Álvaro Henríquez: entre la espada y la pared

Lo que muchos temieron después del infausto show de Talagante se dio esta semana: Álvaro Henríquez, guitarrista y líder de Los Tres y Pettinellis, fue sometido a un urgente trasplante de hígado, del cual se está recuperando bien hasta ahora. La “buena vida”, la afición al alcohol y al carrete le pasaron la cuenta al músico penquista. Resulta inevitable pensar en las similitudes con la situación del otro gran héroe del rock chileno, Jorge González. En ambos casos, previo al anuncio público de sus enfermedades, hicieron shows penosos en los cuales se especuló fuertemente con que habían actuado drogados o alcoholizados. Sin embargo, a diferencia del líder de Los Prisioneros, cuya carrera musical quedó reducida a la mínima expresión, Henríquez tiene buenas perspectivas de poder retomar la música si se cuida. El caso del español Raphael, que mantiene una carrera vigente e intensa después de un trasplante de hígado, da esperanzas de lo anterior.

Ante la noticia, Henríquez sufrió el “pago de Chile”. Las redes sociales se plagaron de cuestionamientos respecto a diversos temas, como la supuesta “inconsecuencia” de un artista de izquierda que va a atenderse a la sumamente cuica y privada Clínica Las Condes; y en especial, el hecho de que haya accedido tan “rápidamente” a un trasplante de hígado. Aquí las posverdades surgieron como callampas: que por ser “famoso” le dieron prioridad, que porqué se le daba la opción a él habiendo gente que lleva más tiempo esperando; y la peor de todas: porqué se le da la posibilidad de trasplante a alguien que se autodestruyó el organismo por sus vicios. Esa misma crítica se hizo en su momento en Argentina cuando le trasplantaron los pulmones a Sandro, quien terminó sus días dependiente de un tubo de oxígeno debido a su adicción al tabaco. Los mismos médicos que operaron al músico señalaron que la decisión del trasplante se tomó siguiendo un riguroso protocolo, en el cual quedó establecido que Henríquez era el enfermo hepático más grave en Chile en condiciones de recibir ese órgano.

Por lo que logró y lo que representa, creo que Álvaro Henríquez no se merece ser basureado de esa manera. Se le puede criticar por ser “pesadito de sangre”, por cierta tendencia a la soberbia y por su incorrección política, pero hasta donde sé no ha cometido ningún delito grave que amerite el ser maltratado de esa manera. El penquista tiene un lugar muy bien ganado dentro de los grandes músicos que ha dado este país, y en el ámbito del rock le pelea el podio a Jorge González. Los Tres fue “la” banda de rock chilena de la última década del siglo pasado, y parte fundamental del soundtrack de esos días. Un verdadero “Dream Team” de cuatro músicos virtuosos que se juntaron y crearon mucha de la mejor música que se hizo en Chile en esa época. Lograron combinar como pocos la masividad y la excelencia artística, y marcaron una época con canciones como “La Espada y La Pared”, “Déjate Caer”, “La Primera Vez”, “La Torre de Babel”, “El Aval” y otras que ya son clásicos de la música nacional. Fueron la primera banda chilena en realizar un concierto “Unplugged” para la MTV, un gran logro pues esa era una instancia a la que solamente accedían artistas y bandas “de verdad”. Además, gracias a ellos Buddy Richard tuvo un revival importante luego del recordado cover de “Tu cariño se me va”.

Sin embargo, creo que el mayor legado de Los Tres no fue en el rock, sino que en el folklore. La banda penquista y Álvaro Henríquez en particular, fueron un factor decisivo para el resurgimiento de la cueca. Antes de que ellos tocaran las cuecas de Roberto Parra en el Unplugged y empezaran con la “Yein Fonda”, el llamado “baile nacional” era mal mirado en muchos círculos por estar ideológicamente asociado con la Dictadura, pues durante el gobierno militar se le dio mucha importancia y difusión. Los Tres le dieron visibilidad a la “cueca chora” o urbana, diferente a las más tradicionales y campesinas difundidas en los años 80 del siglo XX por Los Chacareros de Paine, el Dúo Rey Silva o Los Huasos Quincheros. Gracias a ellos, el “baile nacional” logró ganarse un lugar importante en las generaciones más jóvenes.

Álvaro Henríquez hizo muchas cosas interesantes fuera de su banda madre. Su grupo “Pettinellis” dejó una gran herencia con clásicos como “Hospital”, “Un Hombre Muerto en el Ring”, el recordado “Ch’ Bah Puta la Gueá” y la banda sonora de “Sexo con Amor”, quizás el mejor soundtrack de la historia del cine chileno. También recuerdo su breve paso como invitado de Los Prisioneros después de la abrupta salida de Claudio Narea, cuando en términos musicales “se devoró con zapatos” a González y Tapia, al punto que a la banda se le dio el apodo de “Los Prisionellis”. Las canciones nuevas de la banda de San Miguel de esa época, como “Concepción” y “En el Cementerio” parecían más de Los Tres que de ellos.

A pesar de tener la calidad para ello y de ser respetados artísticamente en el extranjero (por algo la banda mexicana Café Tacvba les dedicó un fantástico mini-álbum tributo llamado “Vale Callampa”), Los Tres nunca lograron entrar en las ligas mayores de la industria musical, como sí lo hizo La Ley y lo está haciendo Mon Laferte. En estos últimos años la banda giró demasiado a cuenta de su glorioso pasado. Nunca pudieron superar lo que hicieron antes de su primer receso, con su formación original con Francisco Molina en la batería. Si bien mantuvieron su calidad musical intacta, las canciones creadas después de su reunión no llegaron al nivel de las de su primera época. La salida del guitarrista Ángel Parra terminó por transformarlos en una muy buena “banda tributo” de sí mismos, con apenas dos integrantes históricos, Henríquez y Roberto “Titae” Lindl. El último show que hicieron en el Festival de Viña en el 2014, salvo una o dos canciones, se basó casi completamente en su trabajo de los años 90. Daba pena ver tan “aburguesados” a un grupo de músicos virtuosos y perfectamente capaces. Eso de girar a cuenta de las glorias del pasado se entiende para los cantantes y grupos de la Nueva Ola como “Los Ramblers”, pero no para tipos aún jóvenes y con potencial para sorprendernos con música nueva.

Henríquez estuvo entre la espada y pared, y me imagino que tendrá muchas cosas que replantearse en estos días. Si se cuida y se rodea de las personas correctas, Álvaro Henríquez tiene muchas posibilidades de recuperarse, retomar su carrera musical y regalarnos más de su talento y arte. A pesar que con lo que ha hecho ya se ha ganado un lugar entre los grandes de la música chilena, aún es joven y tiene mucho que aportar