A propósito de la cruzada “anti-farándula” de Evelyn Matthei: libertad de expresión y contenidos culturales


Esta semana, dentro de las propuestas del “comando cultural” de la candidata Evelyn Matthei, se propuso limitar los contenidos de farándula en la TV abierta al horario para adultos. Lo que se busca con esta medida es salvaguardar a los niños y jóvenes de la nefasta influencia de los programación centrada en “los aspectos morbosos de la vida de los famosos”. La respuesta del mundo de la farándula no se hizo esperar, destacando la de la periodista Lucía López a “Mañaneros”: que la Evelyn primero restrinja sus garabatos en intervenciones públicas al horario prime y después conversamos.

En lo personal, me carga la farándula. Está tan omnipresente que uno igual termina hablando y opinando de ella, pero lamentablemente tiene más espacios de lo que corresponde. Además, el ambiente tóxico que existe dentro de ella resulta sumamente insano. Episodios como el lamentable caso de Daniel Valenzuela revela que ciertos sectores del periodismo de farándula parece regirse por códigos muy similares a los de la mafia siciliana: le sacan el jugo a cualquier noticia, real o inventada, sin importar si se destruyen personas y familias. En ese sentido, la propuesta del comando de Matthei busca sintonizar con una parte del electorado que está “hasta las masas” con esta orgía de banalidad que se aprecia en nuestra TV. Suena a una de esas típicas ideas “creativas” de Joaquín Lavín, actual generalísimo de la candidata del “garabato fácil”. Sin perjuicio de lo anterior, vale la pena preguntarse si el hecho de restringir los contenidos de farándula va a provocar necesariamente la mejora de contenidos en la TV y va a proteger a los niños y jóvenes.

De partida, llama la atención que desde la derecha, tan partidaria de la competencia y del libre mercado en otros ámbitos, se proponga una medida entendible en Cuba o en la Unión Soviética. Aunque parezca absurdo decirlo, a nadie lo están obligando a ver farándula en TV. Existen opciones para los que busquen otro tipo de contenidos, en la misma Tv abierta, la TV por cable e Internet. Lo que hay que preguntarse es porqué la gente escoge masivamente la farándula. Me atrevería a decir que la farándula es a la TV lo que la comida chatarra es a la gastronomía: tiene poco o ningún valor nutritivo, pero es sabrosa y altamente adictiva.

Por otra parte, los supuestos “beneficiados” de esta medida, que son los niños y jóvenes, no parecen estar muy interesados en la farándula. De hecho, no parecen estar interesados en la TV abierta. Ya se acabaron “Yingo” y “Calle 7”, los últimos programas “juveniles” que quedaban, cuyo público efectivo parecían no ser la juventud, sino que “viejos verdes” que echaban a volar su libidinosa imaginación al mirar a las minitas con poca ropa que aparecían en esos programas. Los niños y adolescentes actuales ven cada vez menos TV y consumen contenidos a través de sus PC, notebooks, Ipads y teléfonos inteligentes, medios en los cuales se manejan mucho mejor que sus padres. Si consideramos que los programas de farándula suben sus contenidos a Internet, ¿Qué se saca con restringir los horarios de transmisión si los adolescentes pueden ver esos contenidos a cualquier hora usando su notebook o su celular? Considerando este solo detalle se aprecia que los encargados de cultura de la Evelyn no parecen tener idea de la época en que están viviendo. La medida propuesta tendría sentido en un Chile sin Internet, ni redes sociales ni You Tube, pero resulta ridículamente arcaica y obsoleta en el Chile de inicios del Siglo XXI. Para que tuviera cierta efectividad tendrían que censurar también los contenidos de Internet, lo que además de inviable, resultaría impresentable en términos de imagen-país.

Por otra parte, el tema de la extensión cultural no se resuelve bloqueando el acceso a la incultura, sino que haciendo más atractiva y accesible la cultura a la gente. En ese sentido, programas como “Los 80”, “Los Archivos del Cardenal”, la serie “Héroes” y los diversos programas de reportajes sobre los 40 años del golpe han demostrado que se pueden ofrecer contenidos de alto valor cultural con gran rendimiento en cuanto a rating. Parece que todavía prevalece ese arcaico concepto de “televisión cultural” que la restringe a la música docta y las “bellas artes”. Es cosa de ver los canales culturales del cable como el 13C, Nat Geo, ARTV, los Discovery, Film&Arts o History, para darse cuenta que lo “cultural” es mucho más amplio y atractivo, donde caben programas como “El precio de la Historia”, “Restauradores”, “Overhaulin’”, “Mythbusters” y “City Tour”. Incluso programas como “Séptimo Vicio” y “Únicos” de Vía X se podrían considerar perfectamente como “programas culturales”.

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