Days Are Gone: una refrescante (pero algo monótona) carta de presentación

Contará la leyenda que, justo antes de concretar la banda como tal, en 2010, Danielle Haim, fue invitada por el frontman de The Strokes, Julián Casablancas, a tocar como parte de la planilla de músicos de su gira. Se forjó una relación de amistad, y justo antes de ir terminando el proceso que conformaría este álbum, el intérprete de “Reptilia” le aconsejó al trío de hermanas que, para mayor seguridad, puliesen su sonido. Se demoraron más en sacar el disco, y la pregunta es, ¿Acaso valió realmente la pena?

Y es que, en síntesis, esto es mucho Hype, pero harto de refresco a la escena actual. Así se podría definir el debut discográfico del trío femenino comandado por las hermanas Haim, que le dan con sus apellidos el nombre a la banda. “Days Are Gone”, si bien, suena a una especie de Fleetwood Mac condensado en la visión moderna de veinteañeras, logra ensalzarse con destellos propios de buen indie-rock pop. Si, tal como leyó, esa cruza es lo que define mejor a HAIM, y aun así, se siente cierto sabor a otros géneros, como incluso, dosis de R&B encasilladas en coros pegajosos, muy fáciles de digerir.

Si bien la estructura compositiva aquí no difiere mucho, se puede diferenciar cada canción por el trabajo de la voz, que le otorga matices. Sin embargo, la percusión media potenciada en estudio (no tan cruda como alguna banda de post-punk actual como, por ejemplo, Savages) y los riffs en exceso galopantes que acompañan a los coros, pueden dar cierto matiz de un trabajo denso y muy poco creativo en ampliar sus formas de llevar a cabo el estilo que las californianas acá despliegan. En canciones ya conocidas como “The Wire”, con ese aire tan potente a Stoner Rock, por ejemplo, la cosa suena más convincente, pero no tan diferenciada de todo el entorno del disco.

Canciones como “Don’t Save Me” aportan un grado de histeria y frenesí más gráfico en la interpretación, y sirven de desahogos para romper el esquema anteriormente señalado. Y la que le da nombre al disco, una cruza interesante entre lo que, en entrevistas, ellas han definido como “sus influencias”, vale decir, la música ochentera y el R&B (en verdad, toda la música negra) de los noventas. Después se da un paso más decidido, hacia algo más actual, con cierta orientación al dubstep, como “My Song 5”, y también ideas más atractivas, como la cambiante “Let Me Go”, que progresa de forma más original y un tanto menos predecible que la mayoría del disco. El final sin embargo golpea de lleno con todo lo que oímos en general, pero llevado a una forma más fantasmal, menos concreta y no tan guiada por las notas de los instrumentos, sino por la atmósfera que estos llevan a cabo al juntarse.

En síntesis, si está buscando algo agradable de oír, no tan denso, he aquí el disco perfecto en lo que llevamos de año. Lamentablemente, peca de ser escaso en forma y fondo, sin embargo, se da maña de exhibir cosas interesantes. Las hermanas Haim quizá no vayan a ser una banda trasgresora para su generación como en los 80 lo fue Talking Heads, en los 90 Radiohead y en la década pasada, Arcade Fire, pero tienen un respetable potencial para ser un acto notable. Aunque quizás un enfoque diferente les haría bien. Influye mucho la presencia de gente como Ariel Rechtshaid, quién es conocido por hacer música digerible, lo cierto es que aquí las hermanas le pasan el timón, y se nota mucho que él no es un productor muy versátil, se le da más el hacer menos densas las ideas del resto. El potencial está, sólo hace falta quién lo pueda guiar de forma más interesante.