Ana Tijoux, Américo y Ricardo Arjona: víctimas de la intolerancia


Dos chilenos y un guatemalteco. Una rapera, un cantante de cumbias y un baladista pop. Los tres, en episodios diferentes, han sido víctimas de la intolerancia social y artística.

La intolerancia y el elitismo artístico es algo que nos ha acompañado desde siempre. Muchas de las expresiones artísticas que actualmente son aceptadas y aplaudidas, fueron despreciadas y consideradas como “últimas” en sus inicios. Esto no es un asunto de calidad artística, sino que de una histórica intolerancia a lo novedoso, lo diferente, a lo que se sale de nuestros gustos o los parámetros a los que estamos acostumbrados. Parafraseando a un jovencísimo Luciano Cruz-Coke al referirse a Emmanuel, a muchos no les gusta la gente rara o las propuestas artísticas raras, y las rechazan de entrada sin darles ninguna oportunidad. En estas últimas semanas nos hemos encontrado con tres insignes ejemplos de esto.

La primera de la lista es la guapa y talentosa Ana Tijoux, quien fue tratada como “cara de nana” en dos oportunidades, primero por parte de un grupo de “zorrones” descriteriados durante su actuación en el último Lollapalooza, y posteriormente por parte de otra descriteriada crónica, la actriz y opinóloga Francisca Merino. La ex integrante de “Makiza” canalizó inicialmente sus reacciones a través de Twitter. A los giles de Lollapalloza les dedicó un verso digno de su arte: “Yo soy esa cara de nana, esa cara parecida a la tuya, pequeña y pelo negro, yo soy esa cara con rasgos que parece incomodar tu clase desclasada”. A los periodistas que empezaron a acosarla a ella y a su familia para entrevistarla a propósito del incidente les dijo esto: “Revista Wiken del Mercurio, si no quiero dar entrevista se agradece dejar de llamar mi familia y amigos. Quieren farándula? Llame mongolandia!” Esta respuesta, en particular la referencia al mongolismo, causó molestia en algunos opinólogos, en particular a Julia Vial (especialmente sensible a este tema por motivos de sobra conocidos) y a Francisca Merino, quien en SQP se despachó el segundo “cara de nana” y tuvo un fuerte encontrón con Pedro Ruminot. El tema lo cerró Ana, al menos por ahora, con un genial posteo en su página de Facebook, que aquí reproduzco:

“Señores de farandulandia: Todxs saben que la crítica jamás estuvo centrada en una discriminación, sino más bien en una crítica directa abierta y clara hacia el rol de los medios masivos y la idiotización de la sociedad y nuestro pueblo. Ustedes que tienen pantalla diaria, ustedes que tienen esa capacidad tremenda de pensar que dicen algo sin decir nada, ustedes que solo viven de lo que hacen y dicen otros les pregunto: en qué país viven? En medio de la crisis social, en un país donde se resguardan los bancos y no la gente, país donde se roba el agua a destajo, donde los dirigentes son encarcelados, asesinan gente en el sur, roban agua en el valle, y en plena especulación y sin alimentos en el norte y ustedes les preocupa lo que yo diga? A eso me refiero señores farandulandia, a la tontera al por mayor…Y están muy equivocados no nos interesa estar en sus programas, ni queremos ser sus amigos, ni codearnos con ustedes, ni tenemos como objetivo vender más discos…Pero si no dejo de preguntarme si ustedes y nosotros vivimos en el mismo país.”

Creo que, a la larga, lo de la “cara de nana” y lo del “mongolismo” son detalles secundarios que esconden el hecho clave en este episodio: que una gran artista como Ana Tijoux, más que respetada fuera de nuestras fronteras, y admirada por colegas como Julieta Venegas, Thom Yorke (líder de Radiohead) y el ganador del Oscar Jorge Drexler, sea motivo de noticia en los medios masivos por tonteras como esta y no por sus triunfos artísticos. El éxito de la franco-chilena en el extranjero es tremendo, y ha sido calificada como “la mejor rapera en español” (The Rolling Stones), “la respuesta latinoamericana a Lauryn Hill” (The New York Times) y “la rapera latinoamericana más importante de la escena internacional” (Newsweek). Además, ha sido nominada en dos años consecutivos a los premios Grammys estadounidenses. Ana Tijoux ha sido capaz de construir una carrera tanto o quizás más exitosa en el extranjero que referentes mediáticos como Myriam Hernández, Alberto Plaza, La Ley, Los Tres y Los Bunkers, y lo ha logrado sin renunciar a sus posturas y sin necesidad de codearse con la farándula local. Quizás esto ha determinado que su música no tenga la cobertura que merece, y que su presencia televisiva se limite a esporádicas apariciones en programas de cable como “Cadena Nacional”.

