A propósito de los millones de Luli: educación y ascenso social

El reportaje de Primer Plano acerca del gran pasar financiero de la farandulera Nicole Moreno, más conocida como Luli, lleva a preguntarse acerca de los caminos más efectivos y más legítimos para lograr el ansiado ascenso social. El caso de la rubia da para pensar: se forró en plata sin terminar el cuarto medio y sin ningún talento artístico particular, a punta de pura astucia.

Hace algunos meses escribí en este mismo medio un artículo llamado “¡Hey! ¡No subestimen a Luli!”, en el cual analicé el éxito financiero de la ex “gorda lechona”. El tema resurgió el viernes pasado en Primer Plano, donde se hizo un extenso reportaje a sus bienes materiales e inversiones: un descapotable; varios departamentos en sectores altos de Santiago; vacaciones pagadas en balnearios en toda latinoamérica; una colección de zapatos y carteras digna de Imelda Marcos, etc. Al parecer, sus años en programas de farándula, realities y eventos discotequeros le han rendido de gran manera. A la fecha no existen pruebas de que haya tenido “otra” fuente de ingresos, que no voy a nombrar pero que es implícita y hasta explícitamente insinuada por algunos de sus detractores en foros y redes sociales, quizás motivados por una mezcla de envidia y clasismo.

Su caso deja mucho en qué pensar. La periodista le hice notar que logró todo eso sin terminar cuarto medio. Luli admitió que el tema es un karma, una cuenta pendiente consigo misma., y agregó que “no era un ejemplo digno de imitar” Muchas de las burlas mediáticas que recibe apuntan a su educación incompleta. Lo de Luli me hizo recordar la caricatura de “malaimagen” que está al comenzar esta nota.

Durante muchos años nos han vendido el slogan de la educación como la única vía aceptable de “ascenso social” ¿Será tan cierto eso? Mucha gente del mismo origen social de Luli ingresa a la educación superior cada año; gran parte de ellos deben tomar un crédito para pagar los aranceles; y no pocos, incluso teniendo crédito, precisan de un trabajo adicional en un supermercado, en una tienda o en un call center para poder sobrevivir mientras estudian. Lamentablemente, no todos se titulan, y no todos los que se titulan ven que su inversión da frutos. Muchos quedan en el camino sin titularse, y además endeudados por el crédito; e incluso muchos de los titulados empiezan sus carreras laborales sin estabilidad y con la deuda del crédito a cuestas. Dado esto, la efectividad de la educación como vehículo de “ascenso social” resulta, cuando menos, dudosa, al punto que dedicarse al “faranduleo” aparece como una alternativa razonable para mucha gente. El caso de María José “Coté” López resulta sumamente significativo. En vez de motivarla a estudiar, sus padres le regalaron implantes de silicona a los 15 años y la impulsaron a dedicarse al modelaje televisivo y a los eventos discotequeros. Su historia es conocida: terminó casada con el futbolista Luis “Mago” Jiménez y forrada en plata ¿Habría logrado eso si se hubiera dedicado a estudiar?

En mis años como académico universitario me he dado cuenta que, si algo tienen gran parte de los estudiantes de hoy, más allá de su calidad académica, es que son pragmáticos a más no poder: salvo excepciones, no estudian por amor al arte ni para saciar su curiosidad intelectual, sino que para sacar la nota que les permita pasar la asignatura y así, posteriormente, terminar su carrera y trabajar para ganar dinero y hacer su vida. Dado esto, ¿cómo se puede motivar a estos chicos pragmáticos a que se quemen las pestañas estudiando si ven a alguien como “Luli” forrándose en plata a base de puros tongos, realities y eventos discotequeros?

En todo caso, Luli no es la primera persona en Chile que logra éxito y dinero sin educación completa. Abundan los casos de futbolistas de extracción humilde como Iván Zamorano, Arturo Vidal, Gary Medel y Alexis Sánchez; también existen muchos emprendedores como Constantino Kochifas y el “Conejo” Martínez; y también gente del ámbito artístico y musical como Don Francisco, Lucho Jara y María José Quintanilla. El tema es que en estos casos existía un talento artístico, deportivo o empresarial que fue explotado al máximo con sacrificio y esfuerzo. ¿Qué “talento” tiene la Luli? Aparentemente, ninguno de casino online los que uno esperaría. Solamente belleza, personalidad y, sobretodo, mucha astucia. Por otra parte, ¿resulta “justo” o “aceptable” que alguien sin talento aparente triunfe? Creo que sí, pues, más que la presencia o no talento, lo que se necesita para triunfar es hacer trabajar el talento que se tenga. Consideremos el caso de dos cantantes chilenos fallecidos: Nino García y Paolo Salvatore. Nino García fue un virtuoso de la música, tanto popular como docta, que sin embargo nunca logró traducir ese talento en un éxito musical que le redituara en lo económico. Terminó pobre, cantando en micros y pegándose un tiro en la sien en 1998; Paolo Salvatore, por el contrario, recibió constantes burlas durante su carrera por sus limitadas cualidades vocales. Sin embargo, supo manejar sus pocos recursos, y se especializó en canciones de verano, simples y alegres, con las que logró un mejor pasar artístico que muchos de sus colegas con más talento, llegando a ser un artista reconocido en Chile y España.

Más de alguno pensará que esto le durará mientras sea joven y bonita. Depende de cómo se maneje. Está el precedente de Raquel Argandoña, que tampoco tenía estudios superiores, hace mucho tiempo que dejó de ser joven y sin embargo siempre se las arregla para estar vigente, llegando incluso a ser alcaldesa. Con sus inversiones en bienes raíces, Luli está dando muestras de astucia e inteligencia. Como dije en el artículo anterior, nos vendió el papel de “rubia tonta” y se lo compramos entero, pero de tonta no tiene ninguno de sus blondos cabellos.

En un medio individualista, competitivo y clasista, donde te valorizan en función del apellido, la comuna de origen, el trabajo, los títulos académicos y la cuenta bancaria, lo de Luli es un ejemplo de que se puede lograr el anhelado “ascenso social” sin tener educación formal. Ahora, ¿nos gustaría que nuestros hijos se ganaran la vida de esa manera? ¿Es Luli un modelo edificante de “ascenso social”? Ella misma, a pesar de todo lo logrado, no se considera “un ejemplo a seguir” y le pesa en la conciencia el no tener educación media completa. El éxito de Luli habla muy bien de ella, pero lleva a cuestionarse en qué está la sociedad chilena, cuáles son nuestros valores y parámetros de éxito.

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