A propósito de DJ Méndez: los faranduleros en política

Dentro unas primarias municipales marcada por un miserable 5% de participación, destacó la notable victoria de Leopoldo Méndez Alcayaga, más conocido como DJ Méndez, en la elección del candidato de la Nueva Mayoría a la alcaldía de Valparaíso. Con más del 56% de los votos, el rapero se impuso a sus rivales y se ganó el derecho de competir en las elecciones de Octubre próximo contra al actual alcalde Jorge Castro y contra el candidato del Pacto Urbano La Matriz, a definirse en primarias ciudadanas el próximo 3 de Julio.

Desde el momento en que se supo que Méndez se pretendía postular a Alcalde de Valparaíso, empezaron a surgir los troleos y burlas de aquellos a los que no les gusta la idea. Muchas de ellas están marcadas por el clasismo y los prejuicios: consideran inconcebible que un tipo con pinta de flaite, con el cuerpo lleno de tatuajes y proveniente del mundo artístico y la farándula tenga la osadía de presentarse como alcalde; otros cuestionan su falta de preparación educacional, que de hecho estuvo a punto de sacarlo de la carrera por el sillón alcaldicio al no poder acreditar con claridad el tener cuarto medio rendido; su falta de experiencia como administrador; el ponerse ropajes de candidato “ciudadano” siendo que tiene el apoyo oficial del PPD, partido severamente cuestionado por escándalos de boletas a SQM; sus propuestas cargadas al populismo efectista, como las de WiFi gratis, escaleras mecánicas y estudios de grabación en los cerros; y la extraña aparición del logo del polémico proyecto del Mall Barón en una conferencia de prensa suya.

Vamos por partes: el que sea “flaite” y “de pueblo” no parece ser impedimento para que pueda asumir el puesto de alcalde. El mismo Jorge “Negro” Castro dista de ser cuico, y está más bien dentro del ala “Pungueira” de la UDI; RN ha tenido alcaldes de ese tipo como el ex boxeador Antonio Garrido en Independencia y el pintoresco Luis Plaza en Cerro Navia; y el PPD tuvo al recordado René Alinco. Respecto a los estudios, hemos tenido alcaldes que, sin tener grandes estudios, han plasmado buenas gestiones que han sido premiadas con reelecciones sucesivas: el caso más significativo es el de la UDI Virginia Reginato, que obtuvo su licencia de educación media en condiciones bastante discutibles, pero que lleva 12 años en la alcaldía de Viña del Mar y no hay cómo sacarla de ahí. También están los casos de otro UDI, Iván Moreira, sin estudios y con pasado de animador de cabaret, y que ahora es senador; e Iván Fuentes, pescador y recordado líder del movimiento ciudadano de Puerto Aysén, que ahora es diputado y ha tenido un notable rol como voz del sentido común en el congreso. Por otra parte, han campeado los casos de personajes con sendos títulos universitarios y de posgrado, incluyendo doctorados en universidades estadounidenses, que fueron una máquina de mandarse embarradas, ya sea por negligencia, incompetencia o pura y simple corrupción. Un claro ejemplo es el del director del INE del gobierno de Piñera que organizó el desastroso censo del 2012, que antes de asumir ese puesto era Decano de Economía de una universidad privada.

También se cuestiona a DJ Méndez por “provenir del mundo del espectáculo y la farándula”. Ahí también hay ropa tendida y en todos los partidos: de ahí provinieron los diputados Ramón Farías (PPD), Ximena Vidal (PPD), Roberto Poblete (PS), Carmen Ibañez (ex-RN y ahora en Amplitud) y Andrea Molina (UDI), y los ministros de cultura Paulina Urrutia y Luciano Cruz-Coke. Además, han postulado a la cámara de diputados Patricia Maldonado, Patricio Laguna, Hotuiti Teao, Raquel Argandoña (que además fue alcaldesa) y Marisela Santibañez (“niña-símbolo” de las injusticias del sistema binominal al no ser elegida pese a obtener la primera mayoría en su distrito en las parlamentarias del 2013), y al senado Cristián García-Huidobro. Fueron concejales Carla Ochoa (que duró menos que un Candy), Luis Dimas y Claudio Reyes, y es CORE en Maipú Kathy Barriga, quien ahora se quiere presentar a alcaldesa en Maipú.

Teniendo en cargos con poder a gente como Gustavo Hasbún, Ena Von Baer, Fulvio Rossi. Jacqueline Van Ryselberghe e Iván Moreira, que en ocasiones rivaliza en estupidez con Junior Playboy, ¿qué diferencia habría con DJ Méndez y la Robotina Kathy Barriga? A muchos de nuestros “representantes” los temas importantes les quedan demasiado grandes. Basta recordar el conflicto estudiantil del 2011, cuando los entonces líderes del movimiento Camila Vallejo y Giorgio Jackson se “pasearon” en temas educacionales a los parlamentarios.

El desprestigio de la clase política, bien ganado ante el festival de embarradas y de acusaciones de corrupción que hemos conocido este último tiempo, ha llevado a que la gente empiece a considerar liderazgos desde fuera del ámbito político, y que a su vez los mismos partidos los busquen. Basta pensar que un porcentaje no menor de chilenos ve con buenos ojos la delirante idea que el empresario Leonardo Farkas sea presidente. Otro ejemplo de esto es Franco Parisi, quien logró una respetable votación en las presidenciales del 2013, y que de no ser por los poco académicos líos de faldas que tiene en Estados Unidos podría perfectamente ser opción el 2017. Marco Enriquez-Ominami sustentó sus campañas electorales en lo mediático, donde la presencia de su esposa Karen Doggenweiler ha jugado un rol esencial. Un caso aparte es el de Alejandro Guillier. El otrora periodista más creíble de Chile y ahora senador independiente está agarrando vuelo como candidato presidencial. Si bien le juega en contra su carencia de experiencia política, y que en condiciones normales sería más bien un “cheque a fecha” para las presidenciales del 2021, la falta de candidatos atractivos lo posicionan como la alternativa presidencial más presentable hasta la fecha para el 2017, aún a pesar de estar dentro de la Nueva Mayoría, y de que sería el candidato de continuidad del desastroso gobierno de Bachelet.

¿Cuál es el peligro de esto? Que el país termine en manos del primer populista encantador de serpientes que sea capaz de “motivar” a la gran masa que se niega a votar. El Kirchnerismo en Argentina, Evo Morales en Bolivia y el Chavismo en Venezuela son en gran parte responsabilidad de las respectivas clases políticas tradicionales de esos países, que fueron atrapadas por la negligencia y la corrupción, causaron la indignación en sus pueblos y terminaron abriéndoles el paso a los demagogos. Esos mismos motivos explican la llegada del comediante Jimmy Morales a la presidencia de Guatemala, y el inesperado auge de Donald Trump en Estados Unidos, que tiene al mundo temblando ante la perspectiva de su llegada a la Casa Blanca. El problema es que, una vez puestos en el poder, esos demagogos terminan estropeando más las cosas, tal como está sucediendo con el incompetente de Nicolás Maduro en Venezuela.

Lo de DJ Méndez es un pelo de la cola. Si los representantes de la clase política supuestamente “preparada” dicen estupideces, hacen gala de ignorancia y negligencia, se corrompen de manera flagrante y muestran poca o nula autocrítica, no resulta extraño que la opinión pública los desprecie y empiece a buscar liderazgos en otros lados. Como diría León Murillo, estaríamos dispuestos a votar por prostitutas, pues “si el gobierno nos va a coger, que sea alguien que sepa”.