Donald Trump en Estados Unidos y Nicolás Maduro en Venezuela es clara evidencia que no cualquiera puede ser presidente, y que se requiere que la persona que ocupe el cargo tenga suficiente preparación intelectual, mental y emocional para el cargo. Por eso, resulta deseable y necesario que los entrevistadores sean duros y exigentes. Me gustaría ver a tipos duros como Constanza Santa María o a los hermanos Mosciatti poniendo a prueba a los presidenciables, para que el electorado pueda apreciar cuántos puntos calzan realmente.

Ahora, ¿verá eso mismo la gran masa que va a votar? En un comienzo parecía que su desastre en “Tolerancia Cero” le ponía punto final a las pretensiones presidenciales de Ossandón. En la radio Constanza Santa María fue lapidaria con el ex alcalde: “en un país serio, debería renunciar a la candidatura”. Sin embargo, pasada una semana no queda tan claro que Ossandón esté electoralmente muerto y sepultado, e incluso puede ser que ese episodio le juegue insólitamente a su favor. Tal como dijo Yerko Puchento en “Vértigo”, puede ser que muchos prefieran como presidente a un ignorante que a un corrupto. Ossandón reconoció inmediatamente su mal desempeño, y está tratando de hacer limonada con los limones que le cayeron del cielo. Y en una de esas le resulta, pues muchos electores valoran más aspectos como la empatía e imagen de credibilidad y honestidad que la preparación. Gran parte del éxito electoral de Bachelet se debió a su impronta de mujer impoluta y entrañable, y cuando el caso CAVAL la destruyó su gobierno se fue por el despeñadero. Por otra parte, solamente su imagen de millonario exitoso y gran administrador mantiene a Sebastián Piñera a la cabeza de las encuestas, a pesar de las recordadas embarradas de su gobierno y de su historia de conflictos de interés y “pillerías” financieras. Por su parte, Alejandro Guillier y Beatriz Sánchez están girando a cuenta del prestigio que ganaron durante su carrera como periodistas, pero su desempeño en la arena política es hasta ahora una incógnita. Personajes sumamente preparados como Ricardo Lagos, José Miguel Insulza y Fernando Atria pasaron sin pena ni gloria por la carrera presidencial.

Caso aparte es Alberto Mayol. El precandidato del Frente Amplio se ha mostrado por masacre como el más articulado y preparado de los competidores de las primarias, pero su pelo largo y pinta de hippie le juegan en contra en términos de imagen. Lamentablemente a Mayol le está pasando lo del astrónomo turco de “El Principito”, que fue ignorado por sus colegas cuando expuso sus descubrimientos vestido con traje típico, pero al que sí le pusieron atención cuando habló las mismas cosas vestido a la usanza occidental. Es muy probable que si Mayol se cortara el pelo, se afeitara y se pusiera terno y corbata (lo que iría en contra de su esencia), subiría en las encuestas. Este aspecto es muy importante en un país donde el “qué dirán” pesa toneladas y donde muchos, en especial los de moldes rígidos, te evalúan por “lo que entra por los ojos” y si eso no gusta o no se amolda a los “estándares tradicionales”, te descartan sin analizar tus verdaderas capacidades.