El segundo caso es el de Américo y su lograda versión de la canción “Creep” de Radiohead en el primer capítulo del Late “Buenas Noches” de Canal 13. Luego de esa actuación, el ariqueño fue víctima de críticas con fuerte “aroma” a clasismo a través de las redes sociales por la “osadía” de un vil cumbianchero de “profanar” a Radiohead. Américo (quien en sus inicios incursionó en el rock e incluso en el metal) es un gran artista, quizás el mejor cantante chileno del momento, y que ha logrado una gran hazaña: transformarse en un artista respetado proviniendo de la música sound, uno de los géneros musicales menos admirados artísticamente. Además de sus éxitos en venta de discos y sus triunfales actuaciones en el Festival de Viña, Américo ha destrozado muchos prejuicios. ¿Se imaginan a American Sound nominado a los elitistas premios Altazor durante dos años consecutivos? ¿Se imaginan a Adrián (el de los Dados Negros) grabando canciones con Los Nocheros o cantando a dúo con la cantante lírica Verónica Villarroel?. Todo eso lo hizo Américo y tiene la potencialidad para hacer más, incluso cantar rock en inglés.

El tercer caso es el del nunca bien ponderado Ricardo Arjona, quien el viernes 9 de mayo ofrecerá un recital íntimo en el Teatro Municipal de Santiago, lo que ha causado las iras del “ku-klux-klan” de fanáticos de la música docta. El tema no es en contra de la presencia de exponentes de la música popular en el Municipal, pues ese escenario ya ha sido pisado por artistas como Myriam Hernández, Alberto Plaza, Los Jaivas, Jorge Gonzalez, Coco Legrand, Los Tres, Tonny Bennet y Joan Manuel Serrat, además de los dos festivales OTI que se organizaron en Chile. El cuestionamiento es directamente al autor de “Señora de las cuatro décadas”, al que muchos consideran que no tiene la calidad artística suficiente para actuar en ese escenario.

El guatemalteco genera amor incondicional entre sus fans, y un odio parido entre sus detractores, tanto conservadores como “progres”. Para muchos, Arjona es “el Serrat de los camioneros”, el “Paulo Coelho” de la música, un cantautor con ínfulas de “trovador” al estilo de Serrat, Silvio, Milanés y Drexler, pero que en el fondo es una máquina de vender discos, con canciones comerciales, populacheras, cursis y con versos pseudo-profundos. No soy fan ni detractor de Arjona. Aunque tiene letras buenas (“Jesús verbo, no sustantivo” me representa en muchos sentidos), lo pondría varios escalones debajo de los cantautores con los que se les compara. Sin embargo, me pregunto ¿quién puede decidir si él o cualquier otro artista pueden o no actuar en el Municipal de Santiago? Guste o no Arjona, negarle el acceso al Municipal “porque no me gusta” o “porque no creo que tenga la calidad suficiente” sentaría un peligroso precedente de censura artística, inaceptable en una sociedad democrática. Por otra parte, adscribo a lo señalado por Mauricio Jurgensen sobre este tema en el diario La Tercera del sábado 3 de mayo: “La controversia por el arribo del guatemalteco a un espacio que, bien sabemos, está principalmente consagrado a la música docta, parece más un prejuicio contra su apellido y lo que acarrea -a su público, por lo pronto- que un intento serio por salvaguardar un prestigio programático que, según los mencionados “populares” que han antecedido al autor de Señora de las cuatro décadas, ya ha dado muestras de gran flexibilidad artística”. En otras palabras, todo esto podría explicarse más por clasismo que por sensibilidad artística. Más que ver a Arjona arriba del escenario del Municipal, lo que parece incomodar es que las fanáticas del guatemalteco posen sus populares asentaderas sobre los afelpados palcos del teatro.

